Wharfedale Diamond 10.5, Diamante en bruto
¿POR QUÉ DIAMOND?
- Dinámica, pegada, una buena, precisa y contenida respuesta en graves y una presencia rotunda, musical y compacta
- Precio: 495 €
- Valoración de los especialistas: 5
- Texto: Fernando DE LA FUENTE
El fabricante de origen británico Wharfedale siempre ha destacado por mantener una excelente relación entre calidad y precio, y por tener una amplia gama de productos que le hagan accesible a todo tipo de público. Es por ello que se ha convertido en una marca “de entrada” al mundillo de la alta fidelidad y el cine en casa para muchos aficionados recién llegados a esta maravillosa afición.
Siguiendo esa premisa, lanzaron al mercado la serie Diamond 10, una amplísima gama que está compuesta por los monitores 10.0, 10.1 y 10.2; las columnas 10.3, 10.4, 10.5, 10.6 y 10.7; las cajas de efectos 10.DFS y 10.SR; los canales centrales 10CC, 10CS y 10CM y, por último, tres subwoofers: los modelos 10 SX SUB, 10 MX SUB y 10 GX SUB. Es su rango básico y de acceso al universo Wharfedale, que se completa con las series Evo Signature, Onyx, Amber, Achromatic, Vardus y las impresionantes Airedale.
De entre toda esta cantidad de productos, el Diamond 10.5 se ha convertido en un éxito de ventas y es el modelo al que vamos a dedicar este Laboratorio.
En términos de configuración, hablamos de unas columnas de tres vías. Están formadas por tres transductores: uno de graves de 165 mm, otro de medios de 50 mm y por último un tweeter de 25 mm. Están integrados en un panel negro piano que contribuye a dotar de cierta elegancia a nuestras invitadas, además de proporcionar estabilidad y reducir las vibraciones. En la parte trasera, podemos ver un puerto bass-reflex y los bornes chapados en oro y preparados para bicableado con puente. Es reseñable la frecuencia cada vez mayor con la que los fabricantes sitúan los bornes en disposición diagonal, cosa que los que estamos todo el día manejando cables valoramos mucho, y a buen seguro el aficionado también. El diseño es muy clásico, y lo más destacable es la cantidad de acabados disponibles: hasta siete diferentes, todos en tonos madera. Eso facilitará mucho la integración en cualquier sala. También encontramos las formas curvas en el gabinete para evitar líneas paralelas. Ése era un aspecto que ya estaba presente en la gama anterior, la Diamond 9, pero en la nueva serie 10 se ha efectuado un nuevo método de curvar los paneles con el objetivo de obtener una mayor rigidez del recinto y evitar las resonancias. Asimismo, cuentan con puntas de desacoplo, aunque se pueden situar directamente sobre el suelo. En nuestro caso, trabajamos sobre moqueta con buenos resultados.
A PRUEBA
Conecté las cajas a un equipo compuesto por un amplificador Marantz PM7003 y un lector NAD C545BEE. Todo ello, cableado por Van den Hul.
Dadas las impresiones que me habían provocado sus hermanas mayores, las Opus2 2 (CEC Nº 67), me decanté por empezar con música popular, algo que no suelo hacer habitualmente. Comencé con Bruce Springsteen, que pone de manifiesto todas las virtudes de estas cajas: dinámica, pegada, una buena, precisa y contenida respuesta en graves y una presencia rotunda, musical y compacta. El sonido resulta muy completo y rotundo. Sin embargo, a presión sonora elevada (aproximadamente, a partir de -25 dB), la música tendía a amontonarse y los instrumentos, a difuminarse, emborronando la escena sonora, muy eficaz hasta entonces. Además, ofrecen una excelente sensación de espacialidad, facilitando también la direccionalidad. De esta manera, por un lado, se hace más sencilla la colocación de las cajas y por otro, podemos disfrutar de una buena calidad de sonido desde cualquier ubicación del oyente. Lo cierto es que la escucha del Boss a un volumen razonable resultó realmente espectacular, gracias a los ya mencionados graves y unos soberbios tonos medios. También los agudos cumplían su función, aunque tuve la impresión de que estaban algo “cortados” por arriba (24 kHz es una cifra correcta de respuesta en frecuencia, pero no escandalosa), sacrificando parte de la musicalidad por una mayor pegada, ganando así en equilibrio.
Asimismo, mostraron ser unas cajas poco exigentes en lo que se refiere a la entrega de corriente y la amplificación, gracias a su impedancia de 6 Ohm, ya que su sensibilidad es de 86 dB. Eso permite que el amplificador funcione holgadamente.
Cambiando radicalmente de estilo, me fui a W.A. Mozart con “El rapto del serrallo” en versión de John Eliot Gardiner para Archiv. Aparte de la armonía habitual del genio austríaco, ofrece unos ritmos orientales, debido a su temática, que resultan muy útiles para un Laboratorio.
En esta ópera, las Wharfedale mostraron a la vez sus intenciones, virtudes y limitaciones. La intención es, sin duda, la de ser unas cajas versátiles, accesibles para todos los públicos y que por encima de todo resulten equilibradas. Sus cualidades son que consiguen su objetivo, sin duda. Y las limitaciones es que en ninguno de los aspectos comentados se alcanza el nivel de excelencia.
En piezas de música clásica, demuestran su vocación rockera y se echa de menos algo más de musicalidad, transparencia y nivel de detalle. Sin embargo, sus virtudes siguen presentes y podemos seguir disfrutando de una buena pegada y una amplia escena sonora. Más trabajo nos cuesta la localización instrumental, más precisa cuando hay un instrumento solista, y se puede percibir una pequeña tendencia al emborronamiento. También falta algo de sutileza en voces tan complejas como la de la soprano Luba Orgonasova en las arias de la opera mozartiana, que resulta algo plana.
Soy consciente de haber sometido a las Diamond 10.5 a una prueba muy dura en territorio hostil, pero quiero dejar muy claro que nuestras invitadas cumplen con su cometido, sobre todo con un precio inferior a los 600 €, un segmento económico donde es muy difícil encontrar columnas que directamente no atenten contra nuestros oídos.
Cuando volví a su hábitat natural, por ejemplo, con The Waterboys, “The whole of the moon” ofrece un resultado espléndido. Natural, directo, cómodo y sencillo. Sin complicaciones de ningún tipo. Aquí es donde ofrecen su máximo potencial y podemos exprimirlas como un limón. Las mismas sensaciones transmite “Fisherman´s blues” y “A man is in love”, con solos de flauta y violín naturales y, dicho de una manera muy coloquial, “bonitos”. Las Wharfedale pueden tener ciertas carencias y limitaciones en un análisis sesudo, pero no duden que van a encontrar muchas horas de placer y a poder disfrutar largamente con ellas.
También se manejan con soltura en pasajes de jazz vocal o cercanos al soul, como el soberbio último trabajo de Corinne Bailey Rae The sea. Es una producción muy cuidada, en la que se potencia de un modo especial la sugerente voz de la cantante. En este caso, a diferencia de lo que sucede en el registro operístico comentado previamente, la voz resulta más rica y aporta matices que no había encontrado, o mejor dicho, me había costado mucho trabajo hacerlo antes. Resulta evidente que exigiendo el máximo de los altavoces (tuttis, crescendos…) van a ser capaces de reproducirlo, pero van a sufrir. Con piezas que tengan pocos instrumentos o música popular (entendiendo como tal rock, pop, etc.), van a entregar todo lo que tienen.
CONCLUSIÓN
En resumen y a modo de conclusión, me parecen unas excelentes cajas de entrada en el mundo de la alta fidelidad, por numerosos motivos. El primero de ellos es la extraordinaria relación entre calidad y precio que siempre acredita Wharfedale y que aquí se pone una vez más de manifiesto. Es muy complicado encontrar unas columnas de tres vías por menos de 600 € que ofrezcan un rendimiento como éstas, que están por debajo de 500 €. Existe una legión de demandantes de este tipo de productos a los que les van a permitir acceder a un equipo de buena calidad sin que afecte mucho al bolsillo. No me atrevo a calificarlo de “compra compulsiva” (en términos de electrónica se suele aplicar a menos de 200 €, en audio se tiene como estándar algo más), pero se acerca mucho. Además, lo que resulta más importante, ninguno de esos potenciales clientes se va a sentir defraudado, por lo honestas que son.
NOS GUSTA
- Relación entre calidad y precio.
- Comodidad sonora y facilidad de emplazamiento.
MEJORABLE
- Tendencia al emborronamiento con mucha presión sonora.
- Falta de matices en piezas complejas.
Toni Monsalve Vegas, Director de CPP2000.
Coincidimos plenamente con el análisis realizado. Excelentes cajas que cumplen con una norma de la marca: acercar la alta fidelidad a un grupo de no iniciados a unos precios realmente atractivos.
¿POR QUÉ DIAMOND?
Aunque muchas veces las gamas o rangos de productos tienen un nombre completamente aleatorio o establecido por el correspondiente departamento de marketing, no es éste el caso de la serie Diamond. El motivo es una amplia pestaña que soporta el chasis de los transductores de medios y graves, asegurada por seis tornillos. Todo está protegido por un molde en forma de diamante que rodea todo el cono de Kevlar, y que podemos observar retirando la rejilla protectora. De esa manera, se consiguen unos agudos más nítidos y se simplifica la cohesión sonora entre el tweeter y los transductores de medias y bajas frecuencias, siempre según el criterio de Wharfedale.
Wharfedale Diamond 10.5, Diamante en bruto
Ficha técnica
AMPLIFICACIÓN RECOMENDADA 20-120w. IMPEDANCIA NOMINAL 6 Ohmios. SENSIBILIDAD 86 dB. RESPUESTA EN FRECUENCIA 35 Hz – 24 kHz. DIMENSIONES 850 x 223 x 301 mm. PESO 14,3 Kg. DISTRIBUYE CPP2000 (935861730).
Precio: 495 €
