Moon 300D, Sorprendente
¿CÓMO LO CONECTO A MI ORDENADOR?
- SIMAUDIO ha sabido 'cocinar’ un aparato de excelente sonido con ingredientes electrónicos ordinarios.
- Precio: 1152 €
- Valoración de los especialistas: 5
- Texto: Josep ARMENGOL
Simaudio es una compañía canadiense que inició su andadura en el mundo del sonido profesional y doméstico en 1980. Especializada en amplificadores, pronto sus productos fueron muy apreciados por aficionados -y profesionales- de todo el mundo, y además de sus cualidades sonoras empezó a destacarse por la originalidad de sus diseños en un mundo prácticamente dominado por cajas negras cuadradas. A finales de los noventa, introduce la serie Moon como techo de calidad audiófila, y así sigue su evolución hasta nuestros días, con una completa gama que comprende no sólo elementos de amplificación, sino también procesadores de cine o fuentes digitales que, en algunos casos, han sido pioneras en la introducción de algunas tecnologías en el mercado. Este mes, traemos a nuestras páginas precisamente una fuente digital, el convertidor digital-analógico (DAC) 300D.
POR DENTRO
El aspecto exterior es impecable: caja realizada en metal de buen espesor, frontal de aluminio con indicadores de frecuencia y selector de entrada, todo excelente. Una vez abierto, el orden y la calidad se mantienen, aunque el Moon 300D está diseñado de forma muy sencilla, con componentes corrientes y sin ningún lujo. El circuito está dividido en dos placas de circuito impreso de buen nivel y con componentes clásicos (sólo son SMD o de montaje en superficie algunos chips y poco más), la placa inferior alberga la alimentación y la parte analógica de salida, mientras la placa superior tiene toda la parte digital.
La alimentación corre por cuenta de un transformador toroidal bien dimensionado, de 10VA, cuando el circuito consume en torno a la mitad, unos 5W, que permiten dejarlo conectado siempre sin problema. Le sigue tras la rectificación un buen filtrado inicial (electrolíticos Nichicon) y varios reguladores (con el tradicional LM317) dedicados, por un lado, a la parte analógica de salida y, por otro, a cada circuito digital (recepción de señal digital o USB, y convertidor).
Las entradas SPDIF (dos coaxiales y una óptica) son recibidas por el clásico chip CS8416, que admite frecuencias de muestreo de hasta 192kHz y palabras de hasta 24 bits. La entrada USB, en cambio, tiene como receptor un ya algo anticuado chip PCM2705, que además alberga un convertidor DAC en su interior, aunque, en este caso, no se usa sino que se redirige el flujo digital hacia el receptor 8416 para mejorar la señal, que de cualquier forma no podrá ser de resolución mayor que 16 bit y 48 kHz (el límite de esa familia de chips USB). Las señales digitales, resincronizadas por el CS8416 con un reloj de precisión situado en la placa muy cerca del chip, son enviadas al convertidor encargado de pasarlas a audio analógico -ése sí un chip de reciente generación- y de nuevo colocado muy cerca del anterior en la placa. Es un Burr Brown PCM1793, con oversampling interno a 8x de la frecuencia CD (es decir, 8 x 44’1kHz = 352’8 kHz). Debe quedar claro que este oversampling no es equivalente a un sobremuestreo realizado sobre la señal digital entrante, como hacen otros convertidores con chips dedicados a eso. En el Moon 300D la señal digital entra al DAC a su frecuencia original (44’1kHz en el caso de discos compactos) y es la propia arquitectura interna de dicho DAC la que realiza el proceso comentado.
Una vez en el dominio analógico, las señales viajan a la placa inferior, donde la circuitería de salida las prepara para poder ser utilizadas por nuestro equipo. En esta parte, el Moon utiliza un amplificador operacional doble muy clásico por canal (el NE5532), con componentes de calidad a su alrededor (condensadores Wima de polipropileno metalizado para la señales) y un buen diseño de la placa hacia las dos salidas disponibles, balanceada (conectores XLR) y no balanceada (RCA).
Como ven, pues, no hay tecnología espacial a la vista y debo confesarles que sentí cierta desilusión: dados los antecedentes de la marca, esperaba encontrarme en su interior lo ultimísimo en chips digitales y una alimentación y parte analógica de salida llena de lujos, pero todo lo que acabo de describir es de lo más básico que uno puede encontrar. Mi relativa desilusión con este Moon encontró respuesta al buscar algunas referencias: la placa digital es exactamente la misma que Simaudio ofrece como opción en algunos de sus productos (previos y amplificadores integrados) para añadirles esa funcionalidad (entradas digitales y un DAC interno). Así que debemos ver este 300D como la versión independiente de esa placa DAC opcional y eso explica esa arquitectura interna (la placa digital pura con la alimentación y parte analógica aparte) que, dicho sea de paso, es una buena idea de cara a evitar que las señales digitales (eventualmente ruidosas) se mezclen con las analógicas (léase: la música).
EN ACCIÓN
Después de verlo por dentro sentía, por una parte, menos ganas de ponerme a escuchar este aparato, pero a la vez también me picaba mucho la curiosidad, pues Simaudio tiene excelente reputación (es el primer aparato de la marca que pruebo) y había detalles en lo que había visto que no me pasaron desapercibidos (la limpieza del diseño y el orden en la disposición de los componentes).
Un inciso importante: a partir de aquí, cuando hablemos de diferencias debe quedar claro que en algunos casos son tan sutiles que sólo las podremos detectar con un equipo en condiciones, ya sean auriculares de calidad con un buen amplificador dedicado, o un sistema de altavoces correctamente instalado, pues en muchas ocasiones de otra forma (con altavoces activos aún de calidad en la mesa del ordenador, por ejemplo), ponerse a comparar calidad sonora sería un esfuerzo estéril; dicho de otro modo, para eso posiblemente no necesitemos, ni apreciemos, un aparato como este Moon.
El uso con un ordenador lo he detallado en un recuadro aparte, así que les recomendaría empezar por ahí. El siguiente paso fue, como hago con cualquier DAC (comercial o invento procedente de mi mesa de trabajo) usarlo con el Squeezebox, los geniales aparatos de Logitech dotados de salidas digitales y analógicas y que convierten en música las señales que vía WiFi reciben del ordenador usado como servidor. El DAC interno que tienen no está mal, pero es sobre todo usando sus salidas digitales como podemos aprovechar su rendimiento. Ahí encaja perfectamente un aparato como este Moon 300D, que pasó un buen número de horas sonando así para completar las 300 que el fabricante recomienda de rodaje mínimo antes de una escucha crítica.
Para eso dediqué el equipo estéreo principal, con una pareja de B&W 802D, auténticos microscopios con los que analizar cualquier aspecto de la calidad sonora de una fuente, y alimenté al Moon tanto vía ordenador como con el Squeezebox, o con un transporte CD de primerísimo nivel que, además, sirvió como elemento comparativo al tener también entradas digitales (Meridian 808).
Y escuchándolo fue como perdí los prejuicios que tenía desde su análisis interior. Bien por el equilibrio entre componentes, su ubicación en la placa electrónica o algo que Simaudio domina y a los demás se nos escapa observando su circuitería, este DAC suena mejor de lo que esperaba y apunta alto. Con tan injusto enfrentamiento como el comentado con el Meridian, un orden de magnitud superior en precio (sí, eso es un cero más a la derecha), las diferencias era sutiles y sólo un oído entrenado las aprecia en mayor fluidez, precisión y suavidad por parte del aparato superior, sobre todo con voces o vientos. Pero dejando las comparaciones a un lado y centrándonos en disfrutar de la música, no hay duda de que el Moon 300D permite hacerlo: mis discos favoritos desfilaron en varias tardes de placer, y me queda aún el recuerdo tan contrastado de la precisión y afrutada tímbrica de los conciertos para violín de Bach (Hilary Hahn) con el ritmo y marcha de Madonna (Confessions on a dance floor).
CONCLUSIÓN
Les fui sincero al revelar la decepción que sentí al abrir este aparato y no descubrir ninguna tecnología espacial en su interior, pero les tengo que ser igual de sincero a la hora de la conclusión: el resultado final, lo que cuenta, “cómo suena”, me ha sorprendido y demuestra que a veces para conseguir un buen sabor no son los ingredientes lo más importante sino cómo se cocinan. Mi única crítica permanece en la conexión USB, ya que uno de los motivos para utilizar hoy en día un ordenador como fuente digital es precisamente la cantidad de sonido en alta resolución disponible, y no podríamos aprovecharla directamente con este Moon (sí usando un adaptador). Por lo demás, quien quiera mejorar un lector Blu-ray o DVD de gama media o baja sin más complicaciones que conectarlo, disfrutarlo y olvidarse de él, tendrá en el 300D una buena opción como DAC.
¿CÓMO LO CONECTO A MI ORDENADOR?
Empecé por probar la entrada USB mientras el equipo acumulaba horas de rodaje. He tenido numerosos adaptadores USB basados en el mismo chip y no descubrí nada nuevo: el aparato es reconocido rápidamente como USB Audio Device y sin ningún problema por el ordenador bajo cualquier sistema operativo común y, gracias al aislamiento del ruidoso entorno interno, la ganancia es obvia respecto de las salidas analógicas del propio ordenador (salvo muy contadas excepciones), tanto en ruido de fondo como en calidad de matices o riqueza tímbrica.
Muchos ordenadores incluyen salidas digitales de audio (coaxial u óptica), así que la siguiente prueba era comparar la conexión USB con una de ésas, en este caso, una óptica: la conexión desde el portátil al 300D mejoraba claramente a la del mismo ordenador por USB. No sólo el aislamiento galvánico que aporta la fibra óptica es fundamental (por algún motivo mi portátil es especialmente ruidoso vía USB si tiene el cargador conectado), lo que se aprecia es una clara (clara pero sutil y apreciable en ciertas condiciones sólo, recuerden) mejoría de la presentación espacial: más profundidad, más precisión en la colocación de fuentes sonoras virtuales dentro de la escena. Y una tímbrica menos agresiva en medias y altas frecuencias.
¿La tercera opción? Le montamos al ordenador un adaptador USB-coaxial de calidad (yo utilizo el ya famoso HiFace italiano) y atacamos al Moon 300D por cable. Existe un nuevo salto hacia adelante en calidad y en la misma dirección: más transparencia, más suavidad, más profundidad. Y un grave más profundo y mejor definido también, aunque destaca la ganancia en altas frecuencias, ya que a la vez es más transparente (escuchamos prolongarse más la resonancia de un triángulo o platillo), pero sin agresividad.
Moon 300D, Sorprendente
Ficha técnica
CONECTIVIDAD Entradas digitales: 2 coaxiales y 1 óptica SPDIF compatibles con 24 bit y frecuencias de 44’1 hasta 192 kHz. 1 entrada USB (compatible PC sin drivers) capaz de 16 bit/48kHz. Salidas analógicas: RCA y XLR balanceada, Entrada para mando a distancia infrarrojo opcional (jack 3’5mm). NIVEL FIJO 2’0V (impedancia 100ohm). RELACIÓN SEÑAL/RUIDO -115dB. RESPUESTA EN FRECUENCIA 2Hz-72kHz (+0 -3dB). SEPARACIÓN DE CANALES 115dB. DISTORSIÓN ARMÓNICA TOTAL inferior a 0’001% a 1kHz. CHIP RECEPTOR SPDIF Crystal CS8416. RECEPTOR USB Burr Brown PCM2705. CHIP CONVERTIDOR Burr Brown PCM1793. DIMENSIONES 190 x 89 x 295 mm. PESO 3 kg.
DISTRIBUYE Sound & Pixel Planet (918259954).
Precio: 1152 €
