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Prepararse para la HD

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El Blu-Ray y el HD DVD ya son una realidad. Aunque no apuestes por estos formatos ahora ¿estás preparado para la HD?

Texto: Alberto Gilabert

Muchos de nuestros lectores, por no decir casi todos, conocen de sobra qué es la alta definición en vídeo. Hemos hablado largo y tendido sobre ello y estamos ansiosos de poder anunciar que, por fin, la HD es real y factible en nuestro país. Lo será el día en que sea normal y no extraordinario comprar una película en cualquier centro comercial en alta definición como si de un DVD-Video se tratara. Lo será el día en que comprar un reproductor HD (sea Blu-Ray o HD DVD) no sea noticia en el vecindario. Y aunque ese día no nos parezca cercano en el calendario (tenemos que ser objetivos), vale la pena empezar a tener en cuenta algunas premisas para estar preparados para esta venidera etapa. Estamos (alegremente) condenados a disfrutar de la alta definición, aunque no sabemos exactamente a partir de cuándo.

La compra de un televisor a fecha de hoy o de una fuente de vídeo puede condicionar el goce de estas nuevas imágenes y sonido espectacular aunque sepamos que hoy la HD es sólo un sueño. Un televisor tiene una vida útil de, aproximadamente, 10 años, y esperamos que antes de esta fecha la HD sea una realidad. Realmente ¿vale la pena empezar a pensar en productos compatibles HD? Creemos que sí, y es por eso que os proponemos una serie de consejos para que toda futura compra a corto y medio plazo esté condicionada por este hecho.

Si consideramos cualquier compra una inversión es fácil entender el porqué de este artículo. Pongamos como ejemplo un televisor de 42”. Ahora mismo podemos encontrar modelos incluso por menos de 1.000 euros, al lado de otros que sobrepasan los 5.000. Los más asequibles suelen ser modelos de marcas blancas que, en la mayoría de los casos, se aprovechan de tecnologías, sobre todo en el procesado de la imagen, ya caducas aunque tengan sólo un par de años. Relaciones de contraste pobres y brillos deficientes pero, por el precio al que se consiguen, ideales para compras baratas. Pero también son económicos por su resolución, ya que todavía se utilizan paneles SD, es decir, de 480 líneas de resolución (he aquí el vicio impuesto por el mercado japonés y estadounidense). Estos televisores todavía son más que adecuados para las actuales señales de televisión analógica, la tradicional, cuya resolución nativa apenas alcanza el máximo del estándar PAL. Conectado a un lector de DVD-Video, actualmente la única fuente que explota al máximo el estándar PAL, conseguimos la mejor imagen. La razón de ese precio bajo es que, además, no suelen necesitar complejos procesados de imagen, ya que basta adaptar pocas líneas a la resolución del panel. Por lo tanto, un correcto resultado a un precio muy asequible. ¿Es ésta una buena inversión a medio plazo? Lo es, manteniendo siempre en mente esa buena relación calidad/precio, pero hasta que llega la HDTV. Al hacerlo lo único que conseguiremos es que la calidad de imagen sea parecida a la que obtenemos con una buena producción en DVD-Video: todo lo que esté por encima de las 480 líneas (o la resolución nativa del visualizador) no será reproducido. Sí existirá cierta mejora, por ejemplo, si TVE emite en HD en vez del actual SD. El actual SD no es muy bueno que digamos, ya que aunque el estándar PAL permita incluso superar esas 480 líneas, la mayoría de veces nos llegan menos. Por lo tanto, a primera vista parecerá que la HD en un televisor SD (recordemos, resolución estándar) mejora de manera notable la imagen, cuando en realidad lo que hace es, simplemente, explotar al máximo la posible calidad SD.

Pero comprar cualquier televisor HD tampoco es garantía de futuro. Al entrar en juego los paneles de 720/1.080

líneas también lo hacen los procesados de vídeo. Éstos son necesarios para adaptar cualquier resolución a la nativa y, como ahora doblamos y hasta triplicamos el número de líneas que se van a reproducir, se necesitan complejos algoritmos matemáticos que consigan este propósito sin que aparezcan artefactos. Cuanta mayor diagonal y prestaciones, más caro es el producto final, puesto que se debe amortizar todo el proceso en I+D.

Para amortizar costes los fabricantes van reduciendo prestaciones poco a poco. Amén de los televisores de última generación, los diferentes modelos que componen el catálogo de un fabricante suelen ser, en definitiva, “reducciones tecnológicas” de los modelos superiores. Así, si un fabricante lanza la última versión de su procesador de vídeo para imágenes HD, el modelo anterior, más económico, seguramente todavía recurra a la versión anterior. De ahí hasta el más asequible, que quizá todavía lleva los paneles (LCD o PDP) de la temporada anterior o, no menos importante, un elenco de conexiones menor.

El SCART, S-Video y vídeo compuesto están condenados al olvido. Primero porque no son compatibles con las señales de alta definición. Si todavía se utilizan es sólo para permitir la retrocompatibilidad con los productos de anteriores generaciones, como magnetoscopios VHS o cámaras de vídeo domésticas. El futuro pasa, irremediablemente, por el vídeo por componentes y, sobre todo, por el HDMI. En el número anterior ya dimos cuenta de la más reciente versión 1.3 de este estándar digital, que debe permitir el transporte de las señales de vídeo más exigentes que nos aparecerán. De hecho, ya vimos que fue esta versión la que ha retrasado la puesta en marcha del Blu-Ray y HD DVD en nuestro continente. También vimos que no nos debía preocupar tener un televisor determinado con una versión HDMI anterior, puesto que en este caso el propio televisor no podría sacar ventaja de las mejoras en la señal de vídeo (por ejemplo, las mejoras en la escala de grises o paleta cromática). Esta nueva versión tendría sentido en un TV de última generación, por lo tanto, más caro y exclusivo. Pero la entrada HDMI (o, por defecto, la de vídeo por componentes, aunque con riesgo, luego lo veremos) es, hoy por hoy, una prestación imprescindible. No tiene sentido en un TV SD, pero sí en cualquiera que sea compatible (“HD Ready”) con la alta definición. Ahora ya sabemos que, a causa de los siempre tediosos sistemas de protección anticopia, la interfaz HDMI se erigirá como la necesaria para el disfrute de los contenidos en HD. Por ello, las siglas HDCP tomarán sentido, puesto que su significado es que el visualizador podrá “leer” esos datos encriptados en aras de proteger la copia indiscriminada de contenidos. Por suerte, la gran mayoría de televisores con entradas HDMI son compatibles con este estándar de encriptación, por lo que no debe ser mayor problema. Pero vale la pena asegurar esta compatibilidad ante la compra de un televisor.



Los reproductores de DVD-Video



Si los de Blu-Ray y HD DVD están a punto de llegar, ¿vale la pena invertir en un buen lector de DVD-Video? Ésta es quizá la pregunta más común a día de hoy. Los fabricantes son conscientes de ello y desde hace tiempo se resisten a presentar “grandes” reproductores de DVD-Video. Y es que es lógico. Pronto podremos comprar un lector HD por apenas 1.000 euros, un precio astronómico para muchos pero que, sinceramente, indica una contención notable al tratarse de un producto “tecnológicamente vanguardista”. Éstos, en su gran mayoría, serán compatibles con discos DVD-Video (si no, qué gracia), y se supone que gran parte de la sección de mejora de vídeo podrá ser aprovechada cuando se disfrute de un DVD-Video. Entonces ¿qué hacemos? El abrumador éxito del DVD-Video en su primera década ha permitido que lo que antes costaba 1.000 ahora se pueda encontrar por menos de 100. Hasta el punto de que es muy fácil encontrar excelentes reproductores de DVD-Video de marcas conocidas por apenas 200 euros (un 10 % de lo que cuesta un buen televisor de 42”). Es difícil decir que no a uno de estos reproductores aunque sólo sea para unos pocos meses. No hay excusa.

Por otro lado hay reproductores multiformato de altas prestaciones que justifican su precio justamente por la capacidad de poder reproducir bien no sólo DVD-Video sino, además, otros como CD-Audio, DVD-Audio o SA-CD, sin contar con la multitud de formatos informáticos tan populares hoy en día.



Grabadores




Éstos se han convertido en auténticas estrellas, superando en intención de compra a los reproductores de DVD-Video. Sobre todo después de popularizarse el disco duro, aunque se resisten todavía hoy a incluir, de serie, un par de sintonizadores TDT. Cuando se haya solucionado este tema (el de los sintonizadores) quedará otro todavía más complicado: la capacidad de poder grabar imágenes en alta definición. Es un tema que no está claro y que parece que sólo será posible con la llegada de los grabadores Blu-Ray y/o HD DVD. Es curioso ver la falta de previsión de los fabricantes, ya que hoy podrían estar comercializando grabadores de vídeo digital capaces de almacenar el flujo de datos en alta definición, pero no hay ninguno todavía disponible en el mercado (que nosotros sepamos). Lo que sí sabemos es que sí podrán grabar los “programas” aunque lo harán en definición estándar. Podremos ver en diferido lo que queramos aunque en resolución SD. Por otro lado, estamos esperando con ansias la llegada de la HD pero lo hacemos pensando en los soportes Blu-Ray y HD DVD. Tendríamos que ser muy optimistas para creer que las cadenas de televisión generalistas de nuestro país emitirán en HDTV a corto o medio plazo. Como se espera que sea imposible poder grabar las producciones cinematográficas protegidas de los Blu-Ray y HD DVD, tampoco tendría sentido un grabador HD. En cambio, aquellos pocos que tengan satélite y reciban algunos de los canales HD o, si cumplen, el canal de Imagenio a principios del 2007, verán complicado poder registrar los vídeos en HD sin necesidad de tener que utilizar un ordenador personal (sea o no HTPC).



Las películas



En cartas y, sobre todo, en foros es común otra curiosa duda: ¿compro ahora esta edición en DVD-Video o me espero a la versión en alta definición? Puede parecer absurdo que alguien se pregunte esto cuando una película en DVD-Video puede conseguirse, después del estreno, por 10 o menos euros. Pero cobra sentido cuando hablamos de aficionados que cumplen a rajatabla con su afición y tienen en su hogar auténticas videotecas. Suelen ser los mismos que se han gastado fortunas en “reeditar” su colección de VHS en DVD-Video, algo que les ha supuesto dinero y tiempo, mucho tiempo. ¿Tendrán que hacer lo mismo ahora con la alta definición? Eso, de hecho, depende de cada uno. Pero lo que sí es cierto es que no todas las películas ya editadas están disponibles en (verdadera), alta definición. Aunque es posible conseguir mejores másteres a partir del celuloide (y, por tanto, una señal HD más o menos verdadera) lo que sí tenemos que evitar es, por ejemplo, readquirir por enésima vez El acorazado Potemkin en Blu-Ray. Quizá lo haremos porque los extras son muchos y mejores, pero no por la calidad de vídeo.

Sony Pictures ya ha empezado a comercializar algunas películas en Blu-Ray, la mayoría de ellas con una calidad de vídeo sublime, pero muchas son reediciones de éxitos de taquilla memorables. Poco a poco, pero de manera constante, se espera que los nuevos estrenos salgan a la luz en ambos formatos (SD y HD) y a precios más o menos similares. Uno de los puntales del Blu-Ray, tal y como sus patrocinadores exhiben, no es sólo la mejor calidad de audio y vídeo, sino la interacción con los contenidos extras y la calidad y cantidad de ellos. Sin duda, el éxito de la HD en “lata” está condicionado, en gran medida, por las productoras cinematográficas, ya que depende de ellas el aumento del parque de reproductores en función del número, variedad y cantidad de producciones disponibles. Para que nos entendamos, más o menos debe evitarse lo que ha ocurrido con el SA-CD, que se lanzó a bombo y platillo pero “olvidaron” que el género musical más popular no era ni la ópera ni los conciertos sinfónicos.

Queda por hablar del audio, pero en el número anterior de esta misma publicación, Luis Llana publicó un extenso artículo al respecto, que recomiendo su lectura.