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Plasma y LCD ¿cuál mejor?
LCD y plasma están cada vez más cerca en calidad y prestaciones. A día de hoy ¿cuál eligiríais? Texto: Alberto Gilabert Cada dos años hay un evento deportivo a escala mundial que empuja la venta de televisores. Los Juegos Olímpicos y el Mundial de Fútbol son bien vistos por una industria que casi ni se acuerda de la época dorada de principios de los noventa. Este año el empuje ha sido notable, aunque no en todo el globo. Los televisores, mal llamados, planos han sido las estrellas. LCD y plasma han copado el índice de ventas, por encima de los casi olvidados TRC y de los retroproyectores de calidad estándar, aunque destaca una importante presencia de los proyectores de vídeo. A fecha de hoy, si tuviéramos que decir qué parámetros son “imperativos” en la compra de un televisor frontal los requerimientos serían los siguientes: compatibilidad con la reproducción de señales en HDTV, conectividad suficiente, sintonizador TDT integrado y especificaciones técnicas estándar. Todo ello con el beneplácito de nuestros ojos, últimos jueces de inevitable consulta. Hay quien argumenta que en ciertos centros comerciales esta última valoración subjetiva es imposible. Nosotros creemos justo lo contrario: ¿por qué tengo que gastarme un par de miles de euros en un televisor a ciegas? Si el comercial de turno (o la propia política del comercio en cuestión) no permite ni tan siquiera conectar un lector de DVD-Video por componentes o HDMI a un televisor para contrastar la calidad, más vale que se replantee su negocio. Nuestra experiencia nos ha enseñado que donde mejor atendidos somos y mejores comerciales preparados hay es en las tiendas especializadas, incluso con precios de venta todavía más competitivos que en algunas grandes superficies. Normalmente es así porque detrás de un comercial hay un buen aficionado, a diferencia de otros lugares donde el comercial sólo piensa en su sueldo (algo, realmente, legítimo). Pero vayamos a lo que nos importa. Actualmente, los TV LCD están empezando a seducir a muchos aficionados. Tecnologías revolucionarias como el Clear LCD de última generación de Philips, o los nuevos paneles de Sony que llevan algunos de sus modelos Bravia, hacen que el LCD, poco a poco pero sin pausas, se acerque a la calidad que hace tiempo el plasma ha conseguido. Éste siempre ha destacado por encima del LCD gracias a una mejor paleta cromática (la mayoría de las veces incluso con una saturación global muy bien conseguida), por una magnífica velocidad de respuesta y por una escala de grises controlada y lineal. Aspectos como la vida útil del panel (tanto para el LCD como el plasma) o la permanencia de las imágenes “fantasma” están pasando a la historia de manera fugaz. En el primero de los casos podríamos afirmar, casi tajantemente, que la gran mayoría de paneles LCD y PDP de hoy superan en muchas horas la mejor vida del mejor TRC del momento. Incluso la definición se ha convertido en bandera de guerra para estos visualizadores. EL FUTURO DE LA HDTV Japón y Estados Unidos, dos de los países donde más se consume audiovisualmente hablando, hace años que tienen bien controlada la asignatura de la alta definición. Desde los noventa que las siglas HD son algo más que una promesa que deba cumplirse. La NHK nipona es un claro ejemplo de ello, una televisión pública con una apuesta clara y frontal por la alta definición. Ambos países son los que, en definitiva, sientan las bases técnicas de la gran mayoría de productos de consumo, a la vez que arrastran al resto de países a seguir su estela. Así, podemos entender que en nuestro país, donde la HD es simplemente un sueño (esperemos que dure poco y sea realidad pronto), más del 80 % de los televisores sean “HD Ready”, es decir, pueden leer y visualizar imágenes en alta definición. La alta definición se entiende cuando se supera el número de líneas de lo que conocemos como definición estándar, es decir, las 625 líneas de nuestro actual estándar PAL. Éste es el que todavía hoy se utiliza en teledifusión digital y analógica, siendo el máximo número de líneas disponible aunque a veces nos “lleguen” menos. Utilicemos como referencia una buena edición en DVD-Video, capaz de explotar hasta la saciedad las ventajas técnicas del formato PAL. Si queríamos aumentar la diagonal de la pantalla (el estándar PAL fue ideado para una relación de aspecto 4:3 y hasta un máximo de 29”), a la vez debíamos disminuir el tamaño del píxel, es decir, el punto mínimo cuyo global forma una imagen en pantalla. Esto empuja, irremediablemente, a una mayor cantidad de puntos por pulgada, saltando de las 625 líneas a las 720 o, todavía mejor, a las 1.080. El aumento a 720 ya es más que significativo y se considera HD en toda regla. De hecho, no hay ningún estándar entre el PAL y las 720p. Al aumentar las líneas verticales es necesario hacer lo mismo con las horizontales. El estándar de televisión habla de 1.280 puntos en horizontal, aunque está la excepción del plasma, que parece que reduce esta resolución horizontal a las 1.024. Hay quien afirma tajantemente que un televisor de plasma de 1.024 x 768 líneas no es verdaderamente un televisor de alta definición. Esto se debe a que no entiende el concepto de distribución de píxeles. Los LCD se popularizaron sobre todo en el mundo informático. Los monitores LCD hacían enormes a sus homólogos en TRC e incluso mejoraban enormemente la legibilidad de los caracteres. Para conseguir este efecto de “enfoque” se diseñaron píxeles totalmente cuadrados (tres para cada “píxel de color”, uno rojo, otro verde y el azul). En cambio, las celdas de los televisores de tubo de siempre ordenan los píxeles de una manera más triangular. Así se evitan los dientes de sierra al suavizar los bordes, ya que en televisión existen más curvas que líneas rectas. Los primeros diseños en plasma heredaron esa forma más o menos triangular, que es la responsable de que a lo ancho quepan “menos” píxeles. De hecho, lo más real es, justamente, lo contrario: es el LCD el que pide más datos (léase píxeles) para poder rellenar en 16:9 una imagen en panorámico. ¿Es la HD el futuro? Sinceramente sí. Cuando estén leyendo este artículo es muy posible que en Estados Unidos (la puerta de la electrónica de consumo para Europa) ya se estén comercializando lectores Blu-Ray y HD DVD. Ambos estándares nacieron para dar salida a un nuevo soporte doméstico que permitiese distribuir vídeo en alta definición. Aunque su llegada a nuestros hogares será lenta, no será superior a 5 años. Teniendo en cuenta que la vida media de un visualizador en un hogar es de 10 a 12 años vale la pena apostar por un televisor de alta definición, sobre todo si su diagonal se acerca o supera las 37”. LA DIAGONAL, TEDIOSA ELECCIÓN Siempre hay quien nos pide ayuda sobre qué diagonal elegir. ¿A 2 m de distancia es mejor una 42” o una 37”? ¿Y si muevo el sofá a 2,5 m? No hay una norma específica, real y objetiva que determine qué diagonal debe elegirse en función de la distancia entre TV y espectador. Tan sólo la certeza de que nuestra definición ocular es de 1º, pero que debe relacionarse con la subjetividad de cada usuario. Hay aspectos lógicos como que nadie colocaría un TV de 42” cuando estamos situados a 1 m de distancia; pero no hay nada malo en mantener esa diagonal de TV cuando estamos a 2,5 m. En una tienda o comercio especializado siempre habrá mucho más espacio que en nuestra casa y, por lo tanto, podremos probar con toda fiabilidad si, colocados a la distancia correcta, nos “parece” que la imagen es muy grande o no. Sí, en cambio, vale la pena verificar que el ancho y alto del televisor se ajuste a las medidas de nuestro salón, teniendo en cuenta que todos los televisores (sobre todo los LCD, que consumen mucho más que un plasma y, por tanto, se calientan más) necesitan de varios centímetros a su alrededor para poder refrigerarse correctamente. CONECTIVIDAD, ESE DESCONOCIDO Los últimos 20 televisores que han pasado por nuestras manos para la sección Laboratorio cumplen muy bien el tema de la conectividad. Las atávicas entradas SCART aún son importantes en un mundo donde lo “viejo” debe convivir con lo más nuevo. Éstos deben ser compatibles con la señal RGB, algo bastante habitual por suerte, y aunque sí suelen llevar 2 o más SCART, alguno de ellos puede serlo sólo con S-Video. Sí pediremos que tenga una entrada de vídeo por componentes, ideal para las señales de un lector de DVD-Video de buena calidad o, incluso, para una consola de juegos de última generación. Pero hoy, lo importante es que venga con dos o más entradas HDMI, en vista de que se está convirtiendo en la interfaz estandarizada para vídeo de calidad. En esta misma revista tienen un artículo sobre la última versión HDMI disponible que, como verán, no tiene por qué instalarse en según qué televisores, ya que está preparada para resoluciones muy superiores a la 720p más común. A POR LA TDT Faltan muy pocos años para que la televisión analógica desaparezca en favor de la digital. Incluir el sintonizador en el propio televisor tiene varias ventajas. Primero, no tener que lidiar con un nuevo mando a distancia y con un nuevo aparato pululando por el salón. Segundo, y no menos importante, la mejor “conectividad” que esto representa: ganamos una entrada de vídeo y se evitan algunas pérdidas por tiro de cable, conversión, etc. Las mejoras son notables. |
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