Paradigm DSP-3100, Tecnología oculta
PARADIGMA CIENTÍFICO
- Este subwoofer esconde en su interior un procesador que permite adaptarlo perfectamente a la sala donde vaya instalado
- Precio: 660 €
- Valoración de los especialistas: 5
- Texto: Josep ARMENGOL
El Paradigm DSP-3100 es el menor de los subwoofer de Paradigm, pero cuando me tocó mover la caja en la que me llegó a casa ya vi que los 18 kg de peso neto que declara en la ficha técnica no son ninguna exageración. La caja en sí está construida en madera de alta densidad y se nota la maestría de Paradigm en fabricar altavoces (ver recuadro) porque es realmente inerte y no se notan resonancias de baja frecuencia golpeándola por ninguna de sus paredes. Su tamaño es relativamente compacto, algo estrecho, y no encajará mal en el entorno doméstico aunque también podremos instalarlo oculto.
La parte delantera la oculta una rejilla entera, fácilmente desmontable, tras la que nos encontramos al principal protagonista de todo subwoofer: el altavoz de graves propiamente dicho. En este caso es un 10 pulgadas (cono de 255 milímetros de diámetro), pero no es un altavoz cualquiera sino un driver desarrollado por ellos mismos bajo un pliego de condiciones muy exigente, optimizado para las frecuencias de un subwoofer. El motor que lo mueve está formado por una bobina de 55 mm que en realidad es doble y está compuesta por cuatro capas para maximizar su disipación de calor (es decir, la potencia que es capaz de aguantar). El campo magnético en el que se sumerge esta bobina lo genera un pesado y potente imán cerámico, y todo el sistema está sujeto por un bastidor en fundición (de nuevo pensado para disipar calor y aguantar elevadas potencias continuas).
En la parte delantera desembocan dos aberturas bass-réflex, también ocultas por la rejilla. Detrás está el panel de control, las conexiones y (por dentro) la amplificación. La verdad es que es muy sencillo: sólo dos entradas RCA (para una señal de línea estéreo o para las señales LFE de un procesador de cine), una entrada USB (para las mediciones y configuración del sistema interno de ecualización), la entrada de alimentación y tres botones de control: de nivel (o volumen), de frecuencia (donde se deja el corte, desde 35 hasta 150 Hz, o sin corte) y de fase relativa respecto de los altavoces principales (continuamente ajustable entre 0 y 180 grados). No hay más conexiones, ni mando a distancia, aunque tiene un sistema automático de apagado y encendido cuando detecta señal de audio en sus entradas. Por dentro de esta placa trasera está la electrónica, con una calidad superior a lo habitual en otros subwoofers, e incluye un amplificador dedicado en Clase D de 200W nominales (con fuente lineal, un transformador curiosamente) además de la sección de control de línea (los mandos externos) y el sistema de ecualización con un chip dedicado.
PRUEBA
Me hubiera gustado empezar esta parte del Laboratorio contándoles cómo funciona el sistema PBK de corrección de sala y ayuda a la instalación del subwoofer... pero éste no viene de serie en el DSP-3100 (el kit cuesta 300 euros) y no llegó a tiempo antes del cierre de esta edición, así que probé el Paradigm como si fuera un subwoofer ordinario en el sentido literal de la palabra; es decir, vamos a decir un subwoofer activo “no inteligente”. Y es que ahí radica la ventaja de ese sistema: en que aporta inteligencia para que su instalación sea menos problemática. Aunque a veces su complejidad haga creer que la acústica es una especie de magia, realmente es ciencia; es sólo cuestión de ser capaz de entenderla y aplicarla (tener conocimientos e instrumental de medida).
Usando métodos tradicionales, pues, primero probé el subwoofer en mi equipo estéreo, normalmente protagonizado por una pareja de monitores pero estas últimas semanas sustituido por la pareja de Audiovector SR6 que probamos el mes pasado. Como precisamente ya me tocaba retirarlas para embalarlas (todo lo bueno se acaba, señores) quise probar el Paradigm con ellas antes: si un subwoofer es capaz de aportar algo a una pareja de cajas con tan buena capacidad en graves... ¡sería un buen principio!
Así que tras colocarlo y dejarlo día y pico sonando para que rodara (me llegó nuevo a estrenar y cuanto mayor es un altavoz más rodaje necesita para soltarse), empecé por mi habitual disco de tonos para ver hasta dónde llegaba de verdad. La buena noticia es que el tono de 30 Hz aún se reproducía con contundencia (algunos subwoofers de precio muy superior a éste han fracasado con esa frecuencia, créanme), más abajo y hasta 20 Hz había respuesta pero muy perdida y posiblemente con demasiada distorsión. Menos me gustó que algunos tonos concretos (45 Hz por ejemplo) se reproducían con ruidos apreciables tanto del altavoz como de las salidas réflex, algo poco común y debido, entiendo, a una coincidencia con frecuencias de sintonización internas (el tono de prueba es una señal sinusoidal pura, no música).
Luego hice unas primeras pruebas con las Audiovector, conectando el subwoofer a la salida del mismo previo que atacaba la etapa que las alimentaba y recortando al máximo con el filtro: 35 Hz, las Audiovector SR6 no necesitan más ayuda en grave que ésa... y ni siquiera... Tras ajustar el volumen con delicadeza hasta ese punto perfecto en que parece que el subwoofer no está, pero que si lo apagamos es obvio que hemos perdido algo... Ahí llegó la sorpresa: pese a la capacidad de las SR6 de bajar hasta octavas bajísimas el Paradigm estaba aportando “algo”. Además de mayor impacto en baterías, había más cuerpo en contrabajos y la escena sonora ganaba ligeramente en profundidad y presencia, todos ellos efectos habituales cuando se añade un subwoofer a un equipo estéreo y se ajusta bien. Probando a desconectar uno y otras, me sorprendió la capacidad de mimetismo del Paradigm: sus notas no parecían menos precisas que las de los altavoces.
La segunda prueba, en el mismo ambiente, la llevé a cabo con monitores, mi pareja de Merlin TSM (caja cerrada con un woofer relativamente pequeño). El grave tan diferente de estas cajas, superpreciso y rapidísimo pero algo tímido, era más difícil de seguir por parte del Paradigm, que sin embargo sí aportaba a la reproducción una base muy buena para la escena sonora. No sería el que me quedaría para este equipo, pero no era desagradable.
La hora de la verdad llega al subir el subwoofer al equipo de cine, lógicamente, pues la mayoría lo usará para eso. Afortunadamente en mi caso conozco bastante bien la acústica de mi salón y por tanto sé dónde conviene colocar un subwoofer y qué zonas es mejor evitar para no tener problemas de graves. Una vez conectado, el ajuste que más me gustó fue con el filtro abierto (desactivado, es decir a tope) y el volumen en la zona media, aunque eso me obligó a subir ligeramente el nivel en el procesador para igualarlo a los demás altavoces del equipo. Pero si subía más el volumen en el propio subwoofer, me aparecía un ligero zumbido de fondo al que soy muy alérgico... En este equipo rara vez existe ese problema, y debo decir en su defensa que el subwoofer Paradigm es muy silencioso en sí mismo (los hay que no), así que tendré que averiguar por dónde se colaba ese leve ruido.
Había visto pocos días atrás la nueva versión del clásico “Tron” (mejor dicho, su segunda parte, “Tron Legacy”) con mi equipo habitual, es decir; un B&W ASW855 con su tremendo 15 pulgadas, y me dejó muy impresionado la banda sonora de esta película tan llena de efectos y aprovechando tan bien no sólo los efectos laterales y traseros sino desde luego el canal “.1” del subwoofer (si no la tienen se la recomiendo aunque sólo sea para impresionar, o impresionarse, porque de veras que uno no queda impasible...). Pues bien, con ese recuerdo impresionante me dispuse a verla con el Paradigm y éste me sorprendió con un nivel de impresiones que poco tenía que envidiar a mi referencia. Luego vino un repaso a las escenas habituales para estas pruebas: los Yeti y la avalancha de “La Momia 3”, el baile de tambores de “La casa de las dagas voladoras”, la tercera parte de “La Guerra de las Galaxias”... El Paradigm siempre estuvo muy bien y nunca hizo en la práctica aquellos ruidos que comenté en la prueba de tonos sintéticos.
CONCLUSIÓN
Me quedo con ganas de saber cuánto podría mejorar usando el sistema interno PBK de ecualización. En cierta forma, sólo he podido probar “medio” subwoofer debido a esto, porque estoy seguro de que no sólo podría reforzar el impacto del grave sino sobre todo hacerlo aún mejor integrado y transparente, más rápido y ágil al evitar las interferencias de la sala. Aún así el Paradigm se lleva una buena nota, y viendo en el catálogo que éste es el menor de todos me entran unas ganas tremendas de probar uno de los grandes, esos sí usando su ecualización interna de forma necesaria.
NOS GUSTA
Buen impacto para su tamaño, recomendable en cine.
Respuesta en graves muy buena hasta 30 Hz.
Muy silencioso, puesta en marcha automática.
Excelentes posibilidades de configuración con el micrófono y software de la casa (aparte).
MEJORABLE
Podría incluir el micro y programa de medición y calibración.
Conectividad más completa.
Mando a distancia
PARADIGMA CIENTÍFICO
Paradigm es “la” marca de Alta Fidelidad canadiense, con más de un cuarto de siglo de historia y que gracias al éxito de sus altavoces ha formado un grupo industrial que comprende las electrónicas Anthem (recientemente hemos probado un receptor de la gama) o la mítica marca Sonic Frontiers. Una pieza clave está curiosamente en la ayuda que la empresa ha obtenido del gobierno canadiense, gracias a unos acuerdos que se iniciaron en su día a nivel casi experimental con una universidad pero que han dado muchos frutos gracias al NRC (Consejo Nacional de Investigación Canadiense). Precisamente teniendo en cuenta las investigaciones en acústica desarrolladas por dicha entidad se diseñan muchos de los altavoces de la casa, y gracias a esos conocimientos funciona el sistema de corrección acústica y ecualización de sala de los receptores Anthem.
Se preguntarán a qué viene todo esto en una prueba de un subwoofer. Pues bien, los subwoofers de Paradigm son mucho más que una “caja tonta” con un altavoz de graves y un amplificador, ya que en su interior ocultan un procesador muy similar al de sus receptores para conseguir adaptar perfectamente su respuesta a la sala donde vaya instalado, con la ayuda de un micrófono y un programa disponibles opcionalmente. Como la marca declara en su manual, incluso los mejores altavoces del mundo colocados perfectamente están sujetos a los efectos que la sala, como otra fuente musical adicional, tendrá en el sonido que emane de ellos.
La gama de subwoofers de Paradigm es muy grande y abarca desde los tres modelos de la gama DSP, cuyo punto de entrada (el más barato, vamos) es el 3100 que analizamos este mes, hasta auténticas bestias como los UltraCube o las series Reference. Todos incluyen la tecnología PBK (Paradigm Perfect Bass Kit) de ecualización que hemos descrito, aunque sólo los más altos de gama traen en la caja el micrófono especial de mediciones.
Paradigm DSP-3100, Tecnología oculta
Ficha técnica
Altavoz dedicado de subgraves activo en recinto bass-réflex con dos puertos frontales.
Altavoz activo: 10 pulgadas tipo CAP, con imán cerámico, bobina dual de 50 mm de diámetro y chasis en fundición. Entradas de línea (RCA estéreo).
Conexión USB para usarlo con el kit PBK (Paradigm Perfect Bass Kit).
Regulación de nivel por potenciómetro, regulación de fase continua entre 0 a 180 grados, y filtro regulable desde 35 Hz hasta 150 Hz más bypass, con enclavamiento en 80 Hz.
Respuesta en frecuencia mínima 24 Hz DIN (punto -3dB medido en la sala). Amplificador integrado de 200W RMS (picos dinámicos hasta 600W). Dimensiones 311 x 413 x 425 mm.
Peso neto 18’2 kg.
DISTRIBUYE Stil Son (963423465)
Precio: 660 €
