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Imprescindibles: El cielo sobre Berlín

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La poesía de Win Wenders. Una edición y película que nadie debería olvidar.

Texto: redacción

Polifacético en el cine, Wim Wenders ha trabajado como crítico cinematográfico, actor, montador, guionista, director de fotografía, productor y director, aunque es en esta última actividad en la que ha destacado y por la que es conocido. Este realizador alemán, que acaba de cumplir los sesenta años, tiene en su haber ya más de cuarenta películas. Se le ha acusado de pretencioso y, en más de una ocasión, sus producciones han sido maltratadas por la crítica, aunque en muchas otras no haya tenido más remedio que rendirse ante el genio de este cineasta que es uno de los máximos exponentes del cine europeo. Sus primeros pasos cinematográficos los dio a través de varios cortos, tras los cuales estrenó su primer largometraje a principios de los setenta, una adaptación de una novela, The Goalkeepers Fear of the Penalty Kick, de su amigo Peter Handke. Poco después fundaba, junto a otros cineastas alemanes, la productora Filmverlag Der Autoren que distribuyó sus tres siguientes películas. Cinco años más tarde, crearía su propia empresa cinematográfica, Road Movies Filmproduktion Inc., encargada de producir docenas de films del propio Wenders y otros autores. Fue en 1977 con El amigo americano, una adaptación de la novela negra Ripley's Game de Patricia Higshmith, cuando su nombre empezó a sonar con más fuerza. Coppola se fijó en Wenders y le propuso dirigir El hombre de Chinatown mientras él hacía de productor. Una película que tardó cuatro años en realizar y en medio de la cual tuvo tiempo para hacer la premiada El estado de las cosas, crítica del propio cine dirigida por Wenders en medio de los problemas que tuvo con Coppola por pasarse de presupuesto y plazo en el proyecto en el que ambos trabajaban. En el 83 filmaba la película reconocida como la mejor de sus obras, Paris, Texas, la historia de un vagabundo de oscuro pasado que fue premiada en el Festival de Cannes con la Palma de Oro y que provocó que su nombre empezase a ser reconocido entre el gran público. Poco después vendría la película que ocupa estas líneas, El cielo sobre Berlín, cuya secuela Tan lejos, tan cerca rodaría a principios de los noventa como Hasta el fin del mundo, realizada en 1991.

 

Desde entonces ha ejercido su labor casi exclusivamente en Estados Unidos y su carrera ha estado llena de trabajos irregulares mal acogidos, en general, por el público y la crítica, pese a lo cual, curiosamente, cada nueva película suya es esperada con gran expectación. Su penúltima producción la realizó en el 2004: Tierra de abundancia, su película más política, una visión mucho más realista de lo ocurrido el 11 de septiembre en Nueva York que la demagógica de Michael Moore. Su última cinta forma parte de la serie The Blues, un personal homenaje de Wenders a este género musical que tanto aprecia. El cielo sobre Berlín es, junto a Tan lejos, tan cerca, una de sus obras más espiritualistas. Realizada en 1987, está filmada en gran parte en un blanco y negro que recuerda a las imágenes del cine americano de los treinta y los cuarenta. Blanco y negro para mostrar la visión de los ángeles, especialmente el personificado por Bruno Ganz; y color en las imágenes que pasan a través de los ojos de los personajes “reales”, como la trapecista o Peter Falk, que se interpreta a sí mismo en el film. Dos horas de metraje impregnadas de poesía en los labios de sus principales personajes, en sus imágenes y en el poema “Cuando el niño era niño...” que inicia, termina y salpica frecuentemente la película. Y numerosas voces en off, que no corresponden como es habitual a la de un narrador, sino a las reflexiones y pensamientos de cuanto ser real se asoma a la pantalla, voces escuchadas por esos ángeles encargados de protegerlas. Voces que hablan en tres idiomas en su versión original: alemán, inglés para las palabras de Peter Falk y el francés de la troupe circense. Una película de planos muy largos, de narración literaria y ritmo lento y pausado, para que el espectador tenga tiempo de mirar y escuchar. Una de las mejores obras del realizador, con la que obtuvo el Premio al Mejor Director en el Festival de Cannes, el Premio European Film a la Mejor Película, el German Film y el Independent Spirit Award entre otros galardones.



La Película



Un ángel observa desde lo alto de una derruida torre de iglesia a los ciudadanos de un Berlín a pocos años de la caída de su tristemente famoso muro. Sólo los niños perciben su presencia. Él y su compañero vagan suspendidos en el aire, como tantos otros ángeles, sin sentir su propio peso. Uno al otro se cuentan los hechos, para ellos extraordinarios, que perciben cada día, mientras dedican su espiritual existencia a ayudar a los demás. Bañarse en el río y sentir el agua rozando sus pies, comprar el periódico, abrazar al primero que pase... así sueña este ángel con que sea su primer día como ser real, pues a pesar de las miserias inherentes a la condición humana, hasta los ángeles la codician.

El folleto de su interior contiene una breve biografía de Wim Wenders y Bruno Ganz, ficha técnica y artística y notas de interés. El material extra del disco presenta los interesantes comentarios del director durante el visionado de la película, un tráiler, escenas eliminadas comentadas por Wenders y la misma información del folleto.


 

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