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HDMI, la transferencia de vídeo perfecta
Repaso e introducción a la conexión e interfaz HDMI. Texto: Alberto Gilabert HDMI es el acrónimo de High Definition Multimedia Interface que traducido sería interfaz multimedia de alta definición. Este novedoso concepto es el sueño hecho realidad de muchos aficionados que esperaban ansiosos la aparición de la primera conexión fidedigna para señales de vídeo y audio digitales. De hecho, el DVI (Digital Video Interface o interfaz de vídeo digital) ya da respuesta a esa demanda, pero la adición de las señales de audio añade nuevas e interesantes posibilidades. En un futuro muy próximo la conexión HDMI ya nos será famililar. Puede ser aplicada en cualquier fuente audiovisual con origen digital, es decir, desde lectores de DVD-Vídeo a receptores de televisión digital vía satélite o terrestre, pasando por su inclusión en receptores de A/V o, sobre todo, cualquier tipo de visualizador. Como estándar soporta definiciones de vídeo en calidad convencional, mejorada o alta definición, junto con audio digital multicanal a través de un único cable. Es tal su visión de futuro que si le alimentamos hoy con nuestras mejores imágenes de un DVD-Video y audio (una banda sonora en DTS-ES Discrete), aún quedaría ancho de banda suficiente para cualquier aplicación que aparezca en el futuro. Su condición de estándar queda asegurada gracias al alto grado de participación de sus fundadores, entre los que encontramos a Hitachi, Panasonic, Sony, Philips, Toshiba o Thomson entre otros más. Gracias a la inclusión de un sistema de protección de los contenidos digitales (HDCP, High-bandwitch Digital Content Protection) desarrollado por Digital Content Protection (subsidiaria de Intel), el HDMI es aceptado por gran parte de la compañías cinematográficas, desde la Fox a Universal. Este magnificiente acuerdo es otra importante noticia, pues los proveedores de contenidos dan el visto bueno a una solución que sin duda nos ofrecerá ventajas. Todas sus especificaciones están en la actual Versión 1.0, lo que permite a cualquier fabricante empezar la producción de dispositivos audiovisuales totalmente acordes a las necesidades técnicas orientadas a la compatibilidad y viabilidad del estándar. Ventajas del HDMI Antes ya hemos comentado que lo más importante es la posibilidad de poder transportar de un dispositivo a otro señales de audio y vídeo sin convertir de digital a analógico; pero además sin la necesidad de comprimir (alcanza velocidades de hasta 5 Gbps). Pero hay aspectos más prácticos para nada menospreciables. El primero es que sólo será necesario un único cable entre dispositivos para la transmisión de una cantidad ingente de información audiovisual. Por ejemplo, para las señales de audio, utilizamos un sólo cable digital (ya sea óptico o eléctrico, en función del tipo de conexión que hayamos elegido), y tres cables para conectar el lector al visualizador (por ejemplo, a un televisor de plasma vía vídeo por componentes). Si lector, receptor y visualizador disponen de entradas y salidas HDMI, nos bastará utilizar dos cables HDMI, uno directo del lector al receptor, y otro que terminara la línea del receptor al televisor. Habrá quien piense: ¿no se ha dicho siempre que mejor no pasar la señal de vídeo del lector al receptor, sino ir directamente a la fuente de visualización? Pues sí, siempre y cuando hablemos de conexiones analógicas. En el ámbito analógico cualquier “acción” supone casi siempre una pérdida de calidad: un conector modifica la señal, una longitud de cable más o menos corta también, etc. Pero en el ámbito digital existe un mayor rango de tolerancias en estos aspectos, que en resumen permiten obviar estos detalles. Una de las ventajas de las transmisiones digitales es que éstas pueden permitirse el “lujo” de acarrear errores que serán solventados de manera eficiente en pasos próximos. También habrá quien piense que el proceso de conexión de múltiples cables, aunque sea una tediosa tarea, supone una inversión de tiempo únicamente inicial, lo que permite a uno olvidarse de ellos hasta que no actualice de nuevo su instalación. Podría ser también una buena excusa, pero no debemos olvidar otra de las desventajas de las conexiones analógicas: las interferencias electromagnéticas. Los paneles posteriores de los receptores suelen ser una amalgama de entradas y salidas de señales (analógicas y digitales), cable de corriente, etc. Todo ese “desorden” sin duda ejerce poco beneficio a las débiles señales de audio o de vídeo. Con el HDMI, no únicamente ahorramos en conectividad, sino ganamos en fiabilidad. Sólo campos electromagnéticos muy fuertes serían capaces de hacer inútil una transmisión HDMI, aunque mucho antes lo sería para la conexión tradicional “analógica”. Pero también hay importantes novedades en la interfaz diseñada: la bidireccionalidad y la capacidad de control. En lo primero tenemos un ejemplo ya conocido: el SCART. Si conectamos un SCART desde un televisor a un grabador de DVD o incluso a un magnetoscopio VHS tendremos la posibilidad de, mediante ese único cable (que en realidad son más de 20) podremos enviar y recibir señales de audio y vídeo (obviamente, analógicas): podremos ver lo que hemos grabado y grabar lo que vemos en el televisor. Con el HDMI esto también será posible. Pero la capacidad de control añade funcionalidad a nuestra instalación. Ahora, por ejemplo, existirá una comunicación evidente entre dos dispostivos asociados (por ejemplo, el grabador de DVD y el sintonizador): cuando añadimos un nuevo canal de televisión, el grabador conocerá su existencia, almacenará la frecuencia e incluso el título personalizado de la cadena. De hecho, se abre un nuevo abanico de opciones. Otra posibilidad es que fuente y visualizador se pongan en “contacto” para informarse sobre la relación en pantalla a visualizar, el tipo de contenidos (si es o no para adultos), etc., sin la participación directa del usuario. HDMI y DVI El DVI apareció en el 99 de la mano de Silicon Image, como alternativa a las conexiones de vídeo comprimido vía FireWare o IEE1394 (lo que incluye al DV) sin pérdida de calidad. El problema del DVI ha sido la falta de mantenimiento del estándar, permitiendo que varios fabricantes crearan su “versión” DVI (lo que hacía incompatibles dos productos que lo deberían ser). De hecho, espoleó el desarrollo del HDMI, primero para solventar los problemas de compatibilidades con el DVI pero, y ya de paso, mejorar el estándar con nuevas propuestas. De aquí su compatibilidad y el uso del HDCP, pero añade audio y mayor capacidad. Un lector con salida DVI podrá conectarse a un televisor HDMI, y viceversa. Siendo el HDMI compatible con señales de vídeo en 720p, 1.080i y 1.080p (y claro está, 480i/p), su futuro dentro de la emergente alta definición videográfica está asegurada. Esta convergencia DVI y HDMI también es buena noticia para los usuarios que recurren a sus ordenadores personales (HTPC) como fuente de audio y vídeo. Las enormes posibilidades que ofrecen estos dispositivos les permitirá conseguir un mayor control de la imagen, sobre todo cuando el objetivo es la máxima sinergia entre fuente y visualizador (ya sea un panel de plasma, LCD o proyector de vídeo). Longitud de cable Una de las dudas más repetidas es sobre la longitud máxima del cable HDMI (a raíz de las limitaciones que el estándar DVI ha causado entre numerosos usuarios). El cable recurre al cobre como elemento transductor, pero eso no define la longitud máxima que puede alcanzarse. De hecho, hay fabricantes que no ofrecen cables más allá de los 8 o 10 metros, mientras otros no tienen problema con longitudes superiores (aunque hay evidencias que entre uno y otro existen diferencias, traducidas en saltos inesperados de la imagen, por ejemplo). Aún así, se espera que nuevas evoluciones en las tecnologías de semiconductores ayuden a alcanzar mayores distancias, tema tedioso para los aficionados con proyectores de vídeo. En este último caso, es fácil que un proyector que sólo está a 5 metros de una pantalla demande un cable de 20 metros desde la fuente. También se está a la espera del uso de fibra óptica o de la posibilidad de añadir a las conexiones largas amplificadores u otros dispositivos a modo de repetidor. La importancia del hdcp Aspecto que no queríamos dejar de lado es la seguridad que comporta el uso del sistema de protección de contenidos HDCP, que ya aplican DVI y HDMI. Si ambos estándares no han sido aplicados hasta ahora ha sido en gran parte por la necesidad de encontrar un protocolo que proteja los contenidos audiovisuales de terceros (lo que hace que aún hoy en día cuando queramos reproducir SA-CD o DVD-Audio aún debamos conectarlo analógicamente). El protocolo HDCP no únicamente ha sido adoptado por su eficacia sino porque la importante industria de contenidos lo ha aceptado. Es incoherente disponer de una herramienta que garantiza la calidad de todo contenido desde su inicio a su fin si no hay contenido. Los proveedores necesitan verificar que su producto estará protegido, y es aquí donde entra el HDCP. Una de sus ventajas es que es un método transparente, pero imprescindible en nuestros productos. Aunque muchas veces demos por hecho que un equipo disfruta de la interfaz HDMI, no cuesta nada verificar si dispone (o no) de compatibilidad con HDCP, sino no podremos disfrutar de los contenidos protegidos. Más importante que en aplicaciones en DVD-Video, el HDPC toma más protagonismo en las transmisiones vía televisión digital, facilitando el disfrute de contenidos en alta definición evitando cualquier uso inadecuado. |
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