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El Carnicero: espléndida obra de Chabrol
Una película que desemboca a partir del movimiento de la Nouvelle vague francesa. Texto: Mercedes González La Nouvelle vague, o nueva ola francesa, fue un heterogéneo movimiento surgido a finales de los años cincuenta que, impulsado por un grupo de cineastas franceses, reaccionaba contra las estructuras del cine de la época y propugnaba una libertad máxima en cuanto a la expresión y la concepción estética, así como las técnicas cinematográficas utilizadas, defendiendo además el rodaje en exteriores y una mayor naturalidad en las interpretaciones. En realidad, más que un movimiento en sí, era una ola crítica que buscaba acabar con todo aquello que consideraba un rígido y encorsetado academicismo. François Truffaut, Eric Rohmer, Jean-Luc Godard y Claude Chabrol formaron el que podría llamarse núcleo duro de esta corriente, los máximos exponentes de una renovación del cine que partía de una seria reflexión y crítica sobre los mecanismos industriales, iniciada cuando colaboraban en la prestigiosa revista Cahiers du Cinéma. Una corriente que tenía como máxima el considerar el film como una obra de autor en la que, al margen de la calidad técnica, era imprescindible la aportación del director, de su visión personal de la obra, que además debía carecer por completo de un fin comercial. A pesar de su escasa duración como movimiento sólido y compacto, acabó por traspasar las fronteras francesas y afectar a toda la cinematografía europea sentando las bases del llamado cine moderno, aunque más de uno de sus integrantes haya acabado por apartarse, de una forma u otra, de los pensamientos originales que con gran fervor fueron defendidos. El bello Sergio (1958) fue el primer film de Chabrol surgido de la rebelión de la Nouvelle Vague. Muy pronto le seguirían otros como Los primos, Una doble vida o Landrú y Ofelia. Sin embargo, son sus producciones de finales de los sesenta y principios de los setenta las más reconocidas. Pertenecen a una etapa posterior, en la que, tras varios fracasos y algunas películas policíacas mucho más comerciales, abordaría historias de mayor complejidad y ambigüedad. El carnicero, junto a La mujer infiel y Al anochecer, corresponde a esa etapa más madura del cineasta, en la que Chabrol sigue desmarcándose del cine francés de entonces. Ferviente admirador de Hichtcok (escribió con Eric Rohmer un libro sobre el mítico director británico), y considerado como uno de sus mejores herederos, Chabrol hace gala de lo aprendido y de su genio particular en muchas de sus películas en las que el asesinato será retratado con frecuencia, pero siempre huyendo del tradicional esquema en el que se presenta un homicidio y una serie de sospechosos, pues lo importante no es el crimen en sí ni descubrir quién lo ha cometido, sino internarse en la personalidad del homicida y los mecanismos que disparan sus violentos actos. Así ocurre en El carnicero, que más que un thriller o una cinta de suspense es un estudio de la personalidad de un psicópata y sus relaciones con el mundo que le rodea. El cine de Chabrol casi siempre se ubica en pequeñas localidades de provincia, y esta cinta no es una excepción pues está ambientada en un pequeño pueblo del Périgord, a cuyos habitantes se dedica la película al principio de la misma. Como casi siempre, su intérprete femenina es la propia mujer del director, la actriz Stéphane Audran, que comparte protagonismo junto a Jean Yanne. Ambos ofrecen una magnífica interpretación de la pareja formada por la reservada directora de escuela y el tímido carnicero del pueblo, dos espíritus solitarios que el azar reúne y enreda en una imposible relación núcleo principal de la película, pues es su desenlace, al margen del descubrimiento del autor de los crímenes que suceden, el verdadero punto de interés. El guión, del propio Chabrol, es impecable, con las palabras justas, sin frases carentes de contenido o artificio, con la narrativa clásica que caracteriza al cineasta galo, pero en la que siempre procura introducir algún elemento novedoso y sutiles simbologías. Nada sobra, nada falta. El carnicero, este hábil retrato de un asesino, es una de las mejores obras de este parisino de setenta y cinco años que sigue en plena forma, como bien demuestran sus últimas películas: Gracias por el chocolate (2000), La flor del mal (2002) y La dama de honor (2004). Inteligente, intensa y de gran belleza visual, casi treinta y siete años después de su creación, sigue estremeciendo su fuerza y exquisito argumento. EL CARNICERO Claude Chabrol. Jean Yanne, Stéphane Audran, Antonio Passalia, William Guérault, Roger Rudel, Mario Beccario, Pasquale Ferone. Audio Castellano, inglés, francés DD 2.0. Subtítulos No tiene. Imagen 4:3. Distribuidora Suevia Films. En la pequeña localidad francesa de Tremolat, en la región del Périgord, tiene lugar la celebración de una boda en la que la señorita Hélène, directora de la escuela primaria, conoce a Popaul, el carnicero del pueblo. Entre ambos se inicia una extraña relación sentimental. Ella, dolida por un frustrado romance vivido hace años, se resiste a comprometerse de nuevo y vive aislada en el primer piso de la institución que dirige. Él, un hombre tímido y parco en palabras, la corteja con discreción mientras poco a poco le habla sobre su pasado en el ejército y la traumática vivencia que para él supuso. Poco tiempo después una joven mujer aparece muerta a cuchilladas en el bosque, y la policía comienza a hacer averiguaciones en el pueblo y sus alrededores. El material adicional del disco consta de: ficha artística, ficha técnica, carteles originales y galería de fotos. |
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