Subwoofers

SVS PB12 Plus, Terremoto

LA ECUALIZACIÓN CORRECTA

  • Un subwoofer capaz de dejarnos apreciar los efectos más tremendos y subterráneos de algunas bandas sonoras bien conocidas
  • Precio: 1299 €
  • Valoración de los especialistas: 5
  • Texto: Josep ARMENGOL

SVS es una empresa relativamente joven, fundada en 1999 y dedicada a los subwoofer desde el primer momento. Por cierto, sepan que las siglas proceden de Stimpson Vodhanel Sound, los dos primeros son los apellidos de los fundadores (Ron y Tom respectivamente). En esos primeros tiempos, se hicieron rápidamente famosos en su Estados Unidos natal por la forma de sus productos: grandes cilindros que podrían pasar por altavoces de graves dedicados al car-audio pero que estaban pensados para su uso doméstico. Aunque realmente se hicieron populares porque sus diseños eran notablemente asequibles en comparación a la competencia, y ofrecían capacidades que correspondían a productos de precio muy superior: su eslogan sigue siendo desde entonces «puedes gastar más pero no comprarás mejor».

Pero no todo el mundo estaba dispuesto a colocar una de sus columnas cilíndricas en su salón y así, en 2002, empezaron a ofrecer también subwoofer en cajas rectangulares con acabados lacados o en madera, mucho más amables para el entorno doméstico habitual. El modelo que probamos, el PB12 Plus, pertenece a la gama intermedia entre los Ultra de gama más alta y los NDS más económicos.

CÓMO ES

La dedicación exclusiva a los subwoofer tiene muchas ventajas y, aunque SVS también tiene una gama de altavoces, sus tiempos de trabajo orientado únicamente a la reproducción de las frecuencias más bajas nos permiten descubrir algunos de sus trucos en este PB12: de entrada, algo muchas veces olvidado pero que es la auténtica clave del resultado final, el altavoz en sí. Aquí tenemos un tremendo driver de un poco más de 12 pulgadas con cono de aluminio, potente motor magnético y robusta suspensión y caja, capaces de aguantar altos niveles de potencia.

La caja en sí es una sólida construcción con refuerzos internos en MDF de gran espesor (1 pulgada, es decir 2’5 centímetros). Tiene tres conductos internos con salida frontal que están afinados de forma que podemos dejarlos todos abiertos, o cerrarlos hasta dejar la caja virtualmente sellada, y las instrucciones indican claramente cómo ajustar un filtro de infra graves para evitar que un ajuste incorrecto pudiera causar daños en el altavoz. Los pies son firmes y de goma pero permiten dejarlo sobre moqueta sin perder estabilidad.

El panel trasero tiene todas las conexiones y controles, que además de las habituales de ganancia (volumen), frecuencia de corte (filtro) o fase, incluyen entradas y salidas de alto y bajo nivel para combinarlo con un sistema de altavoces estéreo (sin un receptor o procesador de cine en casa) y un práctico ecualizador paramétrico (ver recuadro). Muy completo, pero mirándolo con ojos críticos tal vez sea demasiado para muchos usuarios menos avanzados, y tanto ellos como los demás sí hubieran agradecido detalles prácticos que echamos de menos: algún botón en el frontal (puede ser muy incómodo acceder a la parte trasera) y, desde luego, un mando a distancia con por lo menos la función de control del volumen. Por suerte, la mayoría de procesadores cuentan con este control (nivel del subwoofer), pero se echa de menos.

Tengo dos advertencias que hacerles respecto a este aparato: la primera es en relación a su tamaño y peso. Ni se planteen instalarlo en solitario, incluso diría que ni con un solo ayudante, ya que no sólo su peso (no me creo que sólo sean esos 50 kg declarados) sino su tamaño lo hace muy difícil de mover y no creo que sea prudente hacerlo entre menos de tres adultos bien fornidos. Hablo muy en serio.

PRUEBA

Para la segunda advertencia no les voy a tener en vilo: los niveles sonoros de los que es capaz esta bestia son muy considerables y más vale que estén prevenidos, y preparen la sala donde vaya a instalarse. Pero no nos adelantemos.

Como siempre, mis primeras pruebas fueron configurando un sistema estéreo en el que unos monitores eran complementados en las octavas inferiores por el SVS. Hice tres pruebas, la primera usando un procesador AV como filtro (configurando las cajas frontales como pequeñas y enviando las frecuencias por debajo de 100 Hz al subwoofer) y las otras dos usando los filtros del propio subwoofer, primero con señal de línea (la salida filtrada del subwoofer atacaba una etapa estéreo que movía los monitores) y luego con señal de alto nivel (salida de etapa estéreo a entrada del subwoofer y de su salida a los monitores). No fue ninguna sorpresa que de estas tres configuraciones fuera la primera la de mejores resultados, y que entre las otras dos (filtro del SVS) la calidad resultante fuera mejor usando las conexiones de señal de línea (no altavoz). Intercalar un filtro (realizado con componentes de grado bajo, con condensadores electrolíticos) en el cableado desde la etapa a los monitores degrada el sonido más que usando la señal de línea, y aún ésta recibe un filtrado menos transparente de lo que es capaz, en el dominio digital, el procesador AV o un receptor cualquiera actual.

Ya centrados en esa configuración, el resultado era satisfactorio, aunque me costó conseguir un equilibrio bueno entre la extensión y presencia del grave y la rapidez de éste para seguir a los ágiles monitores. Si nos descuidamos con el nivel (al alza) el grave se hace pesado incluso con los tres réflex cerrados (lo que en teoría acerca la caja a una cerrada, más rápida aunque con menos extensión). Esa apreciación se repetiría en el uso con películas multicanal incluso con cajas de mayores dimensiones (y llevando sólo la señal de efectos de baja frecuencia al SVS). Así que este PB12 no sólo «pesa» físicamente, sino que en cuanto nos descuidemos inundará nuestra sala con su sonido, desde 20 Hz e incluso más abajo como demostró al usar un CD de tonos para ponerlo a prueba. Cuando más tarde lo seguí utilizando en una sala de más de 70 metros cuadrados frente a los 30 de la primera, este efecto se atenuó, lo que confirma mi sospecha de que está más pensado para hogares norteamericanos (salones muy grandes y paredes flexibles) que europeos (recintos menos amplios y de construcción rígida).

De lo que no hay lugar a dudas es de la capacidad que tiene el PB12 para hacer su trabajo: reproducir las primeras notas o los sonidos de efectos graves y subgraves. Y hacerlo hasta niveles más allá de lo razonable, hasta llegar a poner en peligro la integridad de algunos complementos domésticos si no se encuentran muy bien fijados, como comenté en mi segunda advertencia. Es tan grande la capacidad de agitación de este subwoofer que muchos otros parecen de juguete a su lado, no sólo físicamente. Pero también tiene sus límites, aunque explorarlos pueda significar que el vecindario se alarme: ahí detectaremos ruidos del cono y de las salidas de aire, y nos llamará la atención la llegada de la distorsión. Es bastante fácil descubrir cuándo un subwoofer llega a su límite: las frecuencias graves son muy poco direccionales y es casi imposible adivinar dónde está el subwoofer “a oído”, así que si se pone a emitir ruidos que nos llaman la atención y descubren su ubicación, es que está sonando distorsionado.

Llegar a ese punto con esta bestia exige valentía, créanme.

CONCLUSIÓN

Admito que soy difícil de satisfacer en este aspecto, porque mi referencia (un B&W con el cono de 15 pulgadas de las 801 y 1kW de amplificación) es realmente complicado de igualar o superar, pero por fin me ha dejado impresionado un subwoofer capaz de dejarnos apreciar los efectos más tremendos y subterráneos de algunas bandas sonoras bien conocidas. Las cargas de profundidad en U-571 impactan en nuestra caja torácica, y el aluvión de nieve en La Momia 3 puede arrastrar algunos cuadros como si hubiera sucedido de veras y no fuera una proyección. Echamos de menos un mando a distancia o un panel más sencillo y el peso y tamaño están al límite de lo aceptable, pero igual que la mejor potencia procede de motores de alta cilindrada, si queremos un grave capaz de arrasar necesitaremos un subwoofer tan grande como este SVS. La mejor noticia es su precio, sinceramente bajo para todo lo que nos ofrece, lo que es una excelente noticia para los tiempos que corren, y mi única duda para recomendarlo es si no será demasiado para la sala donde esté pensando ubicarlo. Porque allí donde se quede el SVS PB12 instalado será el epicentro de próximos terremotos.

NOS GUSTA

- Grave poderoso y dinámico, capaz de llenar salas grandes y causar tremendas sensaciones.

- Posibilidades de ajuste y conexión muy amplias, incluyendo filtrado de cajas en estéreo.

- Ecualizador paramétrico de una vía, ideal para poder eliminar la principal resonancia de la sala y «limpiar» el grave.

- Precio muy razonable para lo que se ofrece.



MEJORABLE

- Ausencia de mando a distancia

- Manual solo en CD-ROM.

- Con menos opciones pensando en usuarios menos avanzados.

Jan Ove Lassesen, de L-Sound



El PB12-plus es sin duda un titán capaz de reproducir inmensos terremotos con películas, y en la misma medida se presenta refinado con música; especialmente configurado como recinto cerrado en su forma más pura: sin ecualización ni filtro paso alto, sino tan sólo una caída suave y natural. Se podría decir que es el camaleón de los subwoofers, capaz de adaptarse a diferentes tareas, salas y gustos.


LA ECUALIZACIÓN CORRECTA

A muchos aficionados a la alta fidelidad la sola mención de la palabra ecualizador les provoca sarpullidos, pensando en que el sonido debe llegar lo más puro posible desde la fuente a los altavoces, pero olvidan por ejemplo que siempre que escuchamos un plato (vinilo) estamos de hecho ecualizando (y mucho) debido al sistema RIAA. Ecualizar puede ser bueno si lo hacemos con conocimiento de causa y con una finalidad: compensar los desajustes en la respuesta en frecuencia que pueda introducir la sala, con sus reflexiones y resonancias, y que son muy perniciosas en las primeras octavas, es decir, en las frecuencias más graves, que son precisamente a las que se dedica el subwoofer. Por eso, la idea de incorporar un ecualizador paramétrico en este SVS nos parece excelente: es sencillo, aunque para ajustarlo bien es necesario medir la sala, ya sea con un software dedicado (además de ordenador y micrófono de calidad específico) o, más sencillo, con un CD con tonos grabados en frecuencias escalonadas (desde 10 a 100 Hz de cinco en cinco) y un sonómetro, anotando cada medida. De esta forma, enseguida veremos dónde está la primera y generalmente mayor resonancia, por ejemplo, detectando que el tono de 35 Hz muestra un nivel de 8 o 10 dB superior a la media. Bastará entonces elegir esa frecuencia en el control de la trasera del SVS, dejando el ancho de banda aplicado («Q») estrecho para empezar («Hi») para que sólo actúe sobre esa frecuencia y no las demás vecinas, y reduciendo ahí el nivel para recortar la resonancia de la sala y conseguir una respuesta más lineal globalmente. ¿Qué se logra en la práctica con esto? Sencillo: el grave queda limpio y dejará de estar emborronado, será rápido y preciso. Es lo que también consiguen, automáticamente, los sistemas de autoajuste de algunos receptores audiovisuales e incluso algunos subwoofer, pero éste es uno analógico y sencillo (y poco caro) pero eficaz.

SVS PB12 Plus, Terremoto

Ficha técnica

CONECTIVIDAD Entradas de línea (RCA estéreo) o altavoz (bornes estéreo), salidas filtradas en ambos casos. REGULACIÓN DE NIVEL, FASE (continua de 0 a 180 grados) y corte de filtro regulable entre 40 y 120 Hz. RESPUESTA EN FRECUENCIA 20 a 150 Hz (hasta 17 Hz contando con la sala). AMPLIFICADOR BASH 525W, fuente conmutada. DIMENSIONES 630 x 430 x 630 mm. PESO 50 kg. DISTRIBUYE L-Sound (www.lsound.no).

Precio: 1299 €