Sonus Faber Cremona Subwoofer M, Ágil y musical
INTEGRACIÓN
- La discreta apariencia del Cremona SUB esconde una tremenda capacidad de emoción: hay un antes y un después del día que instalamos un subwoofer activo en nuestro cine en casa
- Precio: 3210 €
- Valoración de los especialistas: 5
- Texto: Josep ARMENGOL
Seguramente, no haya ninguna necesidad de presentar un fabricante como Sonus Faber, pero allá vamos. De origen italiano, ubicado actualmente en una moderna fábrica en Vicenza, su creador fue Franco Serblin en 1983 y su especialidad son los altavoces, los cuales no sólo ofrecen un sonido para algunos sin igual, sino una estética en la que hay unanimidad: son los más bonitos del mercado gracias al hábil uso de maderas de calidad, piel y por supuesto una buena dosis de diseño italiano clásico. Como instrumentos musicales.
Hasta hace pocos años, Sonus Faber se había centrado en la producción de parejas de cajas, es decir, en modelos para la escucha musical estéreo. Pero el auge del cine en casa les llevó a completar su gama de altavoces con modelos dedicados al canal central y a los posteriores o surround, y por supuesto también empezaron a fabricar activos de subgraves, o subwoofer, como el que este mes traemos a nuestras páginas.
CÓMO ES
Dentro de la completa gama de Sonus Faber la serie Cremona es la segunda más alta después de la lujosa Homage, pero cuando pensamos en un conjunto de cajas para usar en un equipo de cine será la Cremona la más alta disponible ya que en la Homage sólo dispone de altavoces dedicados a los dos canales estéreo. El Cremona Subwoofer M protagonista de nuestro Laboratorio será la elección de quienes puedan permitirse un equipo completo de esta gama: es un subwoofer de tamaño relativamente contenido pero peso muy notable, forma ligeramente piramidal, que incluye un amplificador en clase D de 400W y un altavoz de 300 mm de diámetro. En lugar de usar un recinto abierto o bass-reflex, Sonus Faber apuesta por uno cerrado, pero contando en este caso con dos radiadores pasivos también de 300 mm. Esos dos altavoces, montados laterales al principal, no están conectados a ningún amplificador pero sus movimientos compensan y acompañan los de éste, permitiendo extender la respuesta en frecuencia hacia las octavas más bajas como haría un recinto abierto pero de forma más lineal, sin irregularidades. Más abajo, en la gama Domus, Sonus Faber tiene el subwoofer activo Gravis: también utiliza un altavoz de 300 mm en un recinto cerrado, en su caso cargado con otro (pasivo) de 260mm; su amplificador es de 200W.
En el panel trasero están las conexiones, con entrada tanto de línea (allí conectaremos la salida de nuestro receptor o procesador de audio/vídeo) como de altavoces (donde uniríamos en paralelo unos altavoces con poca capacidad de graves en un montaje estéreo por ejemplo). Sólo disponemos de tres controles: un interruptor para la fase (0 o 180), un potenciómetro de volumen y un conmutador con varias posiciones para el filtro, desde 50 a 80 Hz. La elección de 50Hz se nos antoja algo alta como mínima, pero lo cierto es que tanto el central Cremona Center como las Auditor M tienen una respuesta en frecuencia que llega hasta 50Hz, de ahí posiblemente que el selector de nuestro Cremona Sub no tenga alguna opción más abajo, que vendría bien para integrarlo con altavoces capaces de bajar más. Las Cremona M, sin ir más lejos, ya se declaran capaces de 40Hz y las impresionantes Elipsa llegan a 35Hz, según el propio fabricante.
Puestos a pedir, echamos de menos –sobre todo por el precio- un mando a distancia (siempre es útil poder regular fácilmente el volumen del subwoofer en función de la película) y más posibilidades a la hora de elegir el corte de frecuencia, como en los británicos Rel, por ejemplo, que son el paradigma en este sentido permitiendo empezar desde tan abajo como 20 Hz y subiendo con precisión hasta encontrar el punto óptimo de mezcla con el resto de nuestro equipo. Tampoco hay ningún modo standby (automático o no): con el interruptor trasero decidimos si nuestro Cremona Subwoofer M está apagado o encendido permanentemente.
PRUEBA
Conecté este subwoofer a un equipo auxiliar en mi sótano y, tras comprobar que funcionaba correctamente, lo dejé unos días con algunas pistas musicales y de efectos. Los altavoces necesitan rodaje más que ningún otro componente de un equipo, y en este caso tenemos un recinto con tres conos en movimiento (el activo más los dos pasivos) así que, aunque parecía que mi unidad ya había pasado por algún salón o prueba previa, preferí asegurarme de poder analizarla dando todo su potencial. El caso es que, aun estando en el sótano y recubierto con algunas protecciones, a veces daba la sensación dos plantas más arriba en la casa que pasaba un camión de gran tonelaje por la calle, algo prometedor de cara a las futuras pruebas, desde luego.
Tras este rodaje llegó la hora de subirlo al salón para instalarlo en el equipo principal. Dicho y hecho, aunque le recomiendo al lector eventualmente interesado en este pequeño desconfiar de su tamaño y buscar ayuda para trasladarlo, porque esos 35 y pico kilos me van a pasar factura con mi fisioterapeuta… Después de un par de pruebas y mediciones, lo coloqué entre mis cajas principales, en fase, con el volumen a medio mando y desde luego el filtro en lo más alto (80 HZ) ya que así tenía configurado el receptor.
Dado que la mayoría de posibles compradores de este Sonus Faber lo destinarán a un equipo de cine, inicié mis pruebas en ese modo con varias escenas de grave abundante. Apenas tuve que retocar el nivel en la primera, y luego ya lo habitual en cada cambio de película (son bien sabidas las desigualdades que existen entre bandas sonoras), y quedé convencido enseguida. Empecé por la ya famosa escena del baile de los tambores de La Casa de las Dagas Voladoras. Los golpes de las habas con la piel de los timbales verticales se escuchaban y apreciaban con precisión, y cuando el protagonista las lanza todas no me sumergía en una nube imprecisa de ruido y distorsión, sino que se podían escuchar separadamente los impactos y resonancias. Esa misma exactitud, limpieza y agilidad se repitió en cada prueba, acompañadas cuando hacía falta de ese grave de baja frecuencia que da presencia a ciertos efectos y sin los cuales la misma escena pierde mucha emoción, aunque en este sentido estaba echando de menos todavía algo más de subgrave (enseguida vemos por qué), por ejemplo, en Hellboy 2.
La música siempre ayuda a apreciar la calidad de un equipo aunque éste se dedique a bandas sonoras repletas de efectos, y para apreciar un subwoofer nada como algunas pistas de jazz o clásica con un buen contrabajo. Ray Brown y Yo-Yo Ma fueron, respectivamente, los encargados de poner a prueba este subwoofer procedente de una marca tan experta en altavoces muy musicales como es Sonus Faber, y como no podía ser de otra forma el Cremona estuvo a la altura, permitiendo seguir la articulación de notas ya fueran éstas creadas con los dedos o un arco. Aquí, además de rapidez, estamos apreciando ausencia de distorsiones. En este sentido, este Cremona me ha recordado bastante a los británicos Rel, subwoofer muy musicales, capaces de seguir con suficiente rapidez las notas de un contrabajo (o los disparos y explosiones de una escena violenta en cine), aunque les falte a algunos (como el Storm que tuve tiempo atrás) esa última pegada capaz de dejarle a uno estremecido en según qué escenas. El Cremona Subwoofer es igual de ágil a la hora de articular sonidos rápidos, pero mejora a aquel Rel en que tiene suficiente impacto como para emocionarnos cuanto haga falta viendo cine.
Pero no es perfecto: le falta, siendo lo exigentes que pienso debemos ser con un artículo de este precio, más extensión hacia abajo. Es una sensación que enseguida tuve viendo varias de mis escenas ruidosas favoritas, pero es algo que un sencillo CD con tonos de diferentes frecuencias grabados nos revela enseguida. Así, si vamos bajando de 5 en 5 Hz, apreciaremos muy notablemente su presencia a 40 Hz lo mismo que a 35 Hz, pero el tono de 30 Hz ya apenas es perceptible ni mueve la aguja del sonómetro que tenemos a mano como referencia (con estas frecuencias el oído a veces engaña) y el de 25 Hz pasa totalmente desapercibido (y así hacia más abajo). Alguno de ustedes se sorprenderá porque tal vez nunca haya llegado tan abajo, pero debo confesarles que tengo mi «as» en la manga, mejor dicho en el salón: mi B&W ASW855 monta el driver de 15 pulgadas de las 801D con una etapa de 1kW y con él las pistas de 25, 20, 15 y ¡10! Hz no sólo mueven la aguja del sonómetro sino los muebles y puertas de la casa…
CONCLUSIÓN
Al final siempre hay un compromiso, y en este Cremona Sonus Faber ha elegido -en mi opinión, sabiamente- el camino de ofrecernos un subwoofer ágil y musical, antes que un simple generador de ruidos capaz de llegar muy abajo (de esos hay bastantes por precios muy asequibles, pero si viéramos sus cifras de distorsión se nos cambiaría la cara). Por su construcción, de caja cerrada aunque usando dos altavoces pasivos (del mismo tamaño, 300 mm, que el activo), es algo que podíamos esperar y así ha sido.
Al contrario que el resto de su gama, su estética es discreta (nada de maderas exóticas a la vista) y eso puede facilitar su integración en un sistema dotado de otros altavoces, es decir, podemos recomendarlo no sólo para equipos Sonus Faber. Apenas llama la atención a la vista, y bien instalado tampoco lo hará al oído: hará su trabajo, completando por abajo aquellos altavoces que no sean capaces de llenar esas primeras octavas y dándonos la emoción que requieren las escenas con efectos sonoros, en ambos casos sin resultar nada cansado ni agobiante gracias a su rapidez y limpieza.
INTEGRACIÓN
Cuando añadimos un subwoofer a un equipo, o lo montamos con él presente, debemos tener cuidado con los solapamientos. Si no lo hacemos, habrá frecuencias (graves) en las que tendremos mucha aportación tanto de los altavoces como del subwoofer, y ese exceso de graves puede además sumarse a las resonancias propias de nuestra sala y convertirse en un dolor de cabeza (nunca mejor dicho, porque posiblemente ése sea el efecto tras unos minutos de escucha). La idea es que no haya nunca duplicidad: los altavoces bajan hasta cierta frecuencia, y a partir de ahí (para abajo) toma el testigo el subwoofer. La excepción pueden ser los frontales, en ocasiones capaces de dar buen grave (sus graves no serán entonces redirigidos al subwoofer y no se duplicarán).
La variedad de equipos y salas obliga a analizar cada caso en detalle, pero hay unas normas previas que debemos seguir siempre para ir aislando problemas. Lo primero es comprobar cuál es la frecuencia más baja que puede reproducir cada altavoz de nuestro conjunto, anotar la más alta (es decir, del altavoz que dé menos graves o más pequeño) y dejar el corte del subwoofer en esa frecuencia, o algo por encima, por ejemplo, 80 Hz si hemos visto que llegaban a 55 o 60 Hz. Ya en la configuración del receptor, haremos lo propio: los altavoces capaces de bajar de 40 Hz serán grandes o full-range, y los demás, pequeños de forma que los graves que contenga la banda sonora para esos altavoces serán redirigidos al subwoofer.
Para todo esto debemos recordar que los actuales sistemas de auto calibrado de la mayoría de receptores audiovisuales son una gran ayuda, ya que miden la respuesta real de cada altavoz, subwoofer incluido, y deciden aplicar los cortes en las frecuencias óptimas (medidas además en nuestra propia sala, que tiene mucha influencia en esto por la colocación de las cajas). En general, esa medida deberá ser nuestro primer paso antes de analizar si nos conviene modificar lo que el propio aparato nos propone.
Para integrar este Cremona Subwoofer en un equipo estéreo (con dos monitores, por ejemplo) hay otro camino: conectaremos cables de altavoz desde éstos (o el amplificador) hacia los bornes del panel trasero. Entonces habrá que poner el filtro en lo más bajo (50Hz) y probar con varias pistas musicales a ajustar el volumen para que acompañe, sin exceso, a esos monitores. Salvo que sean muy pequeños (capaces de muy poco grave) seguramente el ajuste en 50 Hz valdrá si no podemos ir subiendo gradualmente hasta los 80 Hz (donde dudo mucho, salvo que usemos altavoces muy pequeños, que lleguemos). Sabremos que el ajuste es bueno cuando parezca no haber intervención del subwoofer, pero sí lo echemos de menos al desconectarlo. Cuando lo notamos mucho, mala señal.
Sonus Faber Cremona Subwoofer M, Ágil y musical
Ficha técnica
ALTAVOZ PRINCIPAL 300 mm de diámetro, cono de papel endurecido; radiadores pasivos: 300 mm. PREVIO entradas de línea (RCA estéreo) o altavoz (bornes estéreo), regulación de nivel por potenciómetro e interruptor de fase con dos posiciones (0 o 180 grados); filtro de 24dB/octava, seleccionable en 50 a 80 Hz (6 pasos), filtro subsónico a 19Hz; protección en tres etapas. AMPLIFICADOR clase D, 400W bajo 4ohm. DIMENSIONES 490 x 480 x 480 mm. PESO 35,5 Kg. DISTRIBUYE Sarte (963510798).
Precio: 3210 €
