Burson PI-160, Mata gigantes
CONSTRUCCIÓN
- La transparencia del sonido, la precisión de la escena, la neutralidad… ¿es posible que el Burson suene tan bien? pues sí
- Precio: 1750 €
- Valoración de los especialistas: 6
- Texto: Josep ARMENGOL
Burson Audio es posiblemente un nombre nuevo para la mayoría de ustedes, pero aquellos con afición a desmontar y modificar aparatos sí que lo conocerán, pues se hicieron famosos al ofrecer uno de los primeros productos diseñados a base de componentes discretos para reemplazar los amplificadores operacionales integrados en aparatos de audio, habitualmente lectores de discos compactos. La empresa debe su nombre a su fundador, Mark Burson, un australiano ahora jubilado, aunque sigue de cerca la actividad de la empresa.
Técnico de sonido y gran amante del audio doméstico, muy conocido en los círculos de aficionados en su Melbourne natal, de sus reuniones con otros audiófilos nacieron los citados operacionales discretos, y partir de 2005 su equipo de colaboradores empezó a fabricar aparatos comerciales. La gama es muy pequeña y con precios bastante asequibles, y comprende sólo amplificación para auriculares o altavoces además de un convertidor DAC.
Todos ellos han recibido excelentes críticas alrededor del mundo y este mes nos ha correspondido probar su último amplificador integrado, el PI-160, que tiene por compañeros en el catálogo un previo y una etapa de los que claramente el integrado toma algunos componentes, por dentro y por fuera.
Yo soy uno de esos aficionados a desmontar aparatos y jugar con el soldador en la mano a intentar mejorarlos, así que a mí sí me sonaba mucho el nombre Burson, aunque nunca había tenido en mis manos uno de sus operacionales.
Cuando surgió en la revista la oportunidad de probar este amplificador levanté rápidamente la mano porque tenía mucha curiosidad...
PRUEBA
Las fotos del previo y etapa de la misma serie me hicieron pensar que este integrado usa como base la etapa, añadiendo el selector de entradas y el control de volumen, algo que por otra parte es muy habitual (sobre todo en amplificadores de válvulas minimalistas). Puesto que una de las entradas es directa a la etapa interna del integrado, decidí empezar probándolo de esta forma porque siempre es la amplificación la clave de cómo rendirá un integrado: si ésta funciona y la parte de previo no lo hace nada mal, entonces el éxito está asegurado.
Tras instalarlo en mi equipo estéreo (con los monitores Merlín) y dejarlo una noche en marcha, comprobé que el Burson se mantiene sólo tibio al tacto y que sólo pegando el oído a los tweeters de los altavoces se percibe un levísimo siseo residual: éste es un amplificador realmente silencioso; también el transformador está libre de ruidos mecánicos y ni acercándonos a la caja se aprecia ningún zumbido. El cuidado tenido con la alimentación se empieza a notar.
Como etapa, usando mi habitual previo (uno pasivo con transformadores S&B extremadamente transparente), el Burson ofrece una calidad sonora francamente sorprendente: nada agresivo, muy limpio, muy transparente también, verdaderamente lo más parecido al proverbial trozo de cable con ganancia del que se suele hablar al tratar de previos o etapas que dejan pasar toda la información sin restar ni sumar nada. Confieso que mi pasión por la amplificación en Clase A me tenía algo a la defensiva con el Burson (que tiene un diseño de salida muy normalito y en clase AB) pero está claro: aquí se aplica eso de que a veces es menos importante la receta y sí cuentan mucho los ingredientes; es decir, importa más haber usado componentes muy bien elegidos para cada función y una alimentación excelente, que es la base necesaria para que un amplificador funcione bien.
Pero mientras escuchaba el Burson nada de esto pasaba por mi cabeza, la verdad. A veces vertemos ríos de tinta alabando el carácter de un amplificador, normalmente de válvulas, elogiando su seductor sonido, pero es cuando uno está frente a un aparato como éste, neutral, preciso, perfecto, cuando se da cuenta de que ahí es donde radica toda la esencia de la expresión alta fidelidad. Y, sí, he escrito la palabra perfecto, pero es que mi equipo estaba sonando con el Burson de forma maravillosa.
Llevaba una temporada con mucho lío y poco tiempo para sentarme a escuchar música, pero gracias a este robusto australiano pasé muy buenos ratos sin otra cosa en que pensar que en dejarme llevar por la música.
El Burson obliga a olvidar su precio porque pertenece a esa liga por derecho propio: su transparencia y neutralidad me permitían apreciar aquellos detalles, esa microinformación, que distingue los equipos de música de buen nivel de aquellos que están un paso más allá y ofrecen una holografía sonora.
Un platillo suena como en directo y distinguimos el golpe de la resonancia; cuando una voz está cerca del micro apreciamos cuándo está a milímetros o se separa ligeramente y sus inflexiones, la aceleración en el arco de un violín… La lista sigue, las horas pasaban y yo seguía soldado al sillón escuchando música como si fuera el primer día.
¿Se rompe esa magia al usarlo como integrado? Afortunadamente no: al pasar de la conexión directa (con previo externo) a cualquiera de las otras dos, de línea y usando el previo interno, el cuidado en la realización de esta parte es también evidente y el uso del control de volumen por pasos, muy preciso: queda patente en la escena sonora recreada, con fuentes virtuales de sonido extremadamente estables.
Como digo estoy acostumbrado a un previo muy transparente y preciso, pero no lo eché de menos y todo lo dicho unas líneas más arriba, en realidad, es en parte ya usando el Burson como está previsto, como integrado.
Sí eché en falta un mando a distancia, será que me hago mayor (y más vago), y tenemos un problema habitual con controles de volumen por pasos: la ganancia total es alta (la parte de previo podría tener menos ya que con un pasivo externo lo usé sin problemas) y eso hace que al tercer o cuarto click ya tengamos un volumen notable, según los altavoces usados. Pasar del quinto o sexto clic será raro y llegar al décimo (que aún no es medio mando) casi imposible…
La neutralidad del Burson permite disfrutar directamente de las grabaciones, pero no perdona: si Gary Moore (en paz descanse) o Diana Krall (o su productor) eligieron una producción ligeramente agresiva para un disco, así es como se lo presentará su equipo si es realmente neutral. Pero la cantidad de detalles que llegan a nuestro oído es tal, la sensación de directo tan grande, que incluso algunos discos que en otro caso han sonado demasiado detallados aquí sencillamente suenan reales.
CONCLUSIÓN
Pocos integrados, de cualquier precio, pueden presumir de sonar (o quizás sería mejor decir no sonar) como éste. Quizás la potencia máxima relativamente moderada pueda quedarse corta en algún caso. No ha sido el mío ni siquiera en la breve prueba con las 802D, y desde luego un aspecto menos espartano y mayor funcionalidad (más entradas y un mando a distancia de volumen) serían bienvenidos. Y hasta ahí puedo criticar…
Si tenemos un equipo minimalista (con un par de fuentes) y queremos la máxima calidad sonora por el menor precio posible, yo no conozco alternativas a este estupendo PI-160: totalmente recomendado.
NOS GUSTA
Calidad sonora con nivel de referencia, neutral y transparente.
Construcción excelente por fuera y por dentro.
Concepción electrónica: amplificación sin circuitos integrados y alimentación muy perfeccionada.
Precio competitivo.
MEJORABLE
Menor ganancia o saltos menos marcados en la primera mitad del volumen.
Mayor número de entradas.
Mando a distancia por lo menos para el volumen.
CONSTRUCCIÓN
La primera sensación tras desembalarlo es la de estar frente a un aparato muy espartano, muy sencillo, y para ser relativamente compacto pesa bastante además de responder con “cero resonancias” al tacto. Al abrir la tapa descubro por qué: el chasis de este integrado es de lo más brutal que ha pasado por mis manos. La tapa es una placa (llamarla chapa sería un insulto) de aluminio de 4mm de espesor (muy rara vez se ven cubiertas ni siquiera de la mitad) y los laterales están realizados con perfiles de aluminio cuya pared es de 6mm. El acabado externo, como decía, es demasiado sobrio, con un punto brillante que no me convence (me gusta más el cepillado o el semimate de chorro de arena), pero la robustez es algo nunca visto. Además de evitar problemas ligados a vibraciones mecánicas, esta caja ofrece un aislamiento extraordinario de la radiofrecuencia.
Dentro, el espacio está dividido por los disipadores de los transistores de salida, que ofician de pared central: a su derecha está el transformador de alimentación, un toroidal de 380 VA hecho por la misma Burson y con nada menos que cinco arrollamientos secundarios. La parte izquierda está ocupada entera por la placa con los circuitos, en la que destacan cinco disipadores correspondientes a la regulación de la amplificación. La placa está compuesta por componentes bastante variopintos, pero el análisis detallado me hace pensar que ninguno se ha elegido al azar: en aquellas posiciones en las que no es crítico se ha usado un componente económico, en las que la calidad se aprecia se ha usado algo bueno o muy bueno (como las resistencias Dale) y en muchos puntos ha habido claramente ensayos antes de elegir el componente, siempre escogiendo elementos de muy buena relación calidad/precio. Destacan varios condensadores electrolíticos de la marca Elna y diferentes series (según posición), unos diodos rápidos en la rectificación de la alimentación de la amplificación, condensadores Wima en diversos puntos... Quien ha diseñado y montado esta placa se ha molestado en hacerlo bien y se nota.
Como muestra, la reserva principal de la alimentación de las etapas internas corre a cargo de dos parejas de electrolíticos (Nippon Audio) de 10.000 mF a 63V, mientras que para la parte de previo es una pareja de Elna “Kenwood” de 4.700mF a 75V. No es un lujo, pero sí una excelente elección en cuanto a calidad. Es importante destacar el cuidado que se ha tenido con la alimentación, que incluye reguladores propios de Burson (a base de componentes discretos); de hecho es posiblemente lo más trabajado del aparato.
Los transistores de salida son Toshiba, dos tradicionales parejas de 2SC5200 y 2SA1943 por canal: la marca declara que el PI-160 trabaja en clase AB y por ello los transistores están fijados a un disipador (que parte la caja por la mitad) relativamente pequeño (la polarización en clase A aun hasta pocos Watios exige mayor disipación), si bien la propia caja entera del amplificador acaba haciendo de disipador por cómo está diseñada. Es importante destacar que en todo el camino de la señal no hay otra cosa que resistencias, condensadores y transistores: ni un circuito integrado a la vista, ni un operacional, como era de esperar en una empresa que se especializó precisamente en sustituir las “cucarachas” por circuitos discretos.
El frontal cuenta con tres mandos: interruptor de puesta en marcha (corta directamente el suministro eléctrico, es decir, no hay standby), selector de tres entradas y volumen. Importante comentar respecto del primero que la entrada “3” (más a la izquierda en la trasera del aparato) es realmente un acceso directo a la etapa interna y, por tanto, no pasa por el mando de volumen; mucho cuidado pues con conectar ahí una fuente que no tenga control de volumen (sonaría a tope); esta entrada es para un previo externo o un procesador de cine (perfecto pues para integrarlo en un equipo AV). Y en cuanto al volumen, destacar que no se trata de un potenciómetro sino de un mando por pasos (24) con resistencias; es decir, la señal pasa en cada posición por sólo una pareja de precisas resistencias y un sólido contacto, no a través de un cursor deslizante sobre una banda de plástico conductor. Esto asegura además un perfecto equilibrio entre canales.
Burson PI-160, Mata gigantes
Ficha técnica
Potencia continua de salida: 85W (8 ohm), 168 W (4 ohm), menos de 0’01% THD entre 20 Hz y 20kHz.
Respuesta en frecuencia: 10Hz a 250kHz (+-3 dB).
Relación señal/ruido: 98dB (entradas de línea 1 y 2).
Sensibilidad e impedancia de entrada: 240mV/20kOhm.
Dimensiones 430 x 100 x 360 mm. Peso neto 16’5 kg.
DISTRIBUYE Audiohum (637 880 948)
Precio: 1750 €
