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Buscando el mejor TV plano

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Consejos para la elección de un televisor de plasma o LCD.

Texto: Ramon Sendra

Si hace apenas un año las diferencias entre los televisores de plasma y LCD eran más evidentes, ahora las cosas son bien distintias. Los nuevos LCD de gran diagonal lidian en tamaño con los plasmas, haciendo que elegir sea más complicado. Incluso algunos dependientes ni se molestan en informarnos de si ese televisor es LCD o plasma. Pero aún siguen existiendo diferencias que hacen mejor o peor otra tecnología, aunque eso sí es verdad, ninguna de las dos conseguiría hoy por hoy una distinción clara. Dos tecnologías bien diferentes para un mismo objetivo: visualizar imágenes.

Paralelamente, y cuando la excusa de la baja longevidad de estas nuevas tecnologías ya queda en entredicho, vale la pena tener en mente que un producto de estas características y, sobre todo, precio, merece una correcta elección, en aras de no quedar por detrás a corto o medio plazo. Es el siempre tedioso problema de la resolución, responsable de la auténtica caída en picado de los precios en los últimos meses, ventaja atractiva hoy que se convierte en problema en un futuro muy cercano.

Si realizamos una inversión que nos permita disfrutar del producto durante años, debemos estar atentos a lo que nos viene, que no por ser el futuro es poco predecible.

Hasta hace bien poco, la línea que dividía LCD y plasma era la diagonal de la pantalla. Elegíamos paneles LCD para tamaños de hasta 22 o 30”, mientras que el plasma copaba las 42” y superiores. La entrada al mercado de paneles LCD de hasta 42”, con idéntica estética a los plasmas de mismo tamaño, ha roto esta clara división. Ese mismo aspecto exterior suele confundir a los usuarios. Suelen ser televisores de sencillas líneas, diseño minimalista y en acabados negros y plateados, con posibilidad de colgarlos de la pared o utilizarlos en sobremesa. No hay, por lo tanto, elemento diferenciador cuando nos referimos al diseño.

Hay quien argumenta que el menor peso del LCD permite una sujeción en pared más segura y fácil (los paneles de plasma utilizan más cristales que el LCD, aunque ya hay en el mercado plasmas con frontal de plástico, como la nueva serie G5 de Pioneer). Esto no debe ser problema, en cuanto hay infinidad de soluciones al alcance de todos capaces de soportar el peso de un plasma y mucho más en cualquier tabique de nuestro hogar. Además, éste es un proceso único: una vez colgado, nos olvidaremos de ello.

Pero sí debemos tener en cuenta las diferencias en la calidad de la imagen de cada tecnología, siempre visto desde una perspectiva objetiva.



LCD VERSUS DLP



A rasgos generales sabemos que el plasma es capaz de generar más brillo, conseguir una mejor relación de contraste y unos colores más naturales. El brillo es un factor importante en ambientes domésticos, donde se busca una correcta percepción de las imágenes en ambientes iluminados. En correspondencia está la relación de contraste, que define la separación entre el negro y el blanco. Cuanto mayor sea este valor, más “dinámica” se conseguirá. Uno de los problemas más persistentes de los plasmas es su menor gradiente o escala de grises, sobre todo en los extremos de la misma, es decir, la dificultad que le supone empezar a dibujar los primeros grises a partir del negro o los últimos grises antes del blanco más brillante. El LCD consigue una imagen más detallada, aunque su principal baza es que resulta poco convincente con el movimiento. Mientras que una celda de un panel de plasma es capaz de apagarse o encenderse a una velocidad de 1,5 ms, las celdas de un LCD son diez veces más lentas, llegando a los 12 ms. Esto hace que en movimientos de cámara rápidos o cuando hay objetos que se mueven constantemente, la imagen se difumine bastante, perdiendo esa nitidez que en estático sí consigue.

Aún así, en estos doce últimos meses hemos sido espectadores de una auténtica revolución en lo que a LCD se refiere (responsable que las diferencias entre televisores basados en esta tecnología de diferentes fabricantes sean descomunales). Si difieren en calidad, difieren en precio. Hasta hace poco, el plasma, al ser una tecnología más desarrollada, ganaba por precio, pero es justamente esa variedad de fabricantes que apuestan por el LCD que ha reducido los márgenes.

Otro factor criticado por muchos era la “corta” vida de ambas propuestas. Ya criticamos ese tema en anteriores números, pues a fecha de hoy serán muy pocos los paneles LCD o de plasma que se quedarán inhertes en nuestros salones, funcionarán perfectamente en la mayoría de hogares durante, al menos, 10 años. ¿Cuánto tiempo tiene el televisor que ahora disfrutamos y estamos pensando cambiar?

Sí que gana sobre el papel el consumo de los plasmas, aunque parezca que el LCD consume mucho menos. Pero las tasas de potencia del LCD son constantes, mientras que un plasma sólo consume lo máximo cuando en toda su pantalla se visualiza el color blanco. Uno consume siempre lo mismo, mientras que el otro fluctúa en función de la imagen.

El LCD, y por tecnología, se calienta menos que un plasma, pero son valores descartables, en cuanto sí es verdad que los primeros modelos de plasma debían equipar ventiladores (y por lo tanto, generaban más ruido), ahora es difícil encontrarse con un panel etiquetable de ruidoso.

Si ponderamos todas estas características en pro y en contra de cada tecnología, el resultado casi da empate. No hay vencedor ni vencido, sino dos propuestas totalmente diferentes con sus pros y contras. De hecho, la elección final sólo puede venir motivada por aspectos estéticos o prácticos.

En este capítulo entran en juego por ejemplo las conexiones, apreciando la entrada de vídeo por componentes (y que además sea compatible con señales progesivas) o la más reciente DVI/HDMI, que nos permitirá, en un futuro casi a alcanzar con la mano, transportar señales de audio y vídeo sin convertir a analógico desde y a cualquier dispositivo audiovisual. Cuantos más conectores SCART mejor, facilitando la conexión de otros periféricos amén del popular reproductor de DVD-Video, como consolas de juegos, descodificadores de televisión digital, etc.

Quienes piensen en colgar el visualizador (LCD o plasma) en la pared, quizá les interese agenciarse un modelo con sintonizador independiente. Éste es un dispositivo similar en tamaño a un lector de DVD-Video convencional, con la particularidad de equipar todo el séquito de entradas disponibles (y al no tener que preocuparse por el espacio, suelen disfrutar de más opciones) y ofrecer uno o dos cables que se conectan directamente al panel. De esta manera es más fácil añadir nuevos dispositivos sin tener que descolgar y colgar el aparato, o realizar complicadas maniobras dignas de un contorsionista. La instalación resulta más fácil y versátil.



RESOLUCIÓN



Importante punto a tener en cuenta. La adquisición de un televisor supone no únicamente una notable inversión económica, sino la decisión de utilizar ese dispositivo durante largo tiempo (incluso una década o más). En nuestro país, y a fecha de hoy, sólo hay dos maneras de conseguir imágenes en alta definición: mediante el canal vía satélite Euro1080 o mediante otras fuentes alternativas, como el HTPC o el D-VHS. Pero el futuro a medio plazo apunta a una estandarización de la alta definición, ya sea a través de las ondas hertzianas, cable o satélite mediante la Televisión Digital o con los nuevos formatos de alta definición como el AOD, Blu-Ray, entre otros.

La resolución implica una mayor o menor densidad de píxeles por unidad de superfície, lo que resulta en un mayor o menor coste económico. Hoy en día somos espectadores de una tremenda bajada de precios en plasma y LCDs, que amén de las propias diferencias que cada tecnología presenta, tienen sentido cuando conocemos su resolución.

El estándar PAL ofrece una resolución de 576 líneas en entrelazado, lo que hace que cualquier panel de 720x576 píxeles resulte adecuado (4:3). Incluso es correcto para señales procedentes de un buen DVD-Video, pero no más. Pronto será común hablar de señales nativas en 720p o incluso 1.080i/p, formatos que otorgan significado a la alta definición. El 720p demanda, ni más ni menos, que 720 líneas, siendo 576 insuficientes. El adorado 1.080p, pues 1.080. Aunque llegar a las 1.080 líneas es caro, no lo es tanto las 720, aunque es difícil conseguir un panel cuya resolución sea exactamente ésta.

El motivo del baile de resoluciones tiene que ver con la correspondencia del mundo informático y audiovisual. De hecho, la mayoría de paneles (por no decir todos) utilizan resoluciones informáticas, desde los 640x480 píxeles del VGA, hasta los 1.920x1.200 píxeles del WUXGA. Además, el primer ejemplo es en 4:3, mientras que el segundo en 16:9. Por lo tanto, especial interés tendrá descubrir la calidad del circuito escalador, es decir, el sistema que se encarga de adaptar las señales de vídeo a la resolución nativa del panel, tarea matemáticamente fácil, pero compleja electrónicamente.

Al ser Japón y Estados Unidos los principales consumidores de paneles LCD y de plasma, es fácil encontrarnos con resoluciones de 852x480 píxeles, resolución adecuada para el estándar NTSC en 4:3. Cuidado, pues en nuestro país utilizamos el estándar PAL, superior en líneas (576).

Un panel de 42” de 852x480 píxeles difícilmente se verá perfecto, pues no únicamente tendrá menor densidad de píxeles por unidad de superficie, sino que además perderá parte de la resolución vertical que el PAL gana frente al NTSC.

En el artículo de “En Vanguardia” de este mismo número encontraréis más información relativa a la Alta Definición.

Comprando en la tienda

En grandes superfícies y otras tiendas similares, los televisores suelen estar colocados en batería, uno al lado de otro, esperando ser captados por la mirada aleatoria de su futuro usuario.

Este hecho es bien conocido por los fabricantes, que suelen ajustar sus televisores para que en esas condiciones se conviertan en candidatos. La mayoría de estas tiendas utilizan luces fluorescentes, con una importante dominante al verde, y el nivel de luz ambiente suele ser muy alto. Por ello, los televisores vienen ajustados de fábrica con unos colores muy contrastados y un fuerte brillo y contraste.

Otro importante problema es que en estas situaciones nunca llega la mejor imagen a cualquier televisor, ya que suele ser una toma de antena repartida muy mal amplificada. Es injusto decidir dónde invertir nuestro dinero en estas condiciones.

Aconsejamos que en cualquier sitio y condición (nuestra inversión así se lo merece), pidamos una demostración de los televisores preseleccionados. Pediremos utilizar una fuente fidedigna, preferiblemente un lector de DVD-Video, pero no sin antes pedir que modifiquen los valores de fábrica y se permita un ajuste más real. Así, descubriremos qué menús en pantalla se ofrecen, si son completos y fáciles de entender o la utilidad de su control a distancia. Buen momento también para verificar el panel de conexiones, buscando respuesta a la demanda de conexión digital (DVI/HDMI), cantidad de SCARTs y tomas de vídeo por componentes. Cuando visualicemos un DVD-Video (y mejor una película conocida por nosotros), desactivaremos todos los controles de mejora de la imagen, ya que la calidad del disco suele ser suficiente para no demandar nada más que un buen desentrelazado. Finalmente, cuando se vuelva a conectar la toma de antena, compararemos el resultado.

No dejemos de pensar en cómo se transportará el televisor (sobre todo si es de gran diagonal), en qué embalaje, el coste y si existe o no servicio de garantía sin necesidad de desplazamiento.

 

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