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Calibración de visualizadores. Parte IV.

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En este cuarto capítulo sobre calibración, nos vamos a centrar en uno de los aspectos más complejos y controvertidos de dicho proceso, por lo que tiene de subjetivo. Tanto a los ojos de un profano, como a los de un profesional. Nos estamos refiriendo a la temperatura de color.

Texto: Javier SAIZ

A modo de breve recordatorio señalaré que en los capítulos precedentes hemos visto las últimas novedades en hardware y software, patrones y preparación para el proceso de calibración y aspectos prácticos de los ajustes básicos iniciales, esencialmente los referidos al brillo, contraste y curva de gamma. En este nuevo capítulo de esta serie sobre calibración nos centraremos en el ajuste de la temperatura de color, el primero de los ajustes avanzados y punto en el que las cosas empiezan a complicarse para los no iniciados.

La importancia de un correcto ajuste de la escala de grises, tercer nombre de la temperatura de color, a la hora de obtener la mejor imagen posible en un visualizador es muy grande, por ser el gris la base sobre la que se apoya la mayor parte de la información de la imagen y el que dará la tonalidad fundamental al color. Los errores en este apartado resultan mucho más evidentes que los que podamos tener en el gamut de color, esto es, siempre que no nos vayamos a casos extremos de sobre/subsaturación, luminancia o tonalidad.

Si para llevar a cabo lo visto en el capítulo precedente no era estrictamente necesario disponer de más material que un disco de patrones aunque, obviamente, la precisión nunca será comparable a la obtenida empleando un equipo completo de calibración, para los ajustes que veremos a continuación son requisitos imprescindibles la sonda, el ordenador y el software de calibración. Es imposible, incluso para el ojo más entrenado, ajustar perfectamente un gris a la norma D65 y lograr que cualquier color se sitúe en las coordenadas de cualquiera de los estándares de color. Es posible, para alguien habituado a calibrar, detectar si un gris presenta una temperatura baja (tonalidad rojiza), una alta (tonalidad azulada) o una tonalidad verdosa si predominase este color sobre los otros dos, gracias a tener una referencia mental previa. Pero estas desviaciones, aunque resulten visibles, son muy difíciles de ajustar sin una herramienta que nos diga exactamente dónde y cuánto hay que modificar cada componente. Si tratamos de hacerlo “a ojo de buen cubero” lo más probable es que acabemos haciendo más mal que bien y terminemos innecesariamente frustrados.

Antes de entrar en detalles, me gustaría reiterar que el proceso de calibración, si se desea hacer bien, requiere de numerosas repeticiones, debido a que las modificaciones efectuadas en algunos parámetros pueden afectar a otros ajustes previamente realizados y es necesario, tras la finalización de cada etapa, verificar que todo sigue en orden volviendo a medir.

A nivel de controles avanzados disponibles en los menús, existe cierta diferencia entre el mundo de los proyectores y el de los televisores. Quizás por ser los primeros un elemento más “opcional” en la mayoría de los hogares, los fabricantes se esmeran más a la hora de equiparlos y es habitual que, salvo los muy, muy económicos, casi todos incluyan al menos ajustes de temperatura de color. Sin embargo, en el caso de los segundos, para encontrar esos mismos controles (que algunos fabricantes también llaman balance de blanco) suele ser necesario adquirir un modelo al menos de gama media de algunos fabricantes, mientras que para otros exclusivamente están disponibles en sus gamas altas. De hecho, incluso algunas marcas orientadas al lujo y al diseño no los incluyen ni siquiera en sus modelos insignia a pesar de sus elevados precios.

En el caso de tener la suerte de poseer un equipo que cuente con estos controles, lo más frecuente es que nos encontremos con seis entradas, dos por color, que ajustan la mitad inferior y superior de su rango dinámico. No existe un estándar para nombrar dichos controles, lo que hace que cada fabricante use los términos que entienda que más facilitan su identificación. Pero, incluso en el caso de no tener la certeza de cuál hace qué, nada más sencillo que tomar una primera medición, modificar uno de ellos y volver a medir para ver cuál ha sido el efecto. Otra posibilidad con la que nos podemos topar es que no haya seis controles, sino cinco (por ejemplo, los paneles LCD de Philips), cuatro o incluso tres (por ejemplo, algunos modelos de Sharp). Si se dispone de cinco (tres para la parte alta del rango y dos para la baja) o de cuatro (dos para la parte alta y dos para la baja), a priori estaremos en situación de poder realizar un ajuste bastante preciso. No sucede lo mismo si sólo se incluyen tres, que normalmente afectan a la parte superior, por lo que la inferior permanecerá inalterable.

Disponer de dos únicos controles para un tramo del rango no supone, en principio, ninguna complicación. Digo en principio, porque puede darse el caso de que los incluidos sean el verde y otro más, da igual si es el rojo o el azul, lo que complica el proceso de calibración. El objetivo de este ajuste es lograr un correcto balance de los tres componentes básicos del color (rojo, verde y azul), de forma que desde el primer gris hasta el último blanco su temperatura sea de 6.500oK. Si nos falta uno de los tres, siempre se puede jugar con los otros hasta lograr el equilibrio. Puesto que el color verde es el más luminoso, lo normal es que se procure dejarlo inalterado en la medida que sea posible, pues sus variaciones modificarán la curva de gamma ajustada previamente, jugando solamente con el rojo y el azul. Si no disponemos más que de dos controles y uno de ellos es el verde, habrá que tenerlo en cuenta y compensar subiendo o bajando el brillo/contraste, según se trate de la parte alta o baja.

En algunos paneles de LG y Samsung que están apareciendo este año se nos ofrece la interesantísima opción de ajustar, no ya en dos puntos de corte como acabo de comentar, sino en unos fantásticos diez puntos de corte (10%, 20%, etc.). El incremento de precisión que puede lograrse con esta novedad promete ser francamente interesante y espero poder probar en breve uno de estos modelos para trasmitirles a ustedes los resultados.

Pasando a la práctica, comenzaré por los patrones que hay que emplear. Todos los estándares de vídeo actuales utilizan el mismo punto de blanco, por lo que se puede usar cualquier disco de patrones en DVD, BD e incluso, si alguien dispone de ello, HD DVD. Si se cuenta con dos puntos de corte, se recurrirá a los patrones del 20/30% para la zona inferior y del 80/90% para la superior. La decisión de usar el 20 ó el 30% vendrá dada por el resultado de nuestra primera medición. Si vemos que empleando cualquiera de ellas obtenemos un mejor resultado, por ser más homogénea la variación a lo largo de todo el tramo, ése será el escogido y lo mismo haremos en la elección entre las del 80 ó el 90%.

Los principales escollos que dificultan el equilibrado de la temperatura de color son, por una parte, la falta de linealidad de los controles y, por otra, la interacción de unos sobre los otros. A modo de ejemplo, imaginemos que a la hora de realizar lo comentado en el párrafo anterior, aumentamos el brillo del rojo (zona inferior, en inglés CUT, CUT OFF ó BIAS) en uno o dos puntos. Lo más probable es que la corrección medida sea muy distinta al 20% que la medida al 40% y, además, nos podemos encontrar con la sorpresa de que también ha afectado al 70%, lo que en teoría no debería haber sucedido. No existe una norma establecida que nos ayude a solucionar este rompecabezas, sólo la experiencia propia o ajena nos indiciará el camino a seguir ante los problemas que nos surjan con cada visualizador y, sobre todo al principio, hay que ser tremendamente paciente. Siguiendo con nuestro ejemplo, buscaríamos la combinación de los tres colores que minimizase las desviaciones dE en su tramo nativo, en este caso del 0-50%, pero siempre teniendo en cuenta dos cosas: una, que nuestro ojo es más sensible en la zona media del rango (40-80%) que en la zona baja (<=30%), lo que hace preferible una buena cifra dE en ella con una media general más elevada a una media más baja pero con peores valores en la parte más sensible. La otra es que hay que recordar que todas las sondas pierden mucha precisión por debajo de cierto nivel de luz, por lo que nuestro ojo deberá corroborar (que no sustituir) lo que ésta diga. Si en este proceso estamos afectando al tramo que no corresponde, deberemos ajustar siempre en primer lugar el que más altere a su complementario y, a continuación, el otro, volviendo sobre nuestros pasos tantas veces como sea necesario hasta que entre en acción la ley de rendimientos decrecientes y el esfuerzo empleado sea excesivo para la mejora obtenida.

Como comenté en el capitulo anterior, no son infrecuentes los visualizadores que presentan un clipping (agotamiento) de uno o dos colores al sobrepasar cierto límite de luminosidad, luminancia en el caso de los televisores e iluminancia en el de los proyectores. Si ese fuese nuestro caso y el nivel obtenido sin clipping nos pareciese insuficiente por quedar la imagen muy “apagada”, una vez más la única solución posible es buscar el justo término medio en el que ambos sean aceptables, aun sabiendo que ninguno será el óptimo.

Si se cuenta con los arriba mencionados diez puntos de ajuste, no sólo puede ser menos tedioso este proceso, reduciendo las iteraciones, sino que muy posiblemente no sea necesario recurrir a tantos puntos de compromiso, lo que facilita enormemente la calibración. Otra ventaja adicional derivada consiste en poder actuar como un control fino de gamma, ya que sería posible aumentar o disminuir la luminosidad de una intensidad concreta, desplazando en bloque los tres colores hacia arriba o hacia abajo, algo muy útil cuando nuestro visualizador presenta “baches” en su curva o ésta presenta cierta forma de “S”.