Visualizadores superiores a 36"

LG RZ-42PX11, A por una nueva era

  • Televisor de plasma de 42"
  • Precio: 3499 €
  • Valoración de los especialistas: 4
  • Texto: Ramon Sendra

Todos conocemos qué pasa cuando hay un europeo de fútbol, un mundial o los juegos olímpicos: se dispara la venta de televisores. En estas pasadas vacaciones muchos han aprovechado estos eventos deportivos de “masas” para renovar su televisor, siendo buen momento para agenciarse alguno de los muchos televisores planos disponibles (sean LCD o PDP). La oportunidad vale la pena. Algo que conocen de sobra los fabricantes, generando una siempre tediosa aunque a veces bienvenida guerra de precios.

La coreana LG propuso una amplia variedad de televisores, entre ellos dos modelos de 26 y 30 pulgadas de diagonal basados en paneles LCD, ambos de 1.280x768 píxeles, procesado de vídeo DCDi de Faroudja y su Digital Comb Filter. Nos hicimos eco de estas novedades en un número anterior, y ahora toca el turno de evaluar el modelo de 30”, candidato idóneo para esos que simplemente quieran actualizar su televisor de tubos con un modelo discreto en cuanto a diseño y, sobre el papel, de calidad y funcional.



Buenas intenciones



La primera toma de contacto con este televisor LG es bastante agradable. Aprovechando el empuje de la informática doméstica, la coreana presenta este televisor de una manera muy versátil: bueno para ver pero también correcto para trabajar. Dejando de lado sus prestaciones con claro carácter informático, agradecemos la inclusión de su conexión DVI, complementada con dos entradas SCART, una en S-Video y otra de vídeo por componentes, aunque nos desilusionamos al comprobar que sólo es compatible con señales entrelazadas. Claro que, según el manual y el correspondiente logo en su chasis, disfruta del DCDi de Faroudja, responsable de desentrelazar cualquier señal de vídeo entrante. La inclusión de una entrada vía mini-jack para audio analógico estéreo confirma esa tendencia informática planeada por LG.

Una tapa de plástico oculta casi todos los cables conectados al televisor (e incluso conduce hasta la parte inferior del pedestal, siendo una opción muy elegante), aunque sin entender porqué, fuera de esa sección encontramos las entradas de S-Video y vídeo por componentes (junto con una entrada de audio analógico estéreo). Quizá el motivo es justamente para liberar de cualquier daño estético su esbelto, minimalista y elegante panel frontal, sobria mezcla de color negro y plata, terminado con una pequeña tira transparente en la parte inferior. El manda a distancia es muy sencillo e intuitivo, similar a cualquier control de televisor, sin teclas para permitir el manejo de otro dispositivo.

El menú en pantalla ofrece acceso al ajuste de las diferents configuraciones posibles, desde el sonido virtual (incluyendo un ecualizador de cinco bandas), hasta los ajustes de imagen (brillo, contraste y color). En cualquier caso, ajustes muy básicos, amén de la opción “PC”, correspondiente a la entrada DVI y RGB analógica, con alguna prestación más.



LAS PRUEBAS



Primero probé cómo se veía la tradicional televisión en PAL (léase los programas). El sistema de gestión y búsqueda de canales es bastante intuitivo y básico, siendo el sintonizador de buena calidad. Si nos centramos en la imagen ya empezamos a denotar algún que otro defecto bastante importante, como una tendencia al azul en escenas oscuras y negros, un contraste muy acusado (que el fabricante especifica en 400:1) incapaz de resolver con eficacia las zonas más extremas de luminosidad, y un brillo mal ajustado que quema la parte alta, sobretodo los blancos. En canvio no hay granos ni defectos de pixelización, incluso en movimientos rápidos.

Conectado a un Pioneer DV-575A por componentes los resultados tampoco es que mejoren mucho. Si dividimos la escala de grises en tres partes, vemos como la parte media se resuleve bastante bien, pero no así los dos extremos. En estos casos no hay una degradación lineal, sino manchas bien definidas incapaces de “dibujar” nada. En escenas muy oscuras (como las ya tradicionales minas de Moria) todo resulta tremendamente oscuro, y los cielos ricos en detalles (nubes, sol, etc.) son simples manchas casi blancas. Aunque el color es bastante bueno (en esa “zona media” que hemos separado), este LG padece otro de los problemas típicos de los paneles LCD: la velocidad. En movimientos rápidos las celdas no responden muy bien, apareciendo extraños halos que difuminan la imagen.

La verdad es que el resultado general no convence demasiado, ya que sin hablar de pixelizaciones o errores de digitalización (de hecho, en este aspecto cumple a la perfección), es justamente esa incapacidad de resolver con buena nota los extremos de la escala de grises lo que no lo hace adecuado para aplicaciones de Cine en Casa. Incluso visionando las escenas iniciales de “Cold Mountain” uno termina por apagar el televisor. Tampoco me convenció nada el sonido: muy nasal y exento de graves. El circuito de sonido envolvente virtual a veces no resuelve bien los sonidos monoaurales difuminando aun más un sonido que debería ser directo y claro (por ejemplo un diálogo).

El liderazgo de una compañía se demuestra con la calidad de sus componentes, no únicamente con el índice de ventas. Los casi 3.000 euros de este televisor por suerte serán motivo suficiente de rechazo para muchos usuarios (por la mitad de precio podrán agenciarse un excelente televisor de tubos de misma diagonal), y LG debería tomar nota de esto y empezar a buscar productos que sean capaces de ofrecer una buena relación calidad/precio. Con este televisor no lo conseguirán, aunque sí lo han hecho con otras muy interesantes realizaciones.


LG RZ-42PX11, A por una nueva era

Ficha técnica

LCD-TFT de 1.280x768 píxeles en 16:9. 30” de diagonal (76 cm).

450 cd/m2.

400:1.

Dos conectores SCART, 1 de vídeo por componentes (480i/576i), audio analógico estéreo sin balancear, mini-jack para audio analógico estéreo, S-Vídeo, RF, DVI y puerto RS-232.

176º en horizontal y vertical.

866x576x218,5 mm.

22 kg.

Precio: 3499 €