Velodyne SPL 1000 Ultra, Poder invisible
- Velodyne es líder y especialista en subwoofer y este «pequeño» demuestra su saber hacer: «cero» ruidos, mando a distancia, corrección de sala excelente y un grave increíble para su talla.
- Precio: 1780 €
- Valoración de los especialistas: 5
- Texto: Josep ARMENGOL
Para cualquier aficionado al cine en casa Velodyne es sinónimo de subwoofer, y es que no en vano la marca americana, fundada por David Hall hace 26 años, se especializó en este campo desde el primer día. Además, lo ha hecho desde siempre con ideas innovadoras, de hecho, en 1984 ya registraban la primera patente para un subwoofer de caja cerrada con un servo control del recorrido del cono del altavoz con el que lograban no exceder un 1 por ciento de distorsión. Una técnica que han refinado mucho y que sin ir más lejos es la que propulsa a nuestro invitado.
En los años noventa, fueron pioneros en el uso de altavoces de pequeñas dimensiones para conseguir subwoofer de tamaños mínimos. Ya en este siglo empezaron a aplicar etapas cuyas potencias superan de largo el kilowatio (más de 1.000 Watios), mientras seguían refinando (y patentando) sus sistemas de control, siempre buscando ese máximo rendimiento con un tamaño comedido, aunque en su catálogo haya bestias de hasta 18 pulgadas, en particular la serie Digital Drive, que marca una auténtica referencia absoluta.
SPL ULTRA 1000
Este SPL 1000 Ultra que nos ocupa forma parte de una nueva serie (que si las cuentas no me fallan, es ya la tercera generación de «SPL») destinada a equipar sistemas de cine en casa de nivel alto, pero con un gran compromiso estético, pues son subwoofer muy compactos y de diseño discreto, que fácilmente pasarán desapercibidos a la vista. Usa un altavoz de 10 pulgadas, y existe un modelo por debajo y otro por encima (con 8 y 12 pulgadas, respectivamente). Estos altavoces están desarrollados por la propia Velodyne y, para que se hagan una idea de sus posibilidades, lleva un tremendo imán de más de 10 kg, cuando el subwoofer entero pesa 20 kg. Sí, han leído bien: ¡la mitad de su peso se debe al imán del altavoz!
La bobina tiene un diámetro de 3 pulgadas, la caja es un recinto totalmente cerrado sin siquiera un resonador pasivo, y es de dimensiones realmente reducidas, ya que el lado mayor es precisamente donde está el altavoz, que será en principio el que dejaremos a la vista, porque en su parte superior está la pantalla que nos informa de su estado, volumen, etcétera. Para que se hagan una idea de su tamaño, hay que decir que este Velodyne cabría en un cubo cuyo lado apenas superaría los 30 centímetros (33 para ser exactos). El acabado es negro lacado, precioso.
En el panel trasero, están las conexiones y algunos controles que sólo necesitaremos en el momento de la instalación, pero desde el mando a distancia provisto (tipo tarjeta de crédito) podremos regular lo más importante. Un buen detalle es que dicho mando puede quedarse pegado a la trasera gracias a un imán colocado con tal fin: así seguro que no se pierde. Las conexiones son las habituales: entradas de nivel bajo (línea) y alto (altavoces), salida de línea filtrada, entrada IEC para la tensión de red e interruptor general (podemos seleccionar si queremos que se apague él sólo cuando lleve unos minutos sin señal), botones de volumen y un mando para la frecuencia de corte regulable en continuo desde 40 hasta 120 Hz, o sin ningún corte. Otro buen detalle: cuando movemos este mando, en la pantalla frontal nos aparece la frecuencia seleccionada.
El mando a distancia permite lógicamente variar el volumen, importante dada la heterogeneidad en las mezclas de las bandas sonoras (y los receptores no siempre tiene un margen grande de regulación), la fase (a elegir entre cuatro posibles según se integre mejor en nuestra sala con el resto de altavoces), una de cuatro pre-ecualizaciones (más sobre eso enseguida), el apagado o encendido, mute, la desconexión de la pantalla numérica o la disminución de su brillo (con un modo noche que también suaviza la respuesta para evitar sobresaltos vecinales) y el inicio de la auto-ecualización.
Sí, este Velodyne trae un micrófono de medición con el que él mismo comprueba las resonancias de la sala y se adapta para conseguir una respuesta más lineal en frecuencia. Si queremos más emoción, podremos elegir entre esas ecualizaciones: para cine, rock, juegos o uno lineal al que llaman jazz y clásica y que, como podrán imaginar, es el que mejor resulta a fin de cuentas, salvo que sólo queramos deslumbrar momentáneamente a alguna visita con el grave que es capaz de soltar nuestro pequeño.
Me permití echar un vistazo al interior, ya saben que es mi debilidad desvestir lo que pasa por mis manos, y tenía curiosidad por ver de cerca y por dentro un auténtico Velodyne. La construcción no es lucida (tampoco está a la vista), pero la electrónica es correcta y me llamó la atención el módulo blindado de potencia en clase D, capaz de 1.200W RMS y hasta el doble, 2.400W, en régimen dinámico, con varios toroidales (transformador y filtros) y un filtrado muy poco habitual con seis condensadores de 1.000 microfaradios a 200V, que suman una cantidad muy notable de energía. Y energía limpia: una vez conectado y para mi absoluta sorpresa, este subwoofer no emite ni un ruido, ni un soplido, ni un ruido de baja frecuencia, nada, ni lo hizo durante toda la prueba. Es el más silencioso que he visto y, dado lo que pueden molestar a veces esos ruidos y amargar la vida al instalarlo, obligando a probar varias configuraciones para los retornos de masa, tengo que subrayar cuánto me ha gustado este detalle.
PRUEBA
Ubicar este subwoofer es sencillo, porque ocupa tan poco que cabe en cualquier lado, y con esa ventaja podremos entretenernos jugando con su posición a la búsqueda de una óptima integración con la sala y eventualmente los demás altavoces, si son capaces de darnos buenos graves. Una vez conectado al procesador de turno (un Arcam AVR600, nada menos estos días) y después de unas horas de rodaje para soltar un poco la suspensión del altavoz (una goma muy consistente) quise probarlo tal cual antes de conectarle el micrófono y activar la auto-ecualización. Un par de pistas con mucho contrabajo enseguida me descubrieron un subwoofer ágil y rápido, y capaz de bajar muchísimo, como para activar un desagradable modo de resonancia por debajo de 35 Hz; la sala es la sala.
Con la ayuda del micrófono, y en menos de un minuto, la corrección propia queda activada, y al volver a poner la música de Ray Brown hay un cambio notable: ahora, además de ese grave presente, podemos apreciar la articulación de las notas, se marcan mejor los dedos en las cuerdas, y parece sonar más la caja del contrabajo y menos la sala. Excelente resultado, mejor que ningún otro sistema similar que haya probado (y rapidísimo). Esto promete.
Siguiente paso: comprobar la respuesta real con un disco que contenga tonos de prueba a frecuencias descendentes. Al ir bajando desde algo más de 100 Hz, volví a constatar el buen trabajo de esa corrección de sala, ya que los tonos se escuchaban con intensidades muy regulares, cuando lo habitual es percibir algunos (correspondientes a modos resonantes multiplicadores) muy por encima y otros muy por debajo (de cancelación) de la media. Con el Velodyne iban desfilando sin altibajos, y bajando, llegaron los 35 Hz y pasaron sin problema y con contundencia, luego los 30 Hz también, los 25 Hz eran perfectamente apreciables, e incluso el tono de 20 Hz daba señales de vida (aunque posiblemente estemos escuchando armónicos). Para un subwoofer de este tamaño y en esta sala es todo un logro pasar la prueba de 25 Hz, qué digo logro, es casi un milagro.
Todo lo que les he contado hasta ahora les hará pensar que, a la hora de la verdad y con películas, este Velodyne es una maravilla. Pues para qué voy a engañarles: lo es. Ya no recordaba lo sobrecogedora que resulta Jurassic Park (la película con la que descubrimos el DTS) cuando hay un buen subwoofer ocupándose de hacernos sentir la presencia de los dinosaurios, y en particular toda la escena del Rex es de escalofrío.
A medida que fui teniendo ocasión de repasar otras películas y escenas conocidas, confirmé esas sensaciones tan buenas: las cargas de profundidad que hacen flexar el cuerpo del submarino en U571, el alud de nieve en el templo de los Yeti en La Momia 3, las peleas de Hellboy 2… Este subwoofer impone mucho respeto en bandas sonoras violentas, y no es menos sobrecogedor en películas más tranquilas pero con efectos graves que nos alertan de un giro en el guión o de que llega una escena emocionante.
CONCLUSIÓN
Tenía muchas ganas de probar un Velodyne y, aunque este SPL 1000 Ultra no es una de las bestias de la serie DD, me he llevado una muy grata sorpresa con él. Ningún otro subwoofer -y han sido unos cuantos los que han pasado por esta sala o los que he tenido ocasión de escuchar en otras instalaciones- había alcanzado un nivel tan cercano al de mi bestia particular (un B&W de 15 pulgadas y 1kW que vale el doble). Además, lo hizo con ventajas añadidas como son el mando a distancia, la rápida y eficaz ecualización de sala, o esa total ausencia de ruidos y problemas a la hora de instalarlo.
Todo eso lo ofrece con unas dimensiones muy contenidas, con una estética que ayuda a que pase más desapercibido todavía, y con un precio que, aunque no podemos decir que sea bajo, es totalmente razonable. Hagan este cálculo conmigo: un grave de esta calidad no lo ofrece ningún altavoz por debajo de muchos miles de euros, y este Velodyne nos permitirá contar en nuestro equipo con monitores en lugar de altavoces de columna, ahorrando con ello más de lo que cuesta (y consiguiendo a cambio mejores bajas frecuencias y a la vez mejor sonido gracias a las cualidades de las cajas pequeñas). Con música lo agradeceremos y a la hora del cine nos alegraremos de haberlo elegido.
Nuestra más calurosa recomendación para esta pequeña joya.
NOS GUSTA
- Facilidad de instalación y uso gracias al micrófono con ecualización automática y al completo mando a distancia.
- Cantidad, rapidez (calidad) y extensión de graves: verdaderamente parece un subwoofer de mucha más entidad (tamaño).
- Ausencia de ruidos: ni zumbidos ni ruidos al conectar/desconectar.
MEJORABLE
Por su tamaño y aspecto no aparenta ser un aparato de un nivel tan alto como realmente es.
Jose Luis Lafarga, de Chemison.
Poco puedo añadir o aportar a estas extraordinarias conclusiones. Sólo dar las gracias a Josep Armengol por la integridad y objetividad de su artículo.
Un saludo.
Velodyne SPL 1000 Ultra, Poder invisible
Ficha técnica
Altavoz dedicado de subgraves activo, con un altavoz activo de 10 pulgadas (pistón 8 pulgadas, bobina 3 pulgadas e imán 10’5Kg). ENTRADAS De línea (RCA estéreo) o altavoz (bornes estéreo), regulación de nivel digital. CORTE DE FILTRO regulable entre 40 y 120 Hz. RESPUESTA EN FRECUENCIA 24 a 120 Hz. AMPLIFICADOR clase D, 1.200W nominales (2.400W pico). DIMENSIONES 340 x 330 x 340 mm. PESO 20 kg. DISTRIBUYE Chemison (933395054).
Precio: 1780 €
