Etapas y amplificadores

Yamaha DSP-Z11, Sencillamente genial

DTS Y SUS EXTENSIONES

  • Con todas las ventajas derivadas de la propia integración, cumplirá holgadamente con las expectativas de un amplio sector de aficionados.
  • Precio: 5499 €
  • Valoración de los especialistas: 5
  • Texto: Luis LLANA

En el número 17 de CEC les presenté al DSP-Z9, tope de gama de la línea de amplificadores integrados para A/V de Yamaha, un sorprendente aparato por su poderío y excelentes cualidades musicales, como nunca antes había apreciado en una electrónica multicanal integrada. Así de claro. Sin embargo, los tres años largos transcurridos desde aquella presentación han dejado anticuado al DSP-Z9 en aspectos clave para un aparato audiovisual, mientras la competencia se ponía las pilas. Pero la compañía pionera por excelencia en las artes del cine en casa no podía quedarse atrás y nos presenta al DSP-Z11, teóricamente heredero de las mejores virtudes de su predecesor –nunca existió un DSP-Z10-, con el añadido de los avances tecnológicos de más actualidad, y alguna que otra genialidad. ¿Será el DSP-Z11 un digno sucesor del DSP-Z9 que tanto me gustó? Aquí estamos para comprobarlo por gentileza de Gaplasa, su distribuidor para nuestro territorio, quien me ha cedido un ejemplar para someterlo a pruebas sin limitaciones de tiempo.

El DSP-Z11 mantiene intacta la estética sobria y elegante de su predecesor –estableceré paralelismos entre ambos aparatos- y su solidez mecánica, garantizada por un chasis de acero de 1,5 mm y gruesos paneles de aluminio anonidado en negro, aunque Yamaha anuncia otros acabados en titanio y dorado. El frontal únicamente muestra el visualizador, con caracteres de color naranja bien legibles a distancia, dos grandes mandos giratorios para la selección de fuentes y el control de volumen, interruptores de red para encendido/apagado y modo de espera por separado, así como un pulsador para Pure Direct. Su actuación apaga el visualizador y deja fuera de servicio los circuitos de procesado de la señal, enviándola directamente desde la entrada a la salida con la única intervención del control de volumen.

El interior es un conglomerado de tecnología de última generación, con la celebérrima topología de circuitos Digital ToP-ART (Total Purity Audio Reproduction Technology) de Yamaha, combinada con las mejores soluciones para el total aislamiento entre los circuitos digitales, analógicos y de vídeo, recorridos tan cortos como sea posible en el trayecto de la señal y circuitos de amplificación de baja impedancia, con la tecnología propietaria de alta corriente High Current Amplification. La etapa de preamplificación incorpora un circuito PLL de baja fluctuación, un reloj maestro VCXO para reducir la posibilidad de la distorsión por jitter, y convertidores de digital a analógico Burr Brown DSD1796 de 24 bits y 192 kHz de frecuencia de muestreo, para todos los canales. El control de volumen motorizado, con pasos de 0,5 dB, está controlado por medios digitales.

La fuente de alimentación híbrida de bajo ruido consta de un magnífico transformador de corte clásico, dos condensadores de 27.000 microfaradios y diodos de barrera Schottky que se encargan del suministro de energía, de su filtraje y rectificado. Una excelente implementación sin duda, pero dimensionada un poco a la baja –al menos sobre el papel y con cifras en la mano- probablemente para la menor potencia de salida por canal del DSP-Z11, respecto de su predecesor DSP-Z9. Sinceramente no entiendo tal medida en la electrónica de referencia de la respetable firma de los tres diapasones, máxime cuando a un amplificador integrado audiovisual nunca le sobran los amperios. Para el DSP-Z11, Yamaha anuncia 140 vatios (170 vatios en el DSP-Z9) de potencia unitaria para cada canal de los siete principales (2 frontales, 1 central, 2 de efectos laterales y 2 de efectos traseros), y 50 vatios para cada uno de los cuatro canales de presencia (2 frontales y 2 posteriores), especificada según estrictas normas RMS, a 8 ohmios de impedancia entre 20 y 20.000 Hz. Con los dos subwoofers activos que puede soportar, nos encontramos ante una configuración nada menos que de 11.2 canales, con los que la firma japonesa lleva su concepto DSP hasta las últimas consecuencias gracias al novísimo DSP Cinema HD3, para una superior tridimensionalidad en un campo acústico más intenso con los 33 programas DSP, a condición de instalar las cajas para los canales de presencia delanteros y traseros.

En este punto les recordaré que Yamaha basa sus DSP en digitalizaciones de escenarios absolutamente reales, después de realizar mediciones in situ con una tecnología de propio desarrollo, en lugar de las soluciones matriciales y de “direccionamiento” de señales utilizadas por otros. El asunto va tan en serio que el usuario puede modificar los campos sonoros originales cambiando los valores de ciertos parámetros que afectan a las reverberaciones, primeras reflexiones, retardos, etc., hasta lograr una ambientación muy creíble, acorde con las dimensiones de su sala de audición. Hay una serie de programas DSP diseñados específicamente para la escucha de las bandas sonoras cinematográficas, cuatro de ellos en modo THX, para lo que nuestro invitado cuenta con la certificación THX Ultra 2. El modo Silent Cinema DSP permite una escucha privada en multicanal mediante unos auriculares convencionales, con buena percepción de sonido envolvente cuando se activa algún modo DSP Cinema.

AUTÉNTICO CENTRO DE CONTROL AUDIOVISUAL

El DSP-Z11 tiene todos los papeles en regla para enfrentarse sin restricciones a todas las tecnologías que han hecho posible la alta definición tanto en vídeo como en audio, por lo que es compatible con la versión más reciente, 1.3a, de la norma HDMI, con cinco entradas –una en el panel frontal- y dos salidas para monitor en este formato. HDMI 1.3a soporta el espacio de color xvYCC, profundidad de color de 30/36 bits, resolución de 1.080p/24Hz, doble velocidad de refresco (100/120 Hz), o la función Lip Auto-Sync para el ajuste automático del desfase entre vídeo y audio, entre otras. Para su posterior descodificación, que garantiza la compatibilidad con los antiguos códecs, las entradas HDMI aceptan flujos de datos digitales de los nuevos formatos de audio Dolby Digital Plus, Dolby TrueHD, DTS-HD y DTS-HD Master Audio (ver recuadro).

La batería de conexiones digitales para audio se completa con cuatro entradas y una salida en cada uno de los formatos S/PDIF y EIAJ-Toslink, cuyo ancho de banda no permite los ratios de transferencia de los nuevos códecs. En cuanto a audio analógico, tiene entradas para 5.1 canales, una de phono MM –ha perdido la compatibilidad con cápsulas MC del DSP-Z9-, nueve de línea y salidas preamplificadas para 11.2 canales, además de cuatro para grabación. La conectividad de vídeo analógico consta de cuatro entradas por componentes (Y/Pb/Pr), cinco por S-Video y otras tantas por vídeo compuesto, con diversas salidas, incluso para monitor, en cada formato. El escalado y desentrelazado de vídeo corre a cargo de un procesador de segunda generación ABT1018, de Anchor Bay Technologies, con una precisión de 10 bits, escalado independiente horizontal y vertical, y detección con corrección automática del Chroma Upsampling Error (más conocido por “croma bug”). Permite la conversión y el escalado de señales de vídeo analógico en cualquiera de sus formatos y resoluciones hasta 1.080p, y el escalado “hacia abajo” hasta 480p/576p, por lo que el visualizador conectado a una salida HDMI recibirá la mejor señal posible, que coincidirá píxel a píxel con su resolución nativa.

La versatilidad del DSP-Z11 llega al extremo de controlar tres zonas adyacentes, con amplias posibilidades de configuración entre la principal, Zona2, Zona 3 y Zona 4. Dos puertos USB proporcionan el acceso a una LAN (red de área local) que posibilitan la conexión del amplificador a un servidor de música, o la escucha de la radio vía internet, para lo que soporta dispositivos de red PlaysForSure y es compatible con Windows Vista, Yamaha MusicCAST (su servidor de música MCX-2000) y diversos códecs de audio como MP3, WMA o WAV. También dispone de una conexión para iPod con base de sincronización YDS-10 de Yamaha.

La configuración se realiza mediante una elaborada interfaz gráfica, un tanto confusa inicialmente en el despliegue de ventanas, opciones y su validación, pero rápidamente se comprende su estructura arbórea. El activado y la navegación por los menús se realiza desde el mando a distancia, o desde el propio aparato con unos controles ad hoc ocultos por la trampilla del frontal. Una excelente idea en caso de “indisposición” del citado mando, muy correcto en líneas generales, con un pequeño visualizador y una atractiva retroiluminación que se activa por el tacto, complementado con otro mando más pequeño para la operación normal del amplificador.

El ajuste y calibración de canales puede hacerse al modo tradicional con un sonómetro o simplemente a oído, con escalones de 10 Hz en el filtro divisor entre 80 y 120 Hz, además de 40, 60, 160 y 200 Hz; o bien de forma automática mediante la tecnología YPAO (Yamaha Parametric room Acoustic Optimizer) con un micrófono de serie que analiza el entorno, incluso desde distintos puntos de escucha, y calibra los canales en unos minutos. Cuando se activa la opción automática, el micrófono captura unos tonos de prueba generados por el amplificador, con los que YPAO analiza la acústica de la sala, establece la ecualización apropiada, define el tamaño de las cajas, su distancia al punto de escucha, su fase acústica y muestra los resultados, sorprendentemente correctos. Realicé dos veces la calibración con resultados idénticos, las distancias a todos los altavoces fueron exactas y sólo tuve que retocar el nivel de salida del subwoofer, un tanto elevado para mis preferencias. Los pasos se ejecutan de forma secuencial, o a elección del usuario, y nada impide retocar algún valor con el que no se esté de acuerdo. Durante la configuración del subwoofer hay que elegir entre ninguno, uno monofónico, o dos, asignables como derecho/izquierdo o delantero/trasero.

Entre las innumerables configuraciones para las entradas, la asociación entre las de vídeo y audio, la parametrización de los 33 modos DSP, de las multizonas, del acceso a red, etc., y su almacenaje en distintas memorias, me llamó la atención la presencia de un completo ecualizador paramétrico para realizar un ajuste fino canal a canal. Entre el ajuste de los parámetros de los DSP y el citado ecualizador, el usuario tiene “juguete” para unas cuantas horas de entretenimiento asegurado, si pretende hacer las cosas con rigor.

Pero hay más. Existe una configuración avanzada que se activa exclusivamente desde el amplificador, entre cuyas opciones destaco dos por las que Yamaha se merece un sonoro aplauso y un 10. Con Preamp Mode=ON, las señales de audio sólo estarán disponibles en las salidas Pre Out, por lo que nuestro invitado se comportará exclusivamente como un preamplificador. Unas opciones secundarias permiten jugar con los pasos de potencia, libres en su totalidad, asignándolos a otras zonas. Con la segunda opción plausible, al ajustar Bi-Amp=ON los canales de efectos traseros trabajarán en conjunción con los canales frontales, permitiendo la biamplificación de las cajas asociadas. Sencillamente genial. Otras opciones autorizan el cambio de la impedancia de carga entre 8 y 6 ohmios, el acceso a la interfaz RS-232 y la aceptación de comandos LAN con el aparato en espera, el modo de funcionamiento de los dos ventiladores, y alguna cosa más. Los conectores RCA son dorados, y los muy correctos bornes para todas las cajas admiten cable desnudo y bananas, una vez retirados unos tapones de plástico, complicados de extraer. Pero en Gaplasa me explicaron el siguiente “truco”: enroscar una vuelta de un tornillo para madera, adecuado al orificio del centro del tapón, y tirar hacia afuera.

PREOCUPACIONES FUERA

Antes de poner en servicio al DSP-Z11 para las pruebas de escucha, he sentido similar preocupación a la que tuve con su antecesor, por idénticas razones. Cuanto acepté realizar la prueba del DSP-Z9 tuve serias dudas acerca su idoneidad para mover un conjunto de cajas muy difíciles como las de la serie 800 Matrix de B&W de mi instalación, poco adecuadas para una electrónica audiovisual integrada, aunque fuera de alta gama. Pronto disipé las dudas y el DSP-Z9 demostró sus agallas manejando con soltura la complicada carga, sin que importase la ubicación del selector de impedancias (8 o 6 ohmios). Pero tal y como les he comentado, la capacidad del DSP-Z11 es inferior a la de su predecesor, al menos sobre el papel, por lo que me volvieron a asaltar las dudas.

Con estos antecedentes le conecté las citadas cajas, dos 802 como principales, una HTM para canal central, y dos complejos y difíciles dipolos SCM8, certificados THX, para los canales de efectos laterales. A los de efectos traseros les conecté dos Sonus Faber Wall, muy sencillas de ataque. Para completar una instalación 7.1, utilicé mi subwoofer activo ASW800, también certificado THX, una auténtica fuerza bruta capaz de generar 105 dB de presión sonora en régimen continuo, sin despeinarse. Para la lectura de discos Blu-ray y DVD-Video, un lector Pioneer BDP-LX70a conectado al DSP-Z11 con un cable HDMI, de DVIGear, ambos cedidos para la ocasión por gentileza de la tienda especializada Clave Audio, además de mi proyector Mitsubishi HC-2000 para la necesaria visualización de imágenes. Después de unas pruebas iniciales con la impedancia de carga por defecto de 8 ohmios del DSP-Z11, tuve en cuenta los 4 ohmios nominales de las cajas Matrix, me puse en plan conservador para evitar problemas y ajusté el selector de impedancias en su otro valor, 6 ohmios.

Era la primera ocasión en la que escuchaba en mi propia sala pistas de sonido en DTS-HD Master Audio, procedentes de un disco Blu-ray de demostración editado por DTS, con fragmentos de Los Cuatro Fantásticos e Ice Age entre otros, con los que la dinámica y el nivel de graves, limpios y brutales, me resultaron sobrecogedores sin paliativos. En algunas ocasiones, con un nivel de presión sonora muy elevado que el DSP-Z11 soportó sin inmutarse, por lo que descarté mis prejuicios iniciales con la compleja carga de altavoces. En primera instancia fue lo más llamativo de las escenas más impactantes, pero en pasajes más relajados de otras películas, como El Reino de los Cielos, es cuando realmente aprecié la superior resolución de este nuevo códec, con una precisión, limpieza en los detalles y transparencia en los diálogos, que me han marcado un antes y un después en el audio de el cine en casa. Más claro, imposible.

Para comprobarlo, sólo tuve que conmutar la entrada de audio en el DSP-Z11 desde HDMI, a una S/PDIF, y escuchar la misma banda sonora descodificada por el núcleo de DTS (el DTS de siempre). DTS-HD Master Audio ha generado muchas expectativas entre los aficionados al cine en casa, pero productoras como MGM están editando películas con audio PCM 5.1 sin comprimir, o lo que es lo mismo, el audio del CD-DA puro y duro en cinco canales, más otro para subgraves. La pista de audio de Casino Royale en Blu-ray es un claro ejemplo de su excepcional calidad, con un ratio de transferencia ligeramente superior al de DTS-HD Master Audio, por lo que son prácticamente idénticos en prestaciones, sin diferencias audibles. No obstante, los códecs “antiguos” todavía tienen mucho que decir, y el audio de Die Hard 4.0 con el clásico Dolby Digital brilla con luz propia con el DSP-Z11 en las escenas más impactantes de ese explosivo film, nunca mejor empleada la expresión. Toda la audición “de cine” la realicé con el modo de procesado THX Ultra 2 Cinema, por las impagables bondades de los circuitos de reecualización y nivelación tímbrica de THX, que mitigan el exceso de altas frecuencias de las bandas sonoras de las películas -algunas realmente “chillonas”-, ecualizadas para las dimensiones de las salas cinematográficas.

El Pioneer BDP-TX70a es un excelente reproductor de Blu-ray y DVD-Video, pero la escucha de discos CD-DA en modo Pure Direct no me terminaba de convencer, y sustituí el Pioneer por mi habitual lector de SA-CD Marantz SA11-S1. Y ahora sí, la reproducción de mis habituales Jacintha con su cálida y sensual voz, Murray Perahia y su piano, Fabio Biondi y sus barrocos, y Volodos y su impactante Rachmaninov 3 recobraba la alta calidad musical exigible a una electrónica audiovisual integrada de alta gama. Con las indiscutibles ventajas de la propia integración, el DSP-Z11 cumplirá holgadamente con las expectativas de un amplio sector de aficionados a quienes espanta la complejidad de las electrónicas por separado con sus marañas de cables, y sólo los más puristas le pondrán algunos reparos, pero pocos, no crean. Cajas de excelente nivel sin especiales dificultades de ataque, muy apropiadas para esta electrónica, las hay de todos los colores en el mercado.


DTS Y SUS EXTENSIONES

El codificador Coherent Acoustics de DTS (Digital Theater System) es un eficiente, flexible y complejo algoritmo con una arquitectura evolutiva de datos, consistente en un núcleo y un conjunto de extensiones que “rodean” al núcleo, cuya estructura asegura la plena compatibilidad con todos los descodificadores, actuales o futuros. En pocas palabras, porque el asunto tiene su “miga”, el núcleo es el conocido DTS Digital Surround de 5.1 canales a 44,1 o 48 kHz que cualquier descodificador DTS puede procesar. Las extensiones al núcleo contienen otros datos relativos a canales adicionales, a tasas de muestreo más elevadas –léase DTS-ES y DTS 96/24-, y de las recientes incorporaciones DTS-HD High Resolution y DTS-HD Master Audio. Con este planteamiento, cualquier descodificador DTS puede acceder al núcleo, pero sólo los más avanzados lo harán al núcleo y a las extensiones correspondientes, que serán ignoradas por el descodificador no adecuado a ellas, porque no las verá.

Por citar un ejemplo práctico, un procesador capacitado para descodificar a nuestro viejo conocido DTS, podrá acceder a la banda sonora en DTS-HD Master Audio de una película en Blu-ray, pero sólo extraerá la parte que reconoce, el núcleo, y realizará la típica transferencia de datos con pérdidas de DTS Digital Surround, con una tasa de 1.536 Kbps, en lugar de los 24,5 Mbps de DTS-HD Master Audio. Presentado en el CES (Consumer Electronics Show) 2006, de Las Vegas, DTS-HD Master Audio es la solución más avanzada y potente de DTS de compresión de datos sin pérdidas, cuya información es idéntica, bit a bit, a la del máster de la banda sonora.

Yamaha DSP-Z11, Sencillamente genial

Ficha técnica

POTENCIA DE SALIDA 140 W x 7 canales + 50 W x 2 canales, RMS 8 ohmios, 20-20.000 Hz. TECHO DINÁMICO 1,2 dB, 8 ohmios. FACTOR DE AMORTIGUAMIENTO 150 en canales delanteros, 8 ohmios. SENSIBILIDAD E IMPEDANCIA DE ENTRADA Phono 3,5 mV, 47 kohmios; línea 200 mV, 47 kohmios. TENSIÓN DE ENTRADA MÁXIMA Phono 60 mV; línea 2,4 V. TENSIÓN DE SALIDA NOMINAL E IMPEDANCIA Audio out 299 mV, 900 ohmios; pre out 1 V, 500 ohmios; subwoofer 2 V, 500 ohmios; zona out 1 V, 1,4 kohmios. SALIDA E IMPEDANCIA JACK DE AURICULARES 150 mV, 100 ohmios. RESPUESTA EN FRECUENCIA 10 Hz–100 kHz +/- 3 dB, delanteros en Pure Direct. DESVIACIÓN DE LA CURVA RIAA (PHONO) 0 +/- 0,5 dB. DISTORSIÓN ARMÓNICA TOTAL 0,02 %. RELACIÓN SEÑAL/RUIDO Phono 81 dB en delanteros; línea, 100 dB en delanteros. FORMATO DE VÍDEO Y CONVERSIÓN PAL/NTSC.RELACIÓN SEÑAL/RUIDO DE VÍDEO 70 dB. RESPUESTA EN FRECUENCIA DE VÍDEO 5 Hz–100 MHz +/- 3 dB. CONSUMO MÁXIMO 1.500 W. DIMENSIONES 435 x 210 x 497 mm. PESO 34 kg. DISTRIBUYE Gaplasa (917482960).

Precio: 5499 €