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Cajas acústicas: el subwoofer

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Émfasis final a la serie de cajas acústicas con una reseña al subwoofer.

Texto: Luis Llana

Hasta la aparición de las especificaciones THX, la presencia de los subwoofer en los catálogos de los fabricantes, era inexistente o en el mejor de los casos puramente testimonial pues su utilización se limitaba casi en exclusiva al sector profesional y poco más. No se precisaba en el imperante mundo del estéreo, y el estándar Dolby Pro Logic no contemplaba la presencia de subwoofer alguno, dado que las bandas sonoras de las cintas VHS y LaserDisc, codificadas en Dolby Surround, contenían sonidos graves “convencionales”. Pero aquellas especificaciones THX exigían nada menos que dos subwoofers pasivos por aquel entonces que sólo era posible encontrar asociados a sistemas THX al completo. Y decimos subwoofer porque es el único diseño de caja acústica sobre la que existe una rara unanimidad para referirse a ella por su denominación en inglés, subwoofers, dedicada exclusivamente a la reproducción de las muy bajas frecuencias o sonidos subgraves.

Sin embargo, con el inicio de la imparable expansión de los sistemas de audio digital multicanal Dolby Digital y más tarde DTS, comenzó lo que bien podemos denominar la revolución del subwoofer, caja acústica presente en los catálogos actuales de todos los fabricantes, sin excepción. Su utilización resulta casi indispensable en una instalación dedicada a cine en casa que se precie, y decimos “casi” porque se podría prescindir de ella cuando se disponga de unas cajas principales con una buena respuesta en graves. Pero aun así, faltaría parte del impacto sonoro presente en algunas bandas sonoras cinematográficas, un tanto artificioso pero al que pocos aficionados están dispuestos a renunciar.

Dicho impacto sonoro lo transporta el canal LFE (Low Frecuency Effect, efectos de baja frecuencia), o canal “.1”, presente en todos los procesadores de sonido digital multicanal con descodificación para Dolby Digital y DTS. Este canal, monofónico, transporta la misma información que los principales y central, mezclada y filtrada a 120 Hz e incrementada en 10 dB para Dolby Digital. Con la excepción de un buen subwoofer, pocas cajas convencionales son capaces de reproducir de una forma convincente semejante información, con el adecuado nivel de presión sonora para las bajas frecuencias. En ausencia de un subwoofer, el procesador de A/V dirigirá la información del canal LFE a las cajas principales, por lo que no se debe confundir canal LFE con subwoofer.

Podemos considerar dos tipos de sub-woofers: pasivos y activos. En los primeros, prácticamente desaparecidos del mercado, el recinto se basa en uno de los dos diseños, bass reflex o suspensión acústica (caja hermética), en el que se monta un altavoz de gran diámetro que recibe la señal de audio desde un amplificador externo. Esta señal le debe llegar filtrada con el rango de frecuencias a reproducir, aunque algunos modelos incorporan un filtro pasivo para impedir que las altas frecuencias lleguen a la bobina del altavoz. Las siguientes líneas las dedicaremos a los subwoofer activos, también llamados autoamplificados puesto que integran su propio amplificador en el interior de un recinto bass reflex o hermético, con una potencia acorde a las necesidades del conjunto caja-altavoz. Incluyen un filtro divisor de frecuencias activo, una serie de controles y un conjunto de conexiones que veremos.

Quien considere al subwoofer como el encargado de reproducir “solo unas pocas” frecuencias, hasta 80 ó 100 Hz, cometerá un grave error de apreciación, puesto que son las de más difícil reproducción de todo el espectro audible. Un buen subwoofer debe responder a ellas con la máxima linealidad, mínima distorsión y con un nivel de presión sonora del orden de unos 100 dB sin desfallecer, condiciones muy difíciles de aunar en la reproducción de las frecuencias subgraves. Un buen subwoofer debe generar un grave seco, profundo, controlado y contundente, nunca hinchado a modo de un enorme “globo de graves”, o como originado por un contrabajo que se desparrama por toda la sala. Nuestro oído será incapaz de detectar un potente tono de muy baja frecuencia, pero lo sentiremos en nuestro cuerpo casi como un golpe; no se trata de ningún efecto psicológico, sino de la presión del aire impulsado por el cono del altavoz.

Convendrán nuestros lectores que un subwoofer con semejantes bondades no puede ser barato y, de hecho, existen auténticas joyas en el mercado que pertenecen a lo que nuestra publicación adjetiva como alta fidelidad de excepción. Pero en nuestra realidad musical ocurren muy pocas cosas por debajo de 40 Hz, por lo que si nos ponemos en plan “realista”, podemos encontrar excelentes modelos de subwoofer, a buen precio y con muy buena calidad, capaces de hacernos sentir las más fuertes sensaciones.

A medida que desciende la frecuencia aumenta la longitud de sus ondas que, a muy bajas frecuencias, pueden alcanzar varios metros y llegar perfectamente al dormitorio de nuestro vecino con más claridad que a nuestros oídos, en la sala de audición. Sacamos a colación una vez más la importancia de la sala de escucha, su acondicionamiento acústico y los tipos de cajas acústicas que puede albergar en función de sus dimensiones, condicionantes a los que no es ajeno nuestro subwoofer, por lo que puede ser preferible elegir uno de muy buena calidad, aunque no descienda mucho en frecuencia.



Colocación



No existen recetas mágicas para su mejor ubicación, dado que cada combinado de subwoofer y sala es un mundo, pero como una norma general se deben evitar los puntos medios de las paredes, por la más que probable excitación de las ondas estacionarias de la sala, con la consiguiente irregularidad en la distribución de las bajas frecuencias. Probablemente encontraremos en las esquinas de la estancia el lugar menos malo, aunque tengamos un incremento de graves de forma artificial. Conviene realizar pruebas hasta localizar un punto en el que los graves lleguen con mayor nitidez y limpieza a la zona de escucha. En ocasiones es tedioso, incluso es probable encontrar la ubicación idónea en el lugar más inapropiado desde el punto de vista estético o funcional, puesto que las ondas sonoras siguen su inexorable ley. Pero una vez más, el esfuerzo se verá recompensado.

Actualmente se tiende a la fabricación de subwoofer en diseño de caja hermética de reducidas dimensiones, con transductores de diámetros desproporcionados al tamaño de la caja, lo que obliga a dotarlos de potentes sistemas magnéticos y a instalar amplificadores de potencia descomunal, entre 500 y 1.000 W para subwoofer de gama media, con el solo objetivo de vencer la resistencia del aire encerrado en el interior de la caja. Nos parecen más equilibrados los diseños bass reflex, con unos requerimientos de amplificación mucho menores, aunque a costa de un mayor tamaño de caja. Pero también es cierto que diseñar un subwoofer con un correcto recinto bass reflex, bien sintonizado para evitar turbulencias en el tubo de descompresión, es más complejo y caro.

Éstos últimos suelen montar amplificadores de alta calidad que operan en Clase A o AB mientras que en los de caja hermética, con elevadas potencias, se suelen instalar amplificadores que trabajan en Clase D (no confundir con digital), muy eficientes, con un rendimiento del 90 % sin apenas disipación de calor, pero con una alta tasa de distorsión en altas frecuencias que con un filtro paso-bajo los hace muy apropiados para subwoofer. Son dos tecnologías distintas que todo aficionado debería tener muy en cuenta cuando decida comparar, catálogos en mano, las potencias de varios subwoofer. No obstante, los datos verdaderamente reveladores y que realmente cuentan son los relativos a SPL (nivel de presión sonora) y distorsión.

Todo subwoofer autoamplificado incluye un filtro divisor de frecuencias activo, en algunos casos con dos secciones, una paso-bajo, con ajuste de corte variable comprendido generalmente entre 40 y 120 Hz, para limitar la frecuencia superior de trabajo del altavoz, cuyo control se localiza en el panel de conexiones. Para aplicaciones puramente en estéreo, la sección paso-alto permite conectar la pareja de cajas a través del propio subwoofer, para lo que éste incorporará los correspondientes bornes en su panel de conexiones. Los subwoofers con la mejor conectividad pueden ser atacados con señales de bajo nivel, como las presentes en las salidas para subwoofer de todo procesador A/V, con conectores RCA, o por señal de alto nivel (línea de altavoz) de gran utilidad en aplicaciones estéreo, para lo que el subwoofer incluirá los clásicos bornes de conexión de altavoz. Algunos fabricantes -como la británica REL- disponen de algún tipo de conectividad específica. Para la conexión en cascada de dos o más subwoofer, algunos modelos incluyen conectores RCA rotulados “Link Out” y “Link In”.

Otro control importante es el de fase o polaridad, con dos posiciones, 0 y 180º o continuamente regulable, que permite adecuar las ondas sonoras generadas por el altavoz del subwoofer para que coincidan en fase acústica con las de los altavoces de graves de las cajas principales. No existe una regla escrita que determine el ajuste correcto, por lo que son necesarias pruebas de escucha hasta localizar la posición más adecuada de este control. Algunos fabricantes incluyen prestaciones complementarias, unas interesantes y otras discutibles, pero la práctica totalidad permite el funcionamiento en modo de espera, y se activarán automáticamente cuando detecten una señal de audio. La vuelta al modo de espera tiene lugar pasados unos minutos en ausencia de señal.



Conjuntos 5.1



La mayoría de fabricantes ofrecen, a modo de pack cerrado, unos conjuntos de cajas acústicas formados por un subwoofer y cinco pequeñas cajas, llamadas generalmente satélites, porque sin la ayuda del subwoofer serían incapaces de una correcta restitución sonora al tener muy restringida la respuesta en bajas frecuencias, debido a su diminuto tamaño. Conocidos como 5.1, estos conjuntos basan su funcionamiento en la particularidad de las bajas frecuencias de propagarse en todas direcciones, por lo que el oído es incapaz de detectar su procedencia por debajo de unos 100 Hz, con la sensación de que las bajas frecuencias las generan los propios satélites.

Poseen un perfecto equilibrio entre coste de adquisición, prestaciones y discreción estética, por lo que son una alternativa cuando el presupuesto, los condicionantes decorativos o el espacio disponible así lo aconsejen. Suelen dar buena satisfacción tanto para cine en casa como para una digna escucha musical, cuando no se es muy exigente, pero tienen el inconveniente de que son un todo inseparable, con pocas posibilidades de mejora posterior en alguno de sus componentes, salvo que se corra el riesgo de desequilibrar al conjunto. Existen algunos modelos que se pueden calificar como de alta gama, pero su precio suele ser elevado.