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La maldición de la flor dorada
Oro y jade en el exterior, declive y decadencia en el interior. Texto: Mercedes González A estas alturas de su carrera cinematográfica, el cineasta chino Zhang Yimou puede permitirse el lujo de hacer casi lo que le dé la gana en lo que a cine se refiere. Su firma en cualquier proyecto es más que suficiente para atraer al público hasta las salas de cine. Pero resulta irónico que su fama internacional, por lo menos para los menos cinéfilos, se la deba en gran medida al cine de acción, cuando éste es un género en el que apenas se ha sumergido un par de veces. Hero y La casa de las dagas voladoras son las películas que han conseguido que casi cualquier espectador reconozca su nombre en los títulos de crédito, y La maldición de la flor dorada sigue su estela, en lo que a género se refiere, y se convierte en la tercera ocasión en que Yimou decide abordar un film de acción, continuando con el espectacular y operístico estilo visual que ya le caracteriza. La película está ambientada en el período histórico chino de la dinastía Tang, una época de opulencia y extravagancia dominada todavía por el feudalismo. En su sociedad, las mujeres estaban totalmente oprimidas y sujetas a los designios del hombre. Y sus protagonistas son los miembros de una familia imperial que oculta toda una colección de secretos y engaños. El mayor atractivo de La maldición de la flor dorada es, sin duda, la riqueza de sus imágenes, un auténtico delirio cromático, el cuidado obsesivo puesto en cada fotograma. Su magnífica fotografía y arrebatadora y espectacular estética, rayando sin duda lo excesivo, no nos puede dejar indiferentes. Su guión ha sido, sin embargo, muy criticado, sobre todo para mal. Se trata de un drama con tintes “folletinescos” que recuerda las tragedias de Shakespeare: engaño, traición, celos, ambición, envidia... toda la debilidad humana parece estar concentrada en el seno de la familia imperial protagonista que, pese a todo el oro y el lujo que la rodea, está podrida en su seno y destinada inevitablemente a su propia destrucción. El ritmo de la primera parte es peligrosamente lento, lleno de profundos silencios pero poblado de significativas miradas. Un espacio que el director aprovecha para mostrar el lujo y boato que habita en la corte, el riguroso protocolo del día a día en palacio, los rituales que doncellas y criados deben cumplir para sus señores, las frías y ceremoniosas relaciones entre los miembros de la familia real. Y poco a poco, se va desvelando ese maremagnum de sentimientos escondidos en el oropel de las habitaciones palaciegas, la lucha de poder entre unos y otros que nos conduce a un trágico y violento final que cuenta con excelentes combates de cuidada, y bastante contenida, coreografía. La maldición de la flor dorada reúne, tras once años sin trabajar juntos, al director chino y a la que fuera en sus primeros tiempos su actriz fetiche, además de ser su amante en la vida real, Gong Li. Su trabajo interpretativo, junto con el del actor Chow Yun Fat, es otro de los baluartes de este film. EVALUACIÓN SONIDO. La mezcla sonora se muestra muy discreta hasta llegar la última tercera parte de la película. Es entonces cuando tienen lugar los combates y las escenas de mayor acción, y donde se aprecia mayor riqueza auditiva con una adecuada direccionalidad y presencia de abundantes efectos. Aun así, no resulta una mezcla deslumbrante. DOBLAJE. Calidad similar al original. IMAGEN. Excelente. Sumamente saturada, presenta una extraordinaria profundidad de color. Sin defectos aparentes, su definición es muy buena aun cuando los rostros aparecen en ocasiones demasiado suavizados. Una imagen para disfrutar de la alta definición. EXTRAS. Muy escasos. Sólo tenemos un documental sobre el film de unos 20 minutos y su estreno en Los Ángeles. |
Ficha técnica y calificación AUDIO Castellano, chino PCM 5.1. Castellano, catalán, chino DD 5.1. SUBTÍTULOS Castellano, inglés, hindú. IMAGEN 2,35:1, 1.080p. DIRECTOR Zhang Yimou. REPARTO Chow Yun Fat, Gong Li, Jay Chou. DISTRIBUIDORA Sony.
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