Pioneer LX-81, Oro negro
CORRECCIÓN ACÚSTICA DE LA SALA
- Esta máquina no es sólo un receptor AV, es todo un procesador-corrector que transfigurará nuestro salón
- Precio: 2100 €
- Valoración de los especialistas: 5
- Texto: Josep ARMENGOL
Aunque no creo que nadie de este planeta desconozca los productos visuales de Pioneer y su calidad, sí habrá quien no asimile la marca al apartado audio del cine en casa. Pero eso no significa que no haya tenido material de primerísima fila, ni que haya marcado algunos hitos. Sería injusto no nombrar aquí el soberbio AX10, un amplificador audiovisual de principios de este siglo que no sólo representó una revolución por su calidad como amplificador tal cual que hasta entonces era prácticamente desconocida en este segmento, sino que marcó un antes y un después al ofrecer el primer sistema de autocalibrado para facilitar la vida a los aficionados ante la cada vez mayor complejidad de los equipos de cine en casa, el ya famoso MCACC que además está avalado por los AIR Studios británicos, que no sólo mide distancias o niveles de cajas, sino que mejora la acústica de la sala. Y ahí está la clave: las primeras versiones se limitaban a ecualizar el sonido, que no es precisamente poco (si se hace bien), pero en su versión actual el sistema va mucho más allá y, además de haber perfeccionado la ecualización, incluye la eliminación de modos resonantes y el control de la fase en función de la frecuencia (más detalles sobre lo que significa esto y cómo se consigue, en recuadro aparte). De hecho, podemos acceder a menús que nos dan información detallada del análisis de la sala, y si la visualización del aparato no nos basta podemos acceder a esos datos con todo detalle a través de un programa para ordenador (gratuito) conectándolo al Pioneer por su puerto serie.
La otra revolución que aporta el Pioneer LX-81 al cine en casa es la llegada (parece que esta vez definitiva, tras alguna aparición anterior algo tímida o con poco éxito) de la amplificación digital o mejor dicho -porque realmente no es digital- en Clase D, con una eficiencia altísima, en este caso usando los módulos ICE Power originales de Bang&Olufsen. Pioneer lo llama Direct Energy High Fidelity Class D Amplifier y parece ser un módulo multicanal de muy reciente desarrollo por los japoneses junto a los holandeses.
POR FUERA Y POR DENTRO
Este receptor ya empieza a ser respetable: hay que manejar algo más de 18 kilos, que me pillaron un poco por sorpresa después de los 12 kg del Denon al que sustituyó en el hueco que ya tengo reservado al AV de turno en el salón para los análisis de la revista. ¿No se suponía que la Clase D era «ligera»? Lo es, las etapas en sí ocupan un compacto cajón en la parte central inferior del equipo, pero así como otros fabricantes apuestan por fuentes de alimentación conmutadas, Pioneer confía en un tradicional transformador responsable en buena parte del peso del aparato; a mí eso ya me parece un buen comienzo. El cajón de las etapas dispone de un ventilador lateral. No conviene poner este equipo en un mueble estrecho, su parte izquierda (mirando de frente) debe estar despejada.
Pese a declarar unos modestos 330W de potencia en la trasera del receptor, ese transformador y las cifras de potencia indican claramente otra cosa. Me fiaría más de los valores de los fusibles que protegen tanto esa parte de la alimentación como la salida hacia las etapas: estamos en torno, o ligeramente por encima, de 1.000W de potencia global máxima, lo que indica que esos más de 700 W simultáneos declarados, o los 140W por canal, son factibles.
El interior del robusto LX-81, al que accedí retirando no menos de 22 tornillos (¡!), responde al ya habitual diseño moderno y optimizado de otros receptores, que también fue una premiere de Pioneer con aquel AX10 y su hermano VSX-2011: los únicos cables a la vista son de alimentación, y las diversas placas de electrónica (vídeo, señales digitales, señales analógicas, etcétera) conforman una estructura interconectadas entre sí, hasta ofrecer los conectores correspondientes en la trasera del aparato. Respecto a esto, si bien aquí disponemos de cuatro entradas y dos salidas HDMI, tenemos que volver a recordar que no es práctico ofrecer tantísimas entradas analógicas de audio y vídeo porque nadie las necesita, y sí podemos necesitar algún HDMI más.
La información que recibimos del equipo es buena, la pantalla frontal es grande y legible desde lejos (bravo, otros podrían tomar nota) y es un poco extraño al principio que muchas opciones estén sólo en ésta y no en el agradable menú (disponible por HDMI también), pero nos acostumbramos enseguida y los parámetros rápidos son los que tenemos sin activar el menú gráfico (que corta la señal de la fuente).
El frontal, y el aparato en sí, es de acabado negro brillante, discreto y elegante, con un aspecto de gran calidad, en línea con los últimos productos de Pioneer, tanto en lectores como en pantallas. El mando a distancia se maneja cómodamente y es bastante claro y directo, con teclas para acceder a aquellas funciones más habituales. Las posibilidades de configuración y uso del MCACC son impresionantes y si alguien sin conocimientos se lee –incluso sólo por encima- esa parte del manual quedará abrumado, pero la buena noticia es que dejando al aparato tomar el mando el resultado es muy bueno.
PRUEBA
Tras realizar y verificar todas las conexiones, llega el momento de la verdad: conectamos el micrófono incluido, lo situamos en el punto de escucha con el habitual trípode para evitar tener superficies cercanas que enturbiarían las mediciones y lanzamos el análisis MCACC, de momento en modo totalmente automático. Unos escasos cuatro minutos después de emitir todo tipo de sonidos de prueba por cada altavoz, el sistema está configurado.
Después de repasar distancias y niveles, vemos que la precisión es muy alta y apenas retocamos algún canal en menos de 1dB, subwoofer aparte, que como siempre preferimos por lo menos 6dB más alto. Más tarde, repetiríamos el proceso desde el menú avanzado que ejecuta algunas mediciones extra, calibrando para tres tipos diferentes de ecualización (symmetry y front align, además de la normal all channel flat) y un par de puntos de control adicionales para detectar ondas estacionarias (ver recuadro), que lleva casi el doble de tiempo, pero que sigue siendo mucho menos que la interminable media hora aproximada del ya popular Audyssey.
Dadas las supuestas virtudes del nuevo MCACC, empecé mis pruebas con mucha música en estéreo. Pasé dos veces las calibraciones del sistema de corrección acústica, ya que quise probar el rendimiento del LX-81 tanto con mis cajas gordas (B&W 802D) como con unos monitores (Dynaudio Audience 42) siempre en el entorno de mi sala habitual.
El primer efecto que siempre causa cualquier tipo de corrección acústica tendente a conseguir una respuesta en frecuencia sin altibajos (no me gusta nada la palabra «plana» porque parece implicar cosas que no son) es una aparente falta de graves, cuando en realidad habremos eliminado sus excesos, a los que nos acostumbramos demasiado fácilmente. Con este Pioneer ocurre esto, pero en menor medida que en otros amplificadores audiovisuales e incluso menos que usando otro tipo de corrección (ecualizadores digitales independientes o corrección con software, ordenador y tarjeta de sonido).
Para mi sorpresa, en apenas unos minutos el LX-81 había identificado y solucionado los problemas de mi sala y estaba escuchando música en estéreo con una limpieza y precisión excelentes. Limpieza porque elimina resonancias sin comerse los graves, y precisión porque las fuentes sonoras virtuales se revelan ante nosotros en la escena con una presencia que sólo en una sala muy bien tratada, o con una corrección acústica muy trabajada, se puede conseguir. Es curioso que, comparado con mi equipo estéreo purista, la escena que da el Pioneer en modo Pure Direct (es decir, como previo estéreo puro) es algo más difusa e imprecisa, pero que al activar las correcciones digitales (modo Direct) se «coloca» todo incluso mejor que con el equipo purista. Pero les aseguro que resulta como poco chocante la calidad de la escucha estéreo de un receptor de cine en casa que no llega a 2.000 euros frente a mi «artillería» cuyo valor es casi inconfesable… pero en varios múltiplos superior a esa cifra.
En cuanto a la amplificación en sí, sorpresa muy agradable también. Por fin he podido probar como es debido, en mi equipo y con tiempo, la famosa Clase D, y tengo que decir que entiendo el revuelo existente a su alrededor. Esto no es el futuro, es el presente y no es ningún paso atrás respecto a lo conocido o nuestra querida pero ineficiente Clase A. De los altavoces emerge una música transparente y contundente, detallada pero dulce, y tanto los monitores Dynaudio 42 (pequeños pero matones y exigentes) como las grandes Bowers 802 rindieron perfectamente con el LX-81 a los mandos. Por cierto, ambas cajas tienen impedancias de 4 ohms (y realmente bajan) y aunque en el Pioneer dice usar sólo altavoces de 6 a 16 ohms, no tuve el menor problema. Aunque la parte baja (módulos de potencia y su ventilador silencioso) incluso en reposo está caliente, el aparato en sí se mantiene apenas tibio.
Y si con música nos ha gustado tanto, ¿qué da de sí en cine? Pues así como hay aparatos que en cine «funcionan» pero en música estéreo «no», todavía tengo que encontrar un equipo bueno en estéreo que no lo sea en cine, y este Pioneer no es excepción. Cuando tenemos otros cinco altavoces en marcha y un subwoofer acompañándolos, con una buena banda sonora, las tres palabras que definen nuestra revista se quedan cortas, porque esto es un espectáculo más allá del simple cine en casa. La lista es larga, pero desde las canciones interpretadas por Nicole Kidman y Ewan McGregor en Moulin Rouge (escena del elefante, por ejemplo), hasta el desembarco en la playa del Soldado Ryan, nunca me faltó transparencia ni impacto, y me sorprendió la delicadeza y la precisión de la reproducción.
No he ocultado cuánto me ha gustado hasta ahora, así que tampoco me andaré con rodeos: no es un aparato perfecto, sin embargo sabe salir airoso de casi todas sus imperfecciones. Básicamente son dos.
No me gustaron nada las pocas posibilidades que tenemos de gestión de graves, ya que sólo hay un corte (no podemos tener unas cajas small cortadas a 60 Hz y otras a 120 Hz, por ejemplo) y las frecuencias para ese único corte entre las que podemos elegir son sólo 50, 80, 100, 150 y 200 Hz (muy poco fino). Pero dejando todas mis cajas en large salvo los surround traseros (así las midió el MCACC), el resultado era muy bueno, cuando normalmente en audio/vídeo suelo tener mejor respuesta usando cortes diferentes en cada caja para que algo siempre vaya al subwoofer. Pasando todas a small de forma manual, y ajustando el corte en 80 o 50 (probé ambas cosas), por una vez no me convenció tanto el resultado y preferí volver al otro reglaje (que por otra parte era su medición). De todas formas, éste es un equipo de gama media-alta y merece que por lo menos en frontales y central dispongamos de altavoces que reproduzcan toda la banda audible.
La otra cosa que no me gustó del Pioneer es su capacidad con vídeo. Para empezar, mi unidad se negaba a permitirme el acceso al menú correspondiente, supongo que por mal entendimiento con mi visualizador (proyector Mitsubishi). Las cosas del HDMI, que es mejor tomar con filosofía y paciencia. Pero aunque hubiera accedido, las opciones son escasas y Pioneer tampoco hace alarde de usar un chip a la última. Es capaz de convertir, escalar y desentrelazar imágenes desde el vídeo compuesto hasta HDMI en 1080p y enviarlas en ese formato, así como dejar pasar 1080p24 de fuentes HD. Nada más… y nada menos: para mí con eso es suficiente. En realidad, suelo preferir el modo bypass y elegir en la fuente, o dejar al visualizador la conversión, pero ya casi en el último año de la primera década del siglo XXI el público exige ese algo más en un aparato de este nivel.
CONCLUSIÓN
Estoy releyendo mis comentarios sobre el sonido de este inocente receptor mientras escucho un CD del grupo Dead Can Dance y, por si mis palabras le habían parecido contagiadas del habitual entusiasmo de las publicaciones del ramo, voy a ser franco y directo: muy pocas veces he escuchado temas como Cantara o el precioso Host of Seraphim con esta precisión y energía, combinados con gran dulzura en la voz de Lisa Gerard. Por no hablar del gustazo que era poner el Ray of Light de Madonna y comprobar que el MCACC mantiene a raya las malas resonancias que pueden enturbiar todo, pero dejando aflorar esos graves subterráneos que la producción de ese disco esconde y que cajas como mis 802D son capaces de liberar, cuando están bien alimentadas. Y en cine, más gozo: la escena de la danza de los timbales en la casa de peonías de Las Dagas Voladoras es sencillamente estremecedora.
La dieta ICE Power de este Pioneer LX-81 será fría y ecológica, pero desde luego que es musical y capaz. Así que, por ahí, muy buena nota, y la parte de previo analógico está a la altura, como se puede comprobar apretando el botón para pasar a modo Pure Direct que nos deja con un amplificador integrado muy eficaz.
En el mismo aparato, tenemos un potentísimo procesador capaz de aplicar avanzadas correcciones acústicas a nuestra sala, de hacerlo automáticamente con muy buenos resultados para todos los públicos, pero también de permitir a quien sepa aprovecharlo un ajuste muy a medida.
Además de todo esto, tenemos un receptor de audio/vídeo a la última, que decodifica todos los nuevos formatos HD, con dos salidas HDMI para poder usar proyector y televisor plano y con capacidades multimedia para poder reproducir música almacenada en nuestra red o escuchar alguna de las miles (literalmente) de emisoras disponibles a través de Internet.
A mí me parece que todo esto configura una auténtica estrella y un candidato firme al premio al mejor receptor para el año próximo. Si está pensando en actualizar su antiguo amplificador, o pretende montarse un equipo de cine en casa de altos vuelos, no deje de probar este LX-81. Confieso que se ha convertido en el primero de mi lista particular: altamente recomendado.
CORRECCIÓN ACÚSTICA DE LA SALA
Cuando escuchamos un equipo de música en una sala normal (poco o nada acondicionada) realmente no estamos escuchando sólo lo que los altavoces emiten directamente, sino que junto a ese sonido nos llegan muchos otros: de los propios altavoces, reflejados en las diferentes superficies (paredes, techo y suelo como mínimo) y con mayor o menor retardo, procedentes de resonancias de la sala… La estancia añade mucho sonido al propio de los altavoces y por eso es tan importante la colocación de éstos en ella y el tratamiento de ésta, aunque sea en base a elementos decorativos, de cara al rendimiento final del sistema.
Pero los tratamientos que mejor sonido consiguen suelen ser antagónicos con la estética y si nuestra sala no es dedicada sino compartida con el resto de la familia, hay que llegar a un compromiso que por lo general se queda muy lejos de lo que sería óptimo si sólo tuviéramos en cuenta la acústica.
¿Estamos condenados a no poder escuchar de qué son capaces nuestros altavoces? Ni mucho menos: si el tratamiento físico no es posible por motivos estéticos, todavía podemos ayudarnos del tratamiento de la señal, el conocido por sus siglas inglesas DRC (Digital Room Correction) que hasta hace bien poco era patrimonio exclusivo de los profesionales o aficionados con paciencia y recursos para llevarlo a cabo con ordenador y programas específicos disponibles o/y ecualizadores digitales profesionales.
El método es en principio sencillo: se mide el sonido que llega al punto de escucha, y se elimina en origen todo lo que la sala añade, además de poder hacer algunas correcciones más debidas quizás al diseño de las cajas. Si la sala tiene una resonancia –por ejemplo- a 40Hz que emborrona los graves, le quitaremos (ecualizando con precisión, algo que sólo un ecualizador digital moderno es capaz de hacer sin generar más problemas) ese exceso a la señal antes de llegar al altavoz.
Esto, que puede llevar muchas horas hacerlo manualmente, es lo que hacen sistemas como el nuevo Advanced MCACC del Pioneer LX-81. Y va más lejos, ya que ecualiza también la fase (que las señales de los diferentes altavoces de cada caja lleguen a tiempo al oído).
Pioneer LX-81, Oro negro
Ficha técnica
POTENCIA MÁXIMA DE SALIDA hasta 7x140W (8 ohm, 0’09% THD entre 20 Hz y 20kHz), capacidad máxima simultánea de 700W (8 ohm, 1kHz, 1% THD). RESPUESTA EN FRECUENCIA 5Hz a 100kHz (+0, -3 dB). RELACIÓN SEÑAL/RUIDO 103dB (mute IHF), 83dB (1W 1kHz, EIA). Receptor FM/AM, capacidad LAN Ethernet. CONECTIVIDAD 4 entradas y 2 salidas HDMI 1.3ª, 7 entradas de audio digitales (4 ópticas y 3 coaxiales), 8 entradas de audio analógico estéreo de las que 6 incluyen entradas de vídeo compuesto, S-VHS o/y componentes. Entrada Phono (MM). Entrada analógica multicanal 7.1 y salidas de línea multicanal 7.1. Salida de línea y vídeo Zona 2, y sólo línea Zona 3. Salidas de cable o banana 4mm para altavoces frontales (L, R, central) y surround (R, L y traseros R, L). SISTEMA DE AJUSTE Y ECUALIZACIÓN Advanced MCACC (micrófono incluído). DIMENSIONES 420 x 200 x 459 mm. PESO 18,5 Kg. DISTRIBUYE Pioneer (937399900).
Precio: 2100 €
