Sennheiser HD 800, La referencia
Sennheiser ha marcado un hito con los HD800: no existen en producción mejores auriculares y están prácticamente libres de compromisos. Enhorabuena.
Con este Laboratorio inauguramos una categoría en la revista: la de los auriculares de alta fidelidad. La escucha privada vuelve a estar más de moda que nunca gracias al éxito de los reproductores portátiles digitales y la facilidad que nos dan para llevar a cuestas gran cantidad de música, hasta nuestra biblioteca completa. Incluso aquellos que nunca tuvieron mucho interés en la reproducción de la música con calidad en su hogar están ahora interesados en unos auriculares que les permitan sacar mejor partido de su iPod. Pero la afición por esta forma de disfrutar de la música siempre ha existido y no sólo para su uso portátil, sino también doméstico. Los auriculares de alta fidelidad han existido desde hace décadas, y muchos han sido los usuarios que han disfrutado de sus ventajas, que no son otras que la intimidad (no ser molestado ni molestar a nadie) y la calidad. Sí, la calidad: gracias a la cercanía de los transductores a nuestros oídos no sólo se eliminan las distorsiones y aberraciones que introduce cualquier sala al escuchar altavoces, sino que el nivel de detalle posible es aún mayor. Se suele decir que para conseguir cierto nivel de calidad con altavoces hay que gastar un múltiplo considerable de lo que cuestan unos auriculares equivalentes, y ésa es una gran verdad.
LOS MEJORES
Existen dos grandes tipos: los intraurales (pequeños que se colocan en el oído) y los supraurales (de diferente tamaño, pero siempre por encima del oído). En el primer caso, los hay que se introducen en el canal auditivo y logran un aislamiento total del sonido exterior (ideales para viajar en avión, por ejemplo). Mientras, en el segundo caso, los hay cerrados (las copas que tapan los oídos son herméticas y aíslan bastante del sonido) o abiertos (esas copas tienen rejillas sin cierre hermético y suelen lograr un sonido menos encerrado).
¿Qué mejor forma de iniciar los análisis de este tipo de dispositivos que con una novedad que ha revolucionado este mundo y se ha convertido en auténtica referencia? Pues disculpen que les desvele el final tan pronto, pero es que así son los recién llegados Sennheiser HD800, auriculares supraurales abiertos. Esta marca alemana, especializada en micrófonos profesionales y en estos aparatos, ya llevó a cabo una primera revolución hace más de una década con sus HD600, un modelo que pese a ser su alto de gama doméstico (quitando los muy exclusivos y esotéricos Orpheus) eran perfectamente asequibles, pero que fueron un salto tan grande en la calidad y fidelidad de reproducción que todavía están en su catálogo (pese a que aparecieron unos HD650 evolucionados, los Seiscientos siguen teniendo sus seguidores incondicionales, entre los que me cuento).
Pero después de algunos rumores a final del pasado año, a principios de este 2009 se hacía realidad el sueño de muchos aficionados a los auriculares y a los Sennheiser en particular: llegaba una nueva referencia, de precio relativamente alto eso sí, pero en éstos los alemanes habían puesto todo su saber hacer prácticamente sin compromisos. La clave está, además de en muchos detalles de diseño, en los transductores o membranas: son de tecnología ring radiator y de notable tamaño (56 mm de diámetro) y funcionan de forma similar a algunos tweeter de idéntico nombre, aunque en este caso son capaces de reproducir todo el rango de frecuencias gracias a su tamaño y materiales.
PRUEBA
Basta sacarlos de su lujosa caja para entender que el precio está justificado: partes metálicas inoxidables, un diseño de lo más innovador, pero sobre todo una comodidad que no tiene igual. Las copas son muy amplias, nunca llegan a apoyar sobre los oídos, y la parte en contacto con nuestra piel alrededor de éstos es suave (microfibra) y estrecha, de forma que apenas genera calor (especialmente agradecido tal como ha sido este verano). El cable original es de buena calidad y lleva conectores en cada copa (sustituirlo será pues sencillo llegado el caso). La estructura es a la vez rígida pero bien estudiada para permitir movimientos en todas las direcciones. Como digo, es tenerlos en las manos y darse cuenta de que no hay nada igual. Y son más compactos de lo que parece en fotos.
La amplitud de las copas permite jugar bastante con la posición relativa. La experiencia enseña, aunque es una cuestión algo particular y que va con gustos, que suele ser mejor colocarlos tan abajo y adelante como sea posible (sin llegar a molestar pisando los oídos), y los HD800 permiten sobradamente conseguir una colocación de este estilo. Además, y eso es importante, los transductores están situados en ángulo dentro de las copas para favorecer la percepción de espacio, como cuando escuchamos de forma natural un sonido delante de nosotros.
De acuerdo, ya los tenemos colocados, y apreciamos su comodidad. También confirmamos que el diseño con rejilla abierta (existen modelos cerrados, que consiguen aislarnos mejor o peor del exterior) no aísla nada del ruido exterior, algo que se mantiene de los anteriores, e inferiores, HD600 o 650. Así que antes de empezar tengámoslo claro: los Ochocientos no son para escuchar música en un entorno ruidoso (mientras la familia ve la televisión, por ejemplo) y, como la falta de aislamiento también vale en el otro sentido, tampoco serán bien recibidos en un entorno tranquilo (biblioteca o dormitorio).
Lo que es magníficamente recibido es el momento de la escucha. Desde los primeros compases, nos damos cuenta de que tenemos algo especial en la cabeza, y si bien disfrutar de la música con auriculares enseña a apreciar detalles que fácilmente pueden pasar desapercibidos en equipos de altavoces, la forma en que estos Sennheiser convierten la señal eléctrica en sonido limpio y transparente es chocante. La comparación más fácil es con algunas cajas electrostáticas que también son capaces de sorprendernos por la ventana tan clara que nos abre a la escena sonora: ése es el estilo de sonido de los HD800.
Podríamos repasar la gama de frecuencias, para alabar ese grave rápido, extendido y presente pero nada inflado (un defecto habitual en muchos modelos), o la espectacular extensión en agudos que permite percibir los armónicos más altos de un violín, el decaimiento del sonido de un triángulo, o los transparentes medios que permiten entender mejor que nunca las letras de canciones en otros idiomas. Podríamos seguir, pero seguramente se hagan mejor idea del espectáculo que significa escuchar música con los HD800 si les digo que, disco tras disco y corte tras corte, lo que a uno le sorprende cada vez es que está escuchando aquello que creía conocer con una cantidad de información y detalle, pero detalle natural y no forzado, tremendo. El mismo coro, la misma orquesta sinfónica… incluso el mismo trío de jazz aparece de repente en un ambiente de microinformaciones que antes pasaban desapercibidas. Y, todo, de forma suave y agradable. Como no sólo de música vive el hombre, debo decir que para ver películas son también una revelación, incluso probé a ver alguna escena conocida dejando el subwoofer activado y la combinación era espectacular y divertida, aunque tal vez más arriesgada para la salud de nuestros oídos dada la dinámica de algunas bandas sonoras. Es ése un factor muy a tener en cuenta al escuchar con auriculares: mucho cuidado con el volumen si queremos mantener esta afición durante muchos años.
¿Son perfectos? Sólo les encuentro un «pero» y es cierta viveza en el medio agudo, que precisamente me recuerda a algo que he escuchado en algunos altavoces dotados de tweeter del mismo tipo (ring radiator) como algunas Sonus Faber. Según el tipo de música y la grabación, eso puede pillarnos desprevenidos y enfatizar alguna sibilante vocal, o algún sonido particular (destacar demasiado el choque de una baqueta en un platillo respecto del sonido del propio platillo vibrando por ejemplo). Queda la duda de si la grabación es así y otros auriculares o altavoces se comen esa parte, pero tiendo a pensar que es cosa de estos Sennheiser.
Conseguir ese sonido exige, sin embargo, un buen amplificador (ver recuadro). Estos Sennheiser son de alta impedancia y eso significa que exigen cierto nivel de voltaje para empezar a sonar. Los probé con varios reproductores portátiles y ni el más potente (Cowon) llegaba a sacar de ellos mucho con el volumen al máximo, o lo hacía con obvias señales de esfuerzo. La salida de un amplificador integrado Accuphase de alta gama sí conseguía hacerlos sonar, pero como de verdad estaban en su salsa era con amplificadores dedicados, en mi caso dos de construcción propia bastante populares en este mundillo (los AMB «MMM» y «Beta 22», ambos transistores MosFet en la salida). Me quedo con ganas de probarlos con válvulas, porque creo que por ahí podría estar la combinación ideal para ellos.
Algunos auriculares son algo complicados con el rodaje, ya que como los altavoces su sonido cambia durante las primeras horas pero a veces sigue cambiando con el uso. Los HD800 suenan algo faltos de cuerpo recién sacados de la caja, pero enseguida (basta una noche sonando fuerte) se sueltan y consiguen un nivel de grave correcto que ya no cambiará más. Por arriba mi unidad acabó con muchas horas acumuladas (lo tuve sonando sin parar cuando no lo usaba) pero no aprecié ningún cambio. Ese medio agudo ligeramente brillante que comenté no es sino un reflejo de su transparencia y no desaparece con rodaje, aunque en mi lista de deseos particular sería lo único que les cambiaría a los HD800 para poderlos disfrutar plenamente con cualquier grabación.
CONCLUSIÓN
Habrá quien piense que plantearse comprar unos auriculares de mil euros es una locura, pero les aseguro que para obtener este nivel de calidad de unos altavoces deberíamos multiplicar esa cifra por cinco o seis, cuando no directamente añadirle un cero. Y todavía nos faltaría acondicionar una sala y encontrar un amplificador a la altura. Los HD800 también agradecen buena amplificación, olvídese de usarlos directamente con un iPod, pero con lo que podemos encontrar en el mercado por una fracción del precio de los propios Sennheiser, estaremos muy cerca de su máximo potencial.
Si tiene ocasión, pruébelos, aunque sólo sea para saber qué se siente cuando se tiene una ventana tan limpia a la grabación. Seguramente, nunca tenga la oportunidad de escuchar unos altavoces con este nivel de transparencia. Totalmente recomendados.
NOS GUSTA
- Limpieza, transparencia, resolución y detalle del sonido.
- Sensación de espacialidad excelente para un auricular.
- Graves y «ritmo» correctos, ni tímidos ni hinchados.
- Muy cómodos de llevar durante largas sesiones.
- Acabado y materiales de primera clase. De lujo.
MEJORABLE
- Posible ligera brillantez en el medio agudo.
- Son abiertos: no aíslan de ruidos exteriores y dejan salir sonido.
- Exigen fuente, y sobre todo amplificación, de categoría.
Valoración de los especialistas: 6
Todos los reproductores portátiles tienen salida de minijack, y la mayoría de amplificadores domésticos, incluso algunas fuentes (CD o DVD) también. ¿Qué sentido tienen entonces los amplificadores dedicados para auriculares? Pueden tenerlo, y mucho, sobre todo en casos como el de estos Sennheiser.
Existen dos tipos de salidas: aquellas que tienen un pequeño amplificador dedicado (caso de los reproductores portátiles y fuentes domésticas) y las que toman la señal del propio amplificador pero llevan resistencias que la adaptan a los modelos más sensibles. En el primer caso, cuando los auriculares en cuestión son particularmente difíciles, ya sea por su baja sensibilidad o por presentar una impedancia complicada (pudiera ser muy baja, exigiendo demasiada corriente, o muy alta, pidiendo mucho voltaje), esos miniamplificadores (habitualmente basados en chips operacionales) se quedan sin capacidad y, o bien no llegamos a volúmenes satisfactorios, o lo hacemos con distorsión. En el segundo caso, la resistencia intermedia entre amplificador y auricular no sólo quitará transparencia sino que puede actuar como filtro dejándonos sin parte de la banda audible.
El caso es que, así como la gama de altavoces disponible comúnmente en el mercado aún siendo amplia no tiene enormes diferencias entre sus extremos, sí ocurre esto con los auriculares: los hay de 16 ohmios de impedancia e incluso menos, y también de 600 ohmios; los hay de gran sensibilidad pero también los que necesitan muchos miliwatios para sonar. De hecho, hay algunos que están pensados para rendir perfectamente con reproductores portátiles, y ésa debe ser una elección cuando tengamos esa exigencia. No son, desde luego, estos HD800 analizados, apropiados para usar con un iPod sin más (presupuesto aparte).
La solución a estos compromisos son precisamente los amplificadores dedicados, de los que existe una gama bastante amplia en el mercado especializado, pero conviene saber que dada la diversa idiosincrasia de los auriculares, habrá amplificadores mejor adaptados a un tipo u otro. Los Sennheiser HD800 que nos ocupan tienen una alta impedancia y exigirán un amplificador capaz de entregar suficiente potencia con un elevado voltaje. Un amplificador de calidad con base de estado sólido (transistores) funcionará muy bien, pero posiblemente uno con válvulas sea capaz de darnos grandes satisfacciones.
Antes de nada, agradecer el exhaustivo artículo realizado, así como que se haya elegido el HD 800 para inaugurar esta nueva categoría de auriculares de alta fidelidad. El componente clave que hace tan revolucionarios a estos auriculares estéreos es un transductor de sonido de 56 mm, el más grande que puede encontrarse en unos auriculares dinámicos hoy en día. Por otro lado, su diseño anular patentado por Sennheiser resuelve por primera vez los problemas relacionados con el principio del transductor dinámico.
Todo esto hace que el HD 800 se erija en la actualidad como la mejor opción para los amantes de la música que persigan un sonido extraordinariamente real.
Sennheiser HD 800, La referencia
Ficha técnica
IMPEDANCIA NOMINAL 300 Ohm. SENSIBILIDAD 102 dB. DISTORSIÓN ARMÓNICA inferior a 0’02% (1Vrms a 1kHz). POTENCIA MÁXIMA ADMISIBLE A LARGO PLAZO 500mW. LONGITUD CABLE 3 metros, desmontable en cobre libre de oxígeno plateado. FUNDA reforzada con kevlar. CONECTOR jack estéreo 6’3 mm. PESO 330 g. DISTRIBUYE Magnetrón (915192416).
