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Memorias de una Geisha

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El exotismo japonés en la gran pantalla

Texto: Mercedes González

El bailarín y coreógrafo Rob Marshall debutó en la gran pantalla con la espléndida Chicago. Su amplia experiencia en la dirección de musicales teatrales, entre otros Cabaret, Annie y Victor o Victoria, fue sin duda clave para el éxito de la mencionada película, una de las mejores muestras del género de los últimos años. Tras varios años de sequía cinematográfica, Marshall ha vuelto adaptando el famoso best-seller de Arthur Golden, Memorias de una geisha, un libro que, en varias ocasiones, ya había sido objeto del deseo de varios directores que finalmente no llevaron a cabo el proyecto. En principio iba a ser dirigida por Spielberg, pero su apretado calendario lo impidió y se conformó con ejercer de productor. Tras barajar varios nombres, el de Marshall fue finalmente elegido para esta superproducción, quien ha puesto lo que mejor sabe hacer, la coreografía, en un espectacular número de danza de la protagonista, una de las secuencias más bellas del film. El realizador flaquea en la dirección de sus actrices, pues aunque las tres están espléndidas, se echa en falta un poco más de emotividad en sus actuaciones, resultando en conjunto una película un tanto fría y escasa de peso dramático, lejana al espectador, que si bien asiste a un magnífico espectáculo visual, permanece ajeno a la historia. Otro punto en contra es haberla rodado en inglés, presumiblemente por motivos comerciales pues difícilmente una película en chino habría gozado de mediano éxito en Estados Unidos, cosa que no podía permitirse un proyecto de la envergadura de éste.

 

Una lástima... visionar la versión original escuchando a los actores japoneses y chinos hablando en inglés, con cierto acento eso sí, resulta muy poco creíble.

Podemos hablar en su favor de su impecable factura técnica, su bellísima y elegante fotografía y un estupendo trabajo con la banda sonora de John Williams. Todo esto fue recompensado por la Academia con seis nominaciones a los Oscar en la pasada edición, de las cuales la película obtuvo tres estatuillas: Mejor Fotografía, Vestuario y Dirección Artística.

Como si no fuese poca la expectación que levantó esta adaptación cinematográfica, la elección de tres actrices chinas para interpretar a las principales protagonistas japonesas desató la polémica tanto en China como en Japón, países cuyas relaciones diplomáticas son más bien tirantes, hasta el punto de que China prohibió su exhibición. Un asunto que ayudó a promocionar el film pero que poca relevancia tuvo en el mundo occidental, mercado al fin y al cabo al que la película se dirigía.

La historia parte unos pocos años antes del comienzo de la Segunda Guerra Mundial. Dos niñas japonesas hijas de un pescador son separadas de su familia y vendidas como sirvientas a una casa de geishas. Separadas de inmediato, una de ellas acabará convirtiéndose en una de las más ilustres geishas de su tiempo. El proceso de formación que siguen estas admiradas damas de compañía durante años resulta sumamente interesante, la cuestión es, ¿hasta qué punto un hombre, occidental, puede haber desentrañado los misterios que rodeaban las vidas de estas famosas mujeres? Que se lo pregunten a Arthur Golden.



LA PELÍCULA.




Aunque la imagen que presenta este disco es de gran calidad no está exenta de ciertos defectos, ya que en ocasiones se observa cierto ruido de fondo y una pérdida de detalle en las zonas más oscuras, aunque en las escenas más comprometidas como en las que nieva o el magnífico baile debut de Sayuri, la transferencia se comporta correctamente. Por otra parte, presenta una gran definición y una magnífica paleta, muy intensa, responsabilidad del director de fotografía Dion Beebe, todo ello pese a la poca luz que se observa en todo el film que busca una estética antigua y apagada.

Sin embargo el audio es excepcional. Aunque es una película de ritmo lento que no contiene escenas de acción, la mezcla presenta gran cantidad de efectos que contribuyen de forma muy eficiente a la creación de una atmósfera bastante envolvente, reforzada por la magnífica reproducción de la excelente partitura musical de John Williams. La pista en castellano es igual de buena, y dado que la película ha sido filmada en inglés por actrices chinas que para remate ponen acento japonés en sus actuaciones, casi resulta recomendable obviar la versión original y optar por la traducción.

En el disco encontramos como extras:

Academia para geishas. Una pieza que habla del entrenamiento de las actrices para actuar como una geisha.

La creación del hanamachi (barrio de las geishas). Dada la imposibilidad de localizar en Japón un barrio que permaneciese con el aspecto original de un hanamachi, Rob Marshall decidió partir de cero y construir uno. Este documental muestra cómo se elaboró el impresionante decorado en los terrenos de California, y la forma en que se controló el paso de las cuatro estaciones en tan sólo un mes de rodaje.

La apariencia de una geisha, que muestra el maquillaje, vestuario y peinados que se utilizaron para las actrices.

La música de Memorias de una geisha. El compositor John Williams cuenta su experiencia en la elaboración de la banda sonora de la película.

Todo este material y más se encuentra en inglés con subtítulos en castellano y neerlandés.

Ficha técnica y calificación



Audio: Castellano, inglés, checo DD 5.1.

Subtítulos: Castellano, inglés, portugués.

Imagen: Anamórfica. 2,35:1.

Director: Rob Marshall.

Reparto: Zhang Ziyi, Tsai Chin, Li Gong, Ken Watanabe.

Distribuidora: Sony Pictures.



Calificación: