Jamo R-909, Un riesgo muy acertado
COLOCACIÓN Y ESPACIO
- Jamo nos sorprende por duplicado: un diseño innovador y poco común y un sonido excepcional.
- Precio: 12000 €
- Valoración de los especialistas: 6
- Texto: Ramon Sendra
Como todo fabricante de cajas acústicas, Jamo siempre ha buscado ese modelo “utópico” que fuese capaz de proyectar música y que hiciera olvidar al espectador que, en realidad, estaba escuchando un recinto. Siempre hemos hablado de “cajas acústicas” puesto que asociamos el uso de transductores (altavoces) a cajas que eviten la cancelación de los sonidos, sobre todo los graves. Estos recintos suelen ser entre 20 y 50 veces el tamaño del cono más grande utilizado. Pero un problema de este tipo de diseño es que genera diferentes puntos de resonancia, es decir, picos en frecuencia que escapan al control de una reproducción fiel. Esto puede solucionarse con un recinto más rígido, aunque con sumo cuidado pues dicha frecuencia de resonancia puede elevarse hacia las bajas-medias, lo que a veces es peor. En resumen: es necesario diseñar un recinto que sea capaz de generar una excelente reproducción de las bajas frecuencias, lo suficientemente rígido para que éstas sean profundas y rápidas, pero sin pasarnos en la rigidez no sea que las medias pierdan claridad.
Además, tenemos que tener presente la presión del aire dentro del recinto. Cada vez que el altavoz se mueve hacia adentro el aire se comprime generando una fuerza contraria al recorrido del altavoz que afecta a su desarrollo. Esta energía contraria incide en la dinámica, ataque y precisión del sonido que se va a reproducir. Ya no hablemos cuando, en nuestro salón, queremos colocar de manera precisa una pareja de cajas acústicas. Todos hemos padecido este problema y hemos observado que una óptima colocación, si nos basamos en una buena imagen estéreo, a veces hace inapreciables las bajas frecuencias por culpa de la fase o justo lo contrario: unos pocos centímetros de diferencia y la bola de graves hace presencia. Entonces, ¿por qué no eliminamos el recinto en el diseño de una caja acústica? Ésta es la pregunta que impulsó a los responsables de Jamo a diseñar su R-909.
ALTAVOCES DIPOLARES
Un diseño dipolar permite la radiación del sonido por la parte frontal y posterior del altavoz, en fase opuesta. Un recinto acústico tradicional presenta ciertas radiaciones laterales que, al reflejarse en las paredes, devuelven el mismo sonido pero en fase inversa, lo que generará nuevos problemas en cancelación de fase. En el caso de los dipolares esta radiación lateral no existe.
¿Qué pasa con el sonido posterior en contrafase de los altavoces dipolares? Amén de pensar que pueden ser un problema, la verdad es muy distinta. Nuestro oído utiliza el primer sonido que recibe para determinar su dirección. Si colocamos un altavoz dipolar a 1 m mínimo de la pared posterior y girado levemente hacia el punto de escucha, el sonido reflejado que nos llegará (es decir, el que el mismo altavoz genera en la parte posterior) lo hará con el suficiente retardo a nuestro oído para añadir “profundidad” a la escena sonora, en vez de acusar un efecto de cancelación de fase. Estas reflexiones de segundo orden son las que dan al espectador la impresión de estar en una sala mucho más grande. Este mismo principio es al que THX recurre para justificar el uso de este diseño de cajas para los canales de efectos.
Hasta aquí, Jamo no ha descubierto nada, y de hecho, ya hemos analizado algunas propuestas que se basan en este mismo principio (como las Martin Logan Clarity). Pero es cuando hablamos de las bajas frecuencias cuando Jamo empieza a despuntar. Martin Logan, que cuenta con una amplia experiencia en este tema, utiliza paneles electrostáticos gracias a su excelente transparencia y buenos resultados en agudos y medias frecuencias. Pero mantienen el tradicional uso de un transductor acoplado en un recinto para la reproducción de las bajas. Esto es así, seguramente, por los problemas en sensibilidad, carga o amplificación que demanda, sobre el papel, un diseño dipolar para bajas frecuencias, sobre todo por debajo de los 200 Hz. En esta zona los problemas de cancelación de fase en el propio altavoz dipolar son evidentes. Por lo tanto Jamo, que además decidió utilizar transductores dinámicos, tuvo que diseñar un altavoz dipolar para graves extremadamente sensible y con una frecuencia de resonancia muy baja.
Para ello, empezó de cero con un diseño específico, con un cono muy ligero de papel y suspensión de goma para una rápida aceleración y desaceleración. Junto a una mecánica muy ligera, Jamo consiguió que su altavoz dipolar para bajas frecuencias ofreciese más de 100 dB a 200 Hz y que la de resonancia fuese de
27 Hz.
En el diseño del altavoz de medios, Jamo recurre al magnesio, por su ligereza y robustez. El cono propuesto alcanza los 9 kHz sin defectos en la reproducción de audio.
En cuanto al motor de agudos o tweeter, Jamo no lo duda ni un instante y acude al legendario Revelator de Scan Speak, con un sutil cambio para una mejor concordancia con las características de reproducción del altavoz de medios.
Siguiendo la tendencia en los últimos diseños de alta gama más recientes, Jamo también apostó por un filtro divisor extremadamente sencillo en configuración de bajo orden. La ventaja de utilizar filtros de 2.º orden es que no se producen demasiados problemas de fase, distorsionando al mínimo la reproducción acústica.
Finalmente, el recinto. Éste está formado por una plancha de siete capas de MDF unidas a muy alta presión. Su forma curvilínea evita cualquier difracción e incluso mejora la rigidez del conjunto. Todo ello unido a una pesada base de 26 kg, donde encontramos los bornes de conexión y se aloja el filtro divisor. En la parte posterior encontramos una robusta columna de acero inoxidable de 5 x 60 mm que, todavía más, mejora la rigidez y estabilidad del altavoz. Como debe ser, se suministra con unas puntas de desacoplamiento que aseguran un buen contacto mecánico con el suelo.
A PRUEBA
Las pruebas las realicé en las instalaciones de Macam, en Barcelona, concretamente en su sala de escucha principal. Lo primero fue colocar en su sitio nuestra pareja de invitadas, algo muy fácil gracias, sobre todo, por su peculiar, extraordinaria y magníficamente bien resuelta escena frontal. Si los de Jamo querían eliminar el “efecto caja”, ya anuncio que lo han conseguido. Incluso con las primeras audiciones musicales destinadas más a perfeccionar la posición de las cajas respecto al punto de escucha que a la misma evaluación, me di cuenta muy rápido de lo invisibles, acústicamente, que resultan. Así, desaparece casi por completo la impresión de estar escuchando dos cajas en esos dos puntos visibles, más bien una amalgama de infinitas cajas acústicas no sólo en una línea perpendicular al punto de escucha, sino también en profundidad. Es difícil describir en palabras dicha sensación. Mientras que lo que debe estar justo en el centro de la escena sonora se mantiene ahí, percibía igualmente una profundidad sonora que le otorgaba tridimensionalidad. Las R-909, además, facilitan muchísimo la identificación de los instrumentos (lo que confirma una excelente respuesta tímbrica), ya sea para bien o para mal (con estas Jamo, lo que esté musicalmente mal producido sonará peor).
Los agudos (de los que no esperaba demasiados problemas) son muy correctos, sin llegar a ser agresivos ni tampoco demasiado suaves. Los Scan Speak utilizados consiguen una reproducción muy nítida y compacta. Lo mismo con la reproducción de los medios, en perfecta coherencia con los agudos pero con la necesaria fuerza para llenar de cuerpo incluso al instrumento más difícil. Los graves, sinceramente, espectaculares. No pensaba yo que un “recinto” como el que Jamo propone consiguiera dicho resultado. Sorprende.
Hasta tal punto que una de las particularidades de estas cajas es, curiosamente, la elección de la electrónica de ataque.
Empezamos con una etapa de amplificación híbrida digital SDAI 2175 de Lyngdorf, que se caracteriza por su compacto tamaño pero muy buenas especificaciones técnicas. Así, este modelo ofrece unos 375 W sobre cargas de
4 ohmios (la de estas Jamo). Este sofisticado amplificador resulta un buen acompañante para las R-909 cuando la presión sonora no debe ser muy alta. No es que se atragante ante transitorios concretos, sino que le falta cierto empujón cuando la sala es grande (como lo es la mayor de las de Macam).
Puestos a hacer las cosas bien, asociamos las Jamo a un conjunto previo y etapa de Meridian, en concreto los modelos G02 y G57. Ahora era posible conseguir mayores presiones sonoras sin un gran esfuerzo, pero apareció, curiosamente, cierto descontrol en las bajas frecuencias. ¡Bajas frecuencias! Así es. Aunque esta nueva combinación resultaba idónea, por ejemplo, con música moderna algo comprimida (como las producciones de principios de los noventa). Volviendo a la batería de temas de escucha a los que suelo someter los equipos se notaba cómo los graves incluso entorpecían el buen desarrollo de la banda media. Eso sí, confirma no sólo un excelente potencial en graves sino también una bajada de frecuencia realmente sorprendente, muy por debajo de lo que muchos apostarían.
Como no podía irme sin encontrar una configuración homogenea (de las muchas que hay, incluyendo las características acústicas de la sala), terminamos con una combinación realmente espectacular (en calidad y resultados). Ahora era el turno de asociar las R-909 con un conjunto previo y etapa de McIntosh, entrando en concurso el previo MX135 y la etapa de 7 canales MC207 (de la que utilizamos sólo 2).
Esta combinación corrige todos los pequeños problemas de las dos anteriores. Los graves se mantienen en liza sin desbordarse en ningún momento, mientras que los transitorios son ejecutados con total precisión.
Los tres cortes de frecuencia (las tres vías) muestran un comportamiento ejemplar, siendo incapaz de definir dónde empieza una banda y dónde la otra. La imagen sonora persiste en su excelente profundidad y amplitud, crítica en detalles por minuciosos que sean. Una audición totalmente placentera y tranquila, incluso a altos niveles de presión sonora. Un lujo acústico que muy pocas veces podrá repetirse.
Las R-909 de Jamo son algo más que una carta de intenciones. Su diseño rompe numerosas barreras y renueva el concepto que, desde siempre, hemos tenido de las cajas acústicas. Nadie ha puesto límites a una solución que, difícilmente, dejará insatisfecho a nadie. Recomiendo, de manera fervorosa, su audición. Y si no salen contentos, plantéense nuevas combinaciones con etapas o salas de mayor tamaño. Que las Jamo no tienen culpa.
COLOCACIÓN Y ESPACIO
Las R-909, como el resto de cajas de diseño dipolar, necesitan de la cooperación de nuestra sala de escucha. Si, por ejemplo, las colocamos en un sitio donde la pared posterior (nuestra frontal) sea muy absorbente, todas las ventajas del diseño dipolar se van al traste. Los sonidos de la parte posterior de la caja serán absorbidos y mermarán la profundidad de la imagen sonora. Asimismo, colocarlas muy cerca de las paredes (laterales y posterior) afectará al tiempo de reflexión de las ondas de segundo orden, lo que provocará en nuestros oídos el embrollo entre el sonido directo y reflejado.
En las pruebas confirmo que, amén de una colocación “básica” (que incluye girarlas unos 30º hacia el punto de escucha, como aconseja el fabricante), no son tan difíciles de situar como otro diseño de recintos acústicos. De las Martin Logan, por ejemplo, sabemos que su ubicación debe ser lo más precisa posible, o de otras cajas de diseño tradicional debemos tener la lógica cautela de mantener cierta distancia a causa del puerto bass reflex o evitar, a veces, las reflexiones laterales.
Jamo R-909, Un riesgo muy acertado
Ficha técnica
Sistema: 3 vías, dipolar. Transductores: 2 altavoces de graves de 380 mm, 1 altavoz de medios de 150 mm, 1 motor de agudos de 25 mm. Sensibilidad: 89 dB/W/m. Respuesta en frecuencia: 25 Hz-35.000 Hz. Impedancia: 4 ohmios. Frecuencias de corte del filtro divisor: 250 Hz y
2 kHz. Peso: 63,1 kg. Dimensiones: 1.276 x 488 x 541 mm. Acabados: Negro piano, rojo y amarillo.
Distribuye: Jamo (933004458).
Precio: 12000 €
