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The art of Flight
Una oda al snowboarding Texto: Fabio Huertas Cuando en diciembre de 1895, los hermanos Lumiére mostraron al mundo el cinematógrafo, esgrimieron que su invento podría tener un alto interés científico, pero su interés comercial no valdría nada. Si bien la cita es célebre por su abultado error de cálculo, sí que puede marcar un principio de dos diferentes acepciones de cine: cine como vehículo para narrar una historia de ficción, cine como plasmación de la realidad (fotografía en movimiento). Todo lo que viene después es conocido: la invención del lenguaje cinematográfico y cómo se dispone el autor de este para mostrar una imagen, sea esta ficción o no ficción (término que yo prefiero, por ser más amplio que “documental”), narrativo o no-narrativo. Pero siempre buscando la explotación industrial o al menos un cauce que permita recuperar el dinero invertido. ¿Y cómo se consigue que hoy día, con 115 años de historia del cine a nuestras espaldas, un género como los documentales de naturaleza rivalicen en las salas con otro cine de explotación? A no ser que se trate del encargo de alguna institución o museo, cualquier documental de estas características buscará su recorrido comercial gracias a la espectacularidad, que puede conseguirse gracias a los últimos avances técnicos. Por este motivo, las salas IMAX están especializadas en esta clase de cine, y el preciosismo, la rigurosidad y los avances en técnica cinematográfica están a la orden del día en películas como Microcosmos (Claude Nuridsany, Marie Pérennou, 1996) o Tierra (Alastair Fothergill, Mark Linfield, 2007), por citar un par de ejemplos paradigmáticos. The art of flight no es un documental de naturaleza, pero nos vale esta premisa como punto de partida. En primer lugar, porque las imágenes que contiene son espectaculares: los desérticos parajes de Alaska, la escarpada cordillera andina, el marciano paisaje septentrional de la Patagonia… la belleza de la naturaleza, revelada como el más inconmensurable artista existente, queda muy bien reflejada en esta película, y es el motivo vehicular de la verdadera trama. The art of flight es un documental sobre snowboard, donde veremos a una serie de snowboarders profesionales burlar sobre su tabla las leyes de la gravedad, en una serie de saltos inmaculados y piruetas imposibles allí donde las condiciones climáticas son más extremas. Deslizándose sobre avalanchas, saltando desde helicópteros, siempre a temperaturas glaciales. Siempre buscando retratar a los snowboarders como héroes y de asombrar al espectador en la forma de retratar la naturaleza, el director no duda en utilizar desde el primer momento todos los artilugios técnicos a su alcance: utilizaciones continuas del time lapse para mostrar el paso del tiempo, del slow motion a la hora de los saltos en el aire, de las salpicaduras de nieve, de los deslizamientos montaña abajo, impactantes imágenes tomadas con cámaras a control remoto situadas en los ejes de los helicópteros, o adosadas a los propios snowboarders según se deslizan pendiente abajo... A lo que hay que añadir un continuo dinamismo en la utilización de gruas, travelings y movimientos de cámara en una película donde la cámara no permanece estática en ningún momento: siempre en movimiento, siempre en tensión. Todo ello sumado a la continua utilización de grandes angulares, super grandes angulares y panorámicas aéreas para mostrar la naturaleza con toda majestuosidad. Una serie de recursos que el director, Curt Morgan, despliega desde los primeros momentos con el fin de impactar al espectador, y que mantiene de manera reiterativa a lo largo de toda la película. La danza de los deportistas tiene lugar a ritmo de space-rock, electrónica y shoegaze, lo que hace que la música sea parte imprescindible de la película. Iniciamos la crónica apuntando la importancia de los avances técnicos en los documentales, y esta película se utiliza para desarrollar el Dolby True HD: sistema de sonido en 7.1 que incorpora dos canales surround adicionales para hacer el sonido aún más envolvente. El novedoso sistema, desarrollado específicamente para esta película, hace que la música y el montaje de sonido aumenten la espectacularidad y la emoción en los saltos –algunos desde el propio helicóptero-. Película hecha por y para amantes del snowboarding, hay que tener en cuenta las acrobacias suponen más de la mitad del metraje de la película, a la que se intercala para dinamizar los paisajes fotográficos y entrevistas a los snowboarders. Hay que estar muy interesado en este deporte para poder apreciar la película con toda su mangnitud. Para entendernos mejor: ¿para usted, el fútbol es emoción, suspense, competitividad y acción, o son simplemente veintidós tipos corriendo y pegando patadas a una pelota? He dicho fútbol, como podría haber dicho baloncesto, waterpolo, golf, ciclismo, fórmula 1 o gimnasia rítmica. Por tanto, ¿está usted lo suficientemente interesado en el snowboarding como para mantenerse 80 minutos frente a la pantalla? Plantéeselo, porque superado el impacto de las imágenes espectaculares a fuerza de su repetición homogénea, el interés en la película es directamente proporcional al interés que tenga el espectador en el citado deporte de riesgo. Y si su interés es escaso, el visionado de la película a la hora de la sobremesa puede derivar en somnoliencia. Apenas un desastre natural y una caída y su operación quirúrgica a mitad de metraje te hacen salir de la monotonía creada, aunque solo por unos segundos. Un par de apuntes finales: al ser una película producida por empresas ajenas al cine, como son Red Bull (bebidas energéticas) y Quicksilver (equipación y ropa deportiva), la aparición del logo de ambas en el metraje es continuo, para que quede una irritante constancia publicitaria en el espectador. Por último, las mujeres brillan por su ausencia en esta película, tanto delante como detrás de las cámaras. En cualquier caso, The art of flight es una oda al snowboarding y encierra numerosas imágenes impresionantes, de gran cuidado plástico y enorme dinamismo. Puede ser una película interesante para mostrar en los expositores de las tiendas de electrodomésticos, con el fin de vender al público las bondades de la alta definición. SONIDO: La película viene en un estuche, que trae un DVD y un Blu Ray con similar contenido, con la excepción del sonido: 5.1 y 2.0 en el DVD, y el novedoso Dolby True HD en 7.1 que multiplica el impacto de la película, donde suenan multitud de canciones. Se requieren aparatos específicos para poderlo disfrutar en su plenitud, ya que en los aparatos de 5.1, los dos canales surround quedan algo desdibujados. Aún con eso, aumenta la emoción del riesgo al escuchar, de una manera todavía más envolvente, las canciones que acompañan los descensos de los snowboarders. En cuanto al uso del 7.1 como sonido directo, el efecto está absolutamente logrado en un momento en el que una explosión provocada por un compañero –en ese momento fuera de cuadro- sobresalta a un snowboarder mientras es entrevistado. El espectador se sobresalta junto al personaje, que por un momento no sabe de qué sitio de la sala proviene la explosión al hacer uso del nuevo sonido envolvente. Es en este tipo de escenas donde se descubre las posibilidades del nuevo sistema dentro del cine de acción trepidante, y simular de una manera más satisfactoria que el salón de la casa de uno se convierte en una sala de cine. DOBLAJE: En versión original inglés en cualquier formato, la película no está ni doblada ni subtitulada a ningún otro idioma. IMAGEN: Ya se ha comentado, muy cuidada y dinámica, con múltiples utilizaciones de diversos recursos que reinciden en la espectacularidad: grandes paisajes aéreos en localizaciones majestuosas, postales preciosistas de cordilleras, con especial hincapié en formaciones naturales caprichosas. Deportistas que arriesgan su vida al deslizarse por las laderas nevadas. Cinco minutos escogidos al azar de esta película impactarán al espectador, pero más de una hora hastiará a cualquiera que no le apasionen en demasía los deportes de riesgo. La imagen en el Blu Ray es muy cuidada, con una gran nitidez, y una fotografía que bebe intensamente de la luz natural –apenas se aprecia aparatos de iluminación en los making of, más allá de algunos para matizar la luminosidad del reflejo de la nieve-. Además, la imagen en alta definición evita las pixelaciones, por lo que se percibe un gran realismo, algo que el DVD fuerza más en los grandes bloques homogéneos de color –hago referencia, de nuevo, a la nieve-. EXTRAS: Menú muy cuidado y multitud de extras, que en su conjunto pueden superar en metraje a la propia película. Los extras incluyen un making of de 20 minutos, una colección de bromas privadas y tomas falsas en las que se ve cómo el equipo se divirtió mucho haciendo la película, accidentes de trineo, una colección de saltos, otra de escenas paisajísticas, un pequeño documental sobre cómo protegerse de las avalanchas, varias bajadas completas de montañas en las que el snowboarder porta la cámara, vídeos promocionales, una colección de saltos fallidos que acaban en morrazos y un par de videoclips. |
FICHA TÉCNICA AUDIO: DVD: 5.1 – 2.0 / Blu Ray: 7.1. IDIOMAS: Solo inglés. SUBTÍTULOS: Sin opción. IMAGEN: 16:9 1080 p. DIRECTOR: Curt Morgan. REPARTO: Travis Rice, Mark Landvik, John Jackson, Nicholas Müller, Scotty Lago, Bjorn Leines, David Carrier Porcheron, Jeremy Jones, Pat Moore... DISTRIBUIDORA: Red Bull Media House.
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