Philips 42PF9731, Un LCD que casi me convence
- Me ha sorprendido que haya sido Philips quien, con este 42PF9731, haya colocado el LCD en la órbita correcta.
- Precio: 3999 €
- Valoración de los especialistas: 5
- Texto: Ramon Sendra
Todos ustedes deben conocer mi “lucha” constante contra el LCD. Dicha tecnología ha sido presentada durante mucho tiempo (sobre todo en estos últimos dos años) como la panacea audiovisual doméstica. Sony, Philips, JVC, LG, Samsung y Sharp, entre muchas otras, nos iban prometiendo mejores paneles temporada tras temporada, capaces de reproducir las imágenes de televisión como nunca. Durante este tiempo, ha parecido como si CEC, esta publicación, hubiera iniciado una campaña contra algo con lo que casi todo el mundo parecía estar de acuerdo: señores, según nosotros al LCD todavía le falta algo para ser válido en aplicaciones audiovisuales. Hemos dividido siempre la frontera entre “televisión” (refiriéndonos a la visualización de los programas que se emiten a través de las ondas herzianas y, ahora, vía TDT) y “audiovisual” (la reproducción de películas y otros contenidos audiovisuales desde fuentes externas de calidad: DVD-Video, Blu-ray, HD DVD, HTPC, etc.). Hemos visto que el LCD dominaba, incluso a velocidad de vértigo, el mercado de la televisión y muchos eran los que se dejaban aconsejar por esas falsas sentencias generalistas.
Nuestras mediciones y nuestra experiencia nos demostraba una y otra vez, que sólo el plasma y algún que otro retroproyector muy concreto (eso sí, con la excepción de algunos modelos LCD de alta gama), podían reproducir con mayor fidelidad los contenidos de nuestros discos.
El LCD gana al plasma en cuanto a brillo, lo que facilita a los usuarios disfrutar de la televisión en ambientes muy iluminados. No pasa lo mismo cuando queremos disfrutar de una película, donde controlamos la luz ambiente y otorgamos una mayor importancia a la calidad de imagen. Una imagen que, además, supera en calidad y resolución a las señales que nos llegan a través de las ondas. El alto brillo de estos LCD hace que el nivel de negros se vea comprometido, al igual que los primeros grises. La mayoría de las películas de cine demandan una excelente reproducción de esos grises, por lo que el LCD sale perdiendo.
Curiosamente, otro defecto propio del LCD es su capacidad de resolución. ¿Cómo definir esto? Es sencillo. Las pantallas LCD están compuestas de millones de celdas que dejan o no pasar la luz. La forma y geometría de estas celdas está muy bien definida. Por ello el LCD ha copado con éxito el mercado de los monitores informáticos, ya que en este campo se demandaba un monitor que fuese capaz de ofrecer una excelente definición de los caracteres escritos. Cuando el LCD salta a la televisión, esa capacidad de definición se convierte en un problema. Las señales de definición estándar (SD) deben escalarse a las diferentes resoluciones que presentan los paneles LCD, a veces llegando a cuadruplicar las líneas originales. La calidad de dicho escalador se vuelve fundamental a la hora de tener que evitar que dicho escalado convierta una imagen ya de por sí “difícil” (la resolución SD de las emisiones de televisión es un anacronismo en nuestra era), en otra hasta cuatro veces más grande sin la aparición de los molestos artefactos como dientes de sierra o separación inadecuada de planos. Incluso con señales en alta definición, la alta resolución perceptual de los LCD hacía poco verosímiles las imágenes mostradas. Todavía no terminan los problemas.
Otro importante ha sido la reproducción del color. Hasta hace muy poco era fácil reconocer a simple vista qué era un monitor LCD y qué uno de plasma: el rojo delataba al primero. Hace poco más de un año visité Japón de la mano de Sony, donde éste mostró a la prensa especializada un panel LCD que, junto a un sistema de iluminación posterior diferente, conseguía controlar casi a la perfección dichos rojos. Otros fabricantes han optado por el procesado de vídeo, invirtiendo generosas cantidades de dinero en el desarrollo de circuitos que consiguieran, con mayor o menor éxito, controlar todos y cada uno de los defectos propios de la tecnología LCD. Cuidado, que el plasma tampoco es que sea perfecto por definición. Esta tecnología ha necesitado muchísimos años de investigación para llegar donde ha llegado. Durante un tiempo ha sacado provecho de la dificultad que ha supuesto para el LCD superar las 42”, consiguiendo tiempo para hacerse un importante hueco. Por desgracia, muchas compañías han ido abandonando el plasma a favor del LCD por sus más bajos costes de producción y su versatilidad en la generación de diferentes modelos (recordemos que no hay modelos de plasma por debajo de las 37”). Sólo Panasonic y Pioneer (sin olvidar a Hitachi o Fujitsu) parecen encabezar en solitario el desarrollo de la tecnología del plasma, eso sí, ofreciendo unos resultados realmente espectaculares. Cuando desde estas líneas hablamos de “resultados espectaculares” nos referimos a la capacidad de ofrecer una excelente imagen en aplicaciones audiovisuales, léase cine.
Creo que es mi primer banco de pruebas en el que hasta casi la tercera página no introduzco al producto que voy a analizar. Se llama 42PF9731 y es de la holandesa Philips. Según el catálogo de la marca, es el segundo modelo empezando por el “mejor”, aunque el que le supera, el PF9831, presenta varias características que lo hacen, definitivamente, un modelo diferente. Eso sí, ambos son modelos de gama alta, tal y como nos recuerda su precio de venta recomendado (en el caso de nuestro invitado, sensiblemente inferior). A la muy buena calificación que otorgo a este televisor debo añadir que parte de ello corresponde al amplio y magnífico elenco de prestaciones extras que ofrece. En cuanto a conectividad no hay nada que podamos reprocharle, a excepción de la venidera HDMI 1.3, que sólo tendría sentido si pudiese sacar ventaja de las particularidades técnicas superiores que dicho estándar ofrece (que no es el caso). De cualquier modo, disfruta de un par de entradas HDMI y una de vídeo por componentes, junto con la habitual serie de conexiones SD, entre ellas un par de SCART compatibles RGB o una entrada VGA. En uno de sus laterales podemos encontrar varios zócalos que nos permitirán introducir tarjetas de memoria, tanto para poder disfrutar de las fotos que realizamos con nuestra cámara como para archivos musicales. Incluso hay un puerto USB. Pero para este menester, cobra sentido la inclusión de una entrada Ethernet que, junto al conocido Philips Media Center, un software que instalado en nuestro PC Windows (desgraciadamente no hay versión Mac) nos permite disfrutar de los contenidos A/V en él almacenados, amplía esa capacidad de reproducción total a la que aspira la holandesa.
Es un televisor de 42” de 1.080p de resolución aunque, como todavía es habitual, no acepta señales 1.080p nativas, llega sólo hasta el estándar 1.080i.
El panel está enmarcado dentro de un chasis en piano negro brillante que tiene un ancho bastante generoso. A diferencia de otros modelos LCD de similar precio que ponderan justamente un diseño slim, Philips tiene que renunciar a ello justamente por algo que también hace única a la marca: el Ambilight. Esta tecnología, de momento exclusiva (un responsable de la marca hace poco me comentaba la posibilidad de poder comercializar el Ambilight para otras firmas), es mucho más, bajo mi parecer, que una simple “pijada”. Ya saben de qué va: una serie de fluorescentes colocados detrás de la pantalla (en este caso desde tres lados: arriba, izquierda y derecha) iluminan la pared posterior con la clara intención de ampliar la sensación de pantalla grande. El efecto funciona, algo que se puede comprobar desconectando el sistema y notando cómo se reduce la sensación comentada. En la actualidad, este sistema ha mejorado muchísimo y ahora es capaz de iluminar mejor la pared (se ha aumentado el brillo) con unos colores todavía más precisos. Además, y supongo que involuntariamente, esta iluminación conseguía engañar a nuestros ojos cuando delante teníamos un panel LCD: al aumentar el brillo de la luz ambiental los difíciles negros de la tecnología LCD no lo parecían tanto. Como era de esperar, nuestro invitado viene con sintonizador digital terrestre de serie, con zócalo para tarjetas de acceso condicional integrado y salida (¡y entrada!) de audio digital en S/PDIF, tal y como marca el estándar. No ofrece funciones MHP.
Siguiendo la línea de la filosofía Sense and simplicity de la marca, que intenta acercar la última y más moderna tecnología a todo tipo de usuarios sin demandar que éstos sean expertos en nada, debo volver a recordar el sistema de configuración “intuitiva” que también incorpora este modelo. Siempre hemos comentado que la configuración de cualquier televisor o sistema de visualización resulta imprescindible, sobre todo en productos destinados al mercado masivo. Todavía se arrastra esa manía de configurar los televisores de fábrica para que resulten atractivos en las tiendas.
Philips ha vuelto a apostar por ese sistema de configuración que ofrece al usuario diferentes imágenes lado a lado dejando al usuario elegir cuál ve mejor. Si se sigue un criterio “cinéfilo” debo reconocer que el ajuste final es bastante convincente, ya que sólo se debería ajustar de manera más precisa el brillo.
Este televisor también destaca por la incorporación de casi todas las tecnologías de procesado de imagen propias de la firma: desde el Pixel Plus 3 HD o el (inapropiado, bajo mi parecer) Digital Natural Motion hasta el procesado Clear LCD, cuya misión es controlar algunos defectos característicos de la tecnología LCD. Todos estos sistemas pueden conectarse o desconectarse a voluntad, por lo que recomiendo prescindir (como mínimo durante el disfrute de películas) del Digital Natural Motion, reducir al mínimo el efecto de algún reductor de ruido 3D y MPEG y probar todas las posibilidades que se ofrecen para conseguir, ya que es posible, una imagen muy convincente. Este televisor también incorpora un sensor de luz que recomiendo encarecidamente desactivar.
El primer ajuste lo realicé siguiendo los pasos de ese sistema intuitivo y, después, busqué un ajuste más preciso basándome en lo que el DVE me ofrecía: sólo modifiqué el brillo y, muy poco, el contraste. ¿Cómo puede ser que este LCD me esté gustando tanto?
EL SECRETO
Las señales de TDT y otras de definición SD similar (las que me llegan a través de Imagenio) se ofrecen en pantalla con una calidad bastante correcta, difícil de mejorar. Debo reconocer que, durante un momento, estaba dudando si realmente miraba un televisor LCD o uno de plasma. Por un lado no apreciaba los problemas de “demasiada resolución” que suelo detectar fácilmente en cualquier LCD, y eso que nuestro invitado tiene 1.080 líneas de definición. Supuse que parte del procesado intenta suavizar mínimamente esas imágenes para conseguir tal efecto.
También percibí una coherencia bien conseguida de toda la gama cromática, aunque es verdad que a costa de “lavar” mínimamente el resultado global. De esta manera, Philips consigue unos rojos que se complementan perfectamente con los verdes y azules, ¡incluso mirando Antena3!. Asimismo, no aprecié los típicos artefactos en movimiento, y eso que la velocidad de respuesta de este panel es de 8 ms, aunque el Clear LCD es capaz de “reducirlo” a 3 ms. Con imágenes SD de mayor calidad (es decir, señales de un lector de DVD-Video, mi habitual Marantz DV-7600), seguía obteniendo imágenes muy buenas. Empezaba a distinguir grises donde en otros LCD no los podía obtener, aunque todavía le falta un poco, sólo un poco, para mejorar esa difícil progresión entre el negro absoluto y los primeros grises. En cuanto al negro, nada de azul ni otro color que no sea el que tiene que ser. Los blancos, por su parte, totalmente controlados, sin que lleguen a quemarse, por lo que permiten un excelente desarrollo de sus propios grises. Aquí debería incluir cierta necesidad de mejorar levemente la saturación de los colores, sólo para conseguir un resultado más preciso. El salto a la alta definición es genial. Esa especie de “minineblina” que se presentaba con señales SD desaparece a favor de una imagen todavía más tridimensional, sin llegar a aburrir por exceso de definición. El uso de la conexión HDMI a favor de la de componentes permite, si es el caso, mejorar la reproducción de los colores con el concurso del procesado del lector (en este caso el Blu-Ray de Panasonic), lo que permite al usuario disfrutar auténticamente del cine en casa de alta definición. ¡Y es un LCD! ¿Cuál es el secreto? El PF9831, el modelo superior, alcanza una relación de contraste 2.000 puntos superior a la de nuestro invitado, que es de 4.000:1. Ambos contrastes son dinámicos, es decir, no reales sino que se produce previo paso por el procesado de vídeo correspondiente. El real, como siempre, debe ser muchísimo más bajo. Pero la relación de contraste no es, sin duda, lo que hace especial a este Philips: sí lo es el brillo. Acostumbrados a paneles LCD muy brillantes, parece como si los de Philips hubieran entendido, de una vez, cómo conseguir un LCD atractivo. Según sus especificaciones técnicas, el brillo está tasado en 550 cd/m2. En realidad, los que estén acostumbrados a los LCD verán este Philips tremendamente oscuro, pero los que ajustamos televisores mediante patrones tipo DVE sabemos que el resultado ofrece una pantalla oscura, lo justo para conseguir un profundo negro ante un blanco controlado. En mi caso, tuve que realizar un par de ajustes más, necesarios para convencerme del potencial de este Philips. Pra empezar, era imperativo reducir el brillo de los fluorescentes posteriores. Al conseguir, por un lado, mayor salida de luz, hacen que, en caso contrario, aun ofreciendo un buen negro, sea muy difícil percibir correctamente los primeros grises. Por otro lado, es imperativo, bajo mi juicio, desactivar el sensor de luz. Aunque está colocado en la parte frontal del chasis, la propia luz del Ambilight incide en él. Con la pantalla ajustada debidamente (lo que incluye el brillo de los fluorescentes) y con el Ambilight encendido, las diferencias entre una luz ambiental alta y una menor no son tan evidentes desde nuestra perspectiva como espectador, aunque sí para el televisor. Si no lo apagamos, automáticamente oscurece todavía más la imagen, mermando considerablemente la dinámica.
Todos los resultados de las anteriores pruebas se realizaron tras ajustar lo que he comentado pocas líneas antes.
Para terminar, un pequeño repaso al audio. Una de las cosas que no me convence es la colocación de los altavoces en la parte inferior del televisor. Esto no permite ampliar la sensación estéreo, útil cuando, por ejemplo, queremos utilizar el sistema de sonido envolvente virtual del que dispone. La dinámica es correcta para el disfrute de la televisión convencional, algo que debería ser lógico pero que, como hemos visto en otras ocasiones, no lo es tanto.
CARA A CARA
Lo necesité y tuve que comparar este Philips con otros dos televisores que tenía a mano: el PX60 de Panasonic y el último LCD de Sony que pasó por mis manos: el W2000. En este último caso se confirma que no es oro todo lo que reluce, puesto que el Philips supera con bastante diferencia las prestaciones del Sony analizado. Pero, por otro lado, una de las diferencias más notables entre el Panasonic y el Philips es que el primero cuesta menos de la mitad y todavía ofrece una imagen mejor. Pero eso no oscurece el hecho de que Philips haya conseguido sorprenderme con un televisor LCD, algo que no me esperaba justamente de esta marca.
No puedo darle la máxima calificación puesto que todavía hay televisores mejores y a mejor precio. También debo reconocer que, aun sorprendiéndome, hay aspectos que deben mejorarse, como mínimo, para alcanzar lo que un buen plasma hoy día nos ofrece. Recuerden que siempre hablo desde la perspectiva audiovisual (seguramente, los que sólo lo quieran para televisión lo verán algo oscuro). Pero creo que podemos estar de enhorabuena al poder reconocerle a Philips que está siguiendo un camino muy bueno para llegar a ser líder indiscutible, de momento, en el campo del LCD incluso para aplicaciones A/V.
Philips 42PF9731, Un LCD que casi me convence
Ficha técnica
Panel: LCD de 1.920 x 1.080 píxeles de resolución en 42”, 8 ms. Brillo: 550 cd/m2. Contraste: dinámico 4.000:1. Sintonizador: TDT, DVB-T. Formatos compatibles: Vídeo hasta 1.080i. MP3, JPEG, ALB, DivX 3.11 y 5, MPEG-1, -2 y -4, XviD. Conexiones: 2x HDMI, 1x vídeo por componentes, 2x SCART, S-Video, vídeo compuesto. USB, tarjetas de memoria, Ethernet, audio S/PDIF. Consumo: 248 W. Peso: 35 kg. Dimensiones: 1.095 x 764 x 114 mm.
Distribuye: Philips (902113384).
Precio: 3999 €
