Polk Audio DSW MicroPro 4000, Pequeño pero matón
- Relativamente compacto y muy atractivo con su acabado “piano black”, pero con capacidad para dejarnos clavados en el asiento cuando la banda sonora se pone seria
- Precio: 1825 €
- Valoración de los especialistas: 5
- Texto: Josep ARMENGOL
Hace ya 37 años (1972), tres amigos recién graduados en la Universidad de Maryland (Estados Unidos), con Matthew Polk a la cabeza, decidieron emprender la aventura de montar sus propios componentes de audio, especialmente altavoces. Hoy en día, Polk Audio se mantiene como una de las empresas líderes en este sector y ha conseguido una notable popularidad en todo el mundo, gracias a que ofrece productos de muy buen rendimiento y con una relación prestaciones/precio excelente.
Su especialidad es sin duda el cine en casa, y dentro de esta aplicación encontramos en su catálogo varias “familias” de altavoces para las diferentes ubicaciones dentro de un equipo multicanal, y para todos los presupuestos. Entre los altavoces de graves activos –o subwoofer- la oferta alcanza nada menos que diez modelos, contando los anteriormente conocidos PSW, DSW, y la recién estrenada gama DSW Micro Pro, que ocupa el puesto de tope de gama y que se compone a su vez de cuatro ejemplares, de menor a mayor los 1000, 2000, 3000 y 4000. Precisamente este último, que es el “buque insignia” de los subwoofer de Polk Audio, es el objeto de nuestro laboratorio de este mes.
CÓMO ES
Hubo un tiempo en que un subwoofer era poco menos que un cajón que convenía ocultar a la vista para no estropear la estética de nuestra estancia, que suele coexistir como salón o sala de estar doméstica. Pero esto ha ido cambiando gracias en buena parte a los amplificadores “digitales”, capaces de potencias de varios centenares o incluso miles de Watios, con los que es posible conseguir buenos niveles de presión de graves, aun con altavoces y recintos de compacto tamaño. En esa línea están los nuevos Polk Audio DSW Micro Pro, de hecho los dos modelos más básicos (1000 y 2000) son cubos de apenas 30 cm de lado (sí, poco más de un palmo) capaces, según su ficha técnica, de bajar hasta nada menos que 22 Hz. Tan compactos, y acabados en un lujoso y brillante lacado negro (el famoso piano black) la verdad es que verlo es desearlo.
Nuestro «4000» no es mucho mayor: también de formas casi cúbicas, en este caso son aproximadamente 40 cm de lado aunque a la hora de moverlo más nos vale tener cuidado porque arroja casi 30 Kg en la báscula. En el frontal está el altavoz activo, de 12 pulgadas de diámetro y con un embellecedor (también piano black) montado en el émbolo central, mientras que el panel trasero tiene la panoplia de conexiones y mandos habituales –y no tan habituales- de un subwoofer. El cubo se apoya en el suelo sobre cuatro largas patas de goma (pueden cambiarse por puntas si el suelo es de moqueta) que lo mantienen unos tres centímetros sobre el suelo. Este margen es necesario (aunque, como veremos, a veces no suficiente), ya que debajo está el radiador pasivo, que ingeniosamente no es circular sino que aprovecha prácticamente toda la superficie disponible al ser cuadrado (de 12 pulgadas de lado precisamente, el diámetro del altavoz). Por supuesto, la caja es cerrada (sin bass-reflex) dada la presencia de ese radiador pasivo. Como es sabido, eso puede limitar algo la capacidad de grave (cosa que compensa el radiador) y la sensibilidad, pero a cambio la respuesta en frecuencia será más lineal y el grave más ágil y rápido.
En cuanto al panel trasero, los mandos habituales son el selector de la frecuencia de corte del filtro (entre 40 y 120 Hz, continuo), dos botones para subir o bajar el volumen, un interruptor para seleccionar apagado/encendido/encendido por sensor (se apaga tras 15 minutos sin señal musical) aparte del interruptor principal al lado de la entrada IEC de corriente, y las conexiones tanto de nivel alto (bornes de altavoz) como de línea (RCA de entrada y salida estéreo, más un solitario RCA para el canal LFE de un procesador AV). Menos habitual, una entrada MIC nos desvela una de las particularidades de este subwoofer: un sistema de corrección automática para ecualizar su respuesta y adaptarla a nuestra sala y ubicación. Un gran disipador que ocupa casi la mitad de la superficie trasera desvela que, pese a funcionar con la altamente eficiente Clase D, el amplificador interno puede superar con creces el kW de potencia.
En la caja se nos suministra, además del subwoofer en sí, el micrófono de medición para el sistema Polk Room Optimizer, así como un ligero mando a distancia que permite muchas otras funciones aparte del encendido/apagado o control de volumen: cuatro opciones para la fase, varias posibilidades preestablecidas para la ubicación (si no hemos realizado el calibrado automático), un modo nocturno, etcétera. Sin una pantalla (que de todas formas sería complicado leer a distancia), es la iluminación del logo del fabricante en el frontal (en azul cómo no) la que nos indica las funciones que seleccionamos con el mando a distancia, con un sistema algo críptico pero al que rápidamente nos acostumbramos. Por ejemplo, para el volumen (de 0 a 40), si estamos en 24 parpadeará dos veces lento y cuatro veces rápido. Muy ingenioso.
PRUEBA
La instalación es de lo más sencilla: basta encontrar un hueco en nuestra sala donde encaje este compacto y atractivo cubo, aunque conviene que tenga por lo menos diez o más centímetros libres alrededor. Por cierto que el potente imán del altavoz no está apantallado, así que no conviene ponerlo cerca de un televisor CRT para evitar deformaciones en su imagen.
Una vez colocado y conectado tanto a la red eléctrica como a nuestro procesador de audio-vídeo (entrada LFE), conectaremos el micrófono suministrado y éste irá a nuestro punto de escucha. Una larga pulsación al botón room del mando a distancia iniciará una secuencia de sonidos de baja frecuencia con los que el sistema medirá la respuesta de nuestra sala y sus resonancias, y se ajustará para evitar excitar aquellos modos que puedan resultar en graves retumbones y sucios.
Probé el subwoofer sin este ajuste (si lo hemos hecho, basta pulsar reset en el mando a distancia) y con él en dos ubicaciones diferentes de mi sala, y para mi sorpresa (dirán ustedes que soy un malpensado pero alguno de estos sistemas ya me ha decepcionado en el pasado) se nota claramente la mejoría y, en ambos casos (cerca de dos paredes diferentes), el sistema fue capaz de corregir adecuadamente la respuesta. A falta de una medición precisa -poco útil en este caso, ya que no tenemos ninguna información de lo que hace el sistema ni podemos regularlo- es fácil percibirlo a oído: bastó un corte de jazz con un contrabajista trabajando duro (yo siempre tengo dispuesto algún disco de Ray Brown para esto) y, sin corrección, algunas notas se comían a las demás, mientras que con la corrección hecha la respuesta era más lineal, el corte mucho más agradable y se percibían detalles que de otra forma quedaban enmascarados.
En esta fase preliminar de la prueba, también pude darme cuenta de dos virtudes de este Polk Audio: su extensión en graves -no me faltaba ninguna nota por abajo- y su rapidez, ya que podía seguir los dedos del brillante músico incluso en los momentos más animados. Y algo no menos importante: este subwoofer es muy silencioso, sólo a menos de un palmo del altavoz puede apreciarse un suave rumor eléctrico, y esto es algo de lo que muy pocos pueden alardear (es frecuente sufrir zumbidos más o menos pronunciados). Bravo.
Después de estas pruebas las expectativas de cara al rendimiento de este subwoofer con cine eran muy altas, y lo cierto es que no me defraudó. Ya fuera en escenas llenas de explosiones con mucha baja frecuencia (U571), en pasajes de películas con mucha acción y muchos efectos (La Momia 3 en el monasterio de los Yetis, o Hell Boy 2 luchando en el mercado con el gigante), o sencillamente en momentos impactantes de algún thriller (Max Payne), gracias a este Polk Audio no nos faltaba ni un gramo de emoción o de impacto. Cuando un subwoofer “funciona” tan bien como éste, el cine en casa gana una nueva dimensión y uno se pregunta cómo pueden vivir sin esto quienes todavía dudan de la utilidad de estos altavoces de subgraves dedicados. Tengan claro que, junto a montar una pantalla grande, éste es el cambio más notable en cualquier equipo.
En cuanto a extensión pura en grave, con un disco de tonos de prueba pude comprobar que las sensaciones se correspondían con su capacidad neta. Hasta 30 Hz tenemos respuesta sin problema, a una frecuencia inferior empezamos a perder capacidad de reproducción hasta los 25 Hz, y por debajo de eso ya apenas tenemos nada hasta 10 Hz, la más baja que tiene mi disco. Aunque la marca declare 16 Hz, por lo que he probado llegar a bajar de 30 Hz de verdad en mi sala es todo un éxito y, para mí, este resultado califica al Polk Audio «4000» como excelente, pues muy pocas son las bandas sonoras con efectos por debajo de esas frecuencias.
Un único “pero” es que en escenas con mucho efecto la potencia disponible puede que sea excesiva: pese a sus casi 30 kilos de masa, cuando el nivel de grave emitido empieza a ser salvaje… ¡lo mueve! Comprobé el correcto apriete de los pies de goma, pero aún así el potencial interno de este subwoofer es tan tremendo que deberemos idear algún sistema para fijarlo. Quienes dispongan de moqueta sin duda deben montar puntas para dejarlo literalmente clavado en el suelo. Si nuestro suelo es duro (como en mi caso) una solución puede ser usar una pequeña alfombra (con base antideslizante) y aplicar las puntas sobre ella, o dejarlo sobre las puntas de goma pero no sin cargarlo con bastante peso encima (libros o revistas quizás) aunque será una lástima ocultar su bonita superficie negra brillante de esa forma.
CONCLUSIÓN
Siempre he considerado los productos de Polk Audio como de buena relación calidad/precio, pero quizá sospechaba que era más gracias a lo reducido del segundo factor (precio) que al peso del primero (calidad). Este DSW Micro Pro 4000, que no es precisamente económico aunque ofrece mucho por lo que vale, me ha convencido de lo contrario. Puestos a hacer confesiones, también reconozco que nunca he creído mucho en esos subwoofer de reciente generación y compacto tamaño que pese a ello declaran capacidades que desafían las leyes de la Física. Pues este Polk Audio también me ha liberado de ese prejuicio, porque tengo bien presente de qué es capaz un subwoofer con altavoz de 12 pulgadas y mayor, incluso mucho mayor, volumen que este compacto cubo de 40 cm de lado, y les aseguro que aquí no se echa de menos extensión ni impacto, y la rapidez está a la altura de las circunstancias.
Es una pequeña bestia, aunque muy fácil de domesticar gracias al mando a distancia y al sistema de corrección automática con micrófono, y es una bestia muy bella gracias a su compacto tamaño y precioso acabado en negro brillante. Recomendado.
Jorge Gómez Consuegra, Gerente de Joytel.
Estimado Josep:
Agradecemos tu exhaustivo artículo en el que has incidido las características clave de esta nueva serie de subwoofers de Polk Audio como son, fundamentalmente, el sistema de auto-ecualización y adaptación a la acústica de la sala. Vivimos tiempos en los que la electrónica de consumo nos ofrece innovaciones y prestaciones que no siempre suponen una clara ventaja para el usuario y es de agradecer que, de vez en cuando, podamos decir que tal o cual innovación nos hace vivir una experiencia, en este caso musical o cinematográfica (que es de lo que se trata), más placentera .
Agradecerte también que resaltes el tradicional factor de buena relación calidad / precio de Polk Audio, lo que revela la honestidad del fabricante.
Polk Audio DSW MicroPro 4000, Pequeño pero matón
Ficha técnica
RESPUESTA EN FRECIENCIA 16-140 Hz. CORTE DE FILTRO regulable entre 40 y 120 Hz. AMPLIFICADOR clase D, 1.200W nominales (2.400W pico). CONECTIVIDAD Entradas de línea (RCA estéreo) o altavoz (bornes estéreo). DIMENSIONES 390 x 430 x 420 mm. PESO 28,1 kg. DISTRIBUYE Joytel (914471036).
Precio: 1825 €
