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Calibración de visualizadores. Parte I.

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En este primer capítulo sobre la calibración de visualizadores, nos vamos a centrar en dos aspectos fundamentales. Empezamos la correcta elección del hardware, que incluye un completo repaso a las sondas disponibles en el mercado. Después nos centramos en el software más adecuado para conseguir los mejores resultados. Calibración de calidad al alcance de todos.

Texto: Javier SAIZ

Cuando me plantearon hacer un artículo sobre calibración de visualizadores para este número, lo primero que pensé fue que después del fabuloso trabajo de mi compañero Javier Guerra con respecto a la proyección, la tarea no iba a ser nada fácil por dos motivos. El primero, que su guía es completísima y el segundo, que ha puesto el listón muy alto en claridad, alcance y profundidad. En este primer capítulo el objetivo que intentaré alcanzar, en la medida de lo posible, será proporcionar la información sobre el hardware y el software de calibración. A pesar de todo, este asunto es tan amplio que todavía quedan pendientes temas sin tratar como son todos los aspectos prácticos del proceso: la casuística de cada tipo de visualizador (menús, controles, etc.), problemas que nos podemos encontrar en el funcionamiento de los controles y muchos otros que, si fuesen del interés de los lectores, se podrían incluir en una segunda (e incluso tercera) entrega.

SOFTWARE

El software que hay que utilizar en el proceso de calibración determina el resto de elementos de hardware que vamos a usar y, por ello, su correcta elección es fundamental.

Durante mucho tiempo, el ejemplo por excelencia en este campo fue Colorfacts de Datacolor, un producto de uso profesional con un precio muy alto que lo situaba lejos del alcance del simple aficionado. Para hacer frente a estas circunstancias, un equipo de aficionados franceses desarrolló la aplicación HCFR, hecha para no profesionales, cuya gratuidad permitió finalmente al gran público el acceso a las bondades de la calibración. Sin negar ni un ápice de su utilidad ni de sus beneficios, lo cierto es que HCFR, al no permitir a sus autores vivir de su producto, no tiene ni la potencia ni el soporte del que suele disponer el software comercial. Esto se nota muy acusadamente en la falta de actualizaciones que posibiliten el uso de un mayor número de sondas o añadir nuevas funcionalidades y mejoras al programa. El caso es que entre ambas aplicaciones quedaba en el mercado un hueco sin atender, el de los que deseaban un software más potente y mejor soportado pero a un precio que resultara asequible para uso doméstico. El mencionado nicho ha sido recientemente cubierto por dos nuevas opciones: la que primero surgió fue la compañía norteamericana Spectracal (www.spectracal.com) que introdujo CalMan y, unos meses más tarde, el reputado profesional de la calibración Tom Huffman elaboró su propia herramienta a la que bautizó con el nombre de Chromapure (www.chromapure.com). Cada uno de ellos, recurre a un método diferente para establecer sus precios. El primero lo hace en función del uso que se le vaya a dar al software, el número de sondas que permite emplear y su tipo. Así, es posible comprar desde el paquete más sencillo por 199 dolares USA, hasta la versión profesional, en la que sólo el software se sitúa en los 2.495 dólares USA. El primero de ellos incluye un colorímetro de X-Rite Display2 LT (valorado en unos 140 € si se adquiere de forma independiente), es apto para su uso en el propio domicilio (no profesional) pero permite el empleo de casi cualquier colorímetro de gama baja. El segundo ofrece la posibilidad de usar un número ilimitado de sondas pudiendo, además, ser éstas de cualquier tipo. Entre esos extremos, se plantean algunas opciones interesantes para el calibrador “amateur” que disponga de un presupuesto algo superior al del usuario habitual de HCFR, como son la posibilidad de acceder a sondas de mayor precisión que las habituales Display2 o Spyder en cualquiera de sus revisiones. El esquema de tarificación seguido por Chromapure es bastante diferente.

El precio de la aplicación es el mismo, independientemente del uso que se le vaya a dar, pero por el contrario, se licencia para una sonda en concreto (por su nº de serie) y no para un tipo en general. De este modo, en la práctica y para una utilización puramente doméstica con sondas “razonables”, ambas soluciones resultan muy similares en precio y prestaciones.

A favor de CalMan cuenta el hecho de disponer de un equipo de desarrollo más grande y una gama más completa de productos soportados, mientras en su contra nos encontramos con un interfaz menos intuitivo que requiere un mayor esfuerzo por parte del usuario para dominarlo. Chromapure es todo lo contrario, más sencillo de utilizar pero, al contar con menos “cabezas pensantes”, su evolución es más pausada.

Cualquiera de estas dos aplicaciones, cada una con sus peculiaridades, aporta significativas ventajas respecto a HCFR. En el plano técnico, su gestión de las sondas es muy superior, al tener acceso directo al fabricante y los SDK (Software Development Kit) de cada aparato, lo que añade mayor precisión a las medidas tomadas con ellas. En cuanto a su uso, si bien es muy parecido al de la aplicación gratuita a la hora de calibrar la temperatura de color, la cosa cambia si se trata de ajustar el color, ya que tanto Calman como Chromapure emplean la norma dE94 en vez de la dE76 para este cometido. La norma 94 desagrega la desviación total dE en sus tres componentes dES, dEH y dEL (saturación, tonalidad y luminancia), que son ponderadas en función de su impacto en nuestra percepción visual, aportando más valor al dE total, por ejemplo, los errores de luminancia que los de tonalidad. Esta diferencia ahorra mucho tiempo a la hora de calibrar un visualizador que disponga de un CMS completo y mejora la toma de decisiones cuando hay que buscar una solución de “compromiso”, por ejemplo, cuando no se dispone de todos los controles necesarios para ajustar la decodificación de color (situación mucho más habitual de lo que sería deseable) o se cuenta sólo con el control “Color”, que normalmente actúa como ajuste de Chroma y altera de forma simultánea la saturación y la luminancia. Por último, si hablamos de funcionalidades añadidas, la lista de lo que aportan las aplicaciones de pago es muy extensa, pero por nombrar algunas citaré la posibilidad de crear “entornos” (workspaces) a nuestra medida, ver los dE según todas las normas utilizadas en vídeo, automatización de generadores de señal, ajuste de secundarios en función de los primarios obtenidos y un largo etcétera que daría para más de un artículo, lo que igualmente sucedería si entráramos a describir su funcionamiento en detalle.

HARDWARE

Las sondas más comunes en la calibración no profesional son, lógicamente, los colorímetros de gama baja como los mencionados en la guía de calibración de mi compañero Javier Guerra, es decir, la X-Rite Display2 (D2) en sus dos versiones (normal y LT, que es idéntica en lo que se refiere al hardware, pero no incluye software de calibración de monitores de PC y por tanto resulta interesante al ser más económica), las Datacolor Spyder2 (S2) y Spyder3 (S3), la Monaco Optix DTP-94 (no fabricada en la actualidad) o la propia sonda de HCFR, cuyos precios son inferiores a los 150 €. Menos común por su precio, unos 800 €, pero muy superior en prestaciones, es la también comentada i1 Pro que, recordemos, no es un colorímetro sino un espectroradiofotómetro (en adelante, y para simplificar, “espectro”), mucho más preciso, mucho más estable térmicamente y, muy importante, con mayor “repetibilidad” en sus medidas. Hasta hace poco, ahí se terminaba la lista de sondas “razonables”, a partir de la i1 Pro el salto en el coste de adquisición era (y sigue siendo) elevadísimo, ya que el siguiente peldaño nos sitúa en el entorno de los 6.500 dólares USA para un colorímetro o los 9.000 para un “espectro” más económicos dentro de la gama alta. Afortunadamente, el hueco entre los colorímetros económicos y la i1 Pro se ha ido cubriendo con dos nuevas opciones del fabricante suizo X-Rite, el Chroma5 (C5) y el “espectro” ColorMunki (CM). El inconveniente de estos modelos es que de momento sólo son soportados por los programas “de pago”, aunque la segunda posiblemente será utilizable dentro de poco tiempo con HCFR, lo que, dado que se puede adquirir por unos 350 €, sería una magnífica noticia para todos los aficionados.

Cada tipo de sonda tiene sus pros y sus contras, motivo por el cual muchos calibradores profesionales emplean dos de diferente tipo de forma complementaria, recurriendo a un proceso llamado “perfilado” para la calibración de la temperatura de color o escala de grises. Los colorímetros, incluso los económicos, tienen una mayor sensibilidad a la luz que los “espectros” básicos, mientras que éstos últimos ofrecen mayor exactitud en las medidas de color. Debido a esto y también a que los “espectros” son algo más lentos, para hacer un perfilado se toman unas medidas de color con ambas sondas y se crea un “ajuste” del colorímetro a partir de las obtenidas por el “espectro”, lo que nos da un perfil válido exclusivamente para ese visualizador. Con el colorímetro ya perfilado, tendremos las ventajas de ambos tipo de sonda: velocidad y precisión. Si se desea la máxima calidad en las medidas, el trabajo con el gamut de color -siempre que se disponga de uno- se debería realizar con un “espectro”, pero si no es nuestro caso, siempre será preferible recurrir a un colorímetro frente al empleo de filtros de color o incluso al trabajo “a ojo”.

Los colorímetros básicos tienen dos inconvenientes adicionales, uno es el tiempo necesario de calentamiento y el otro es la degradación de los filtros que emplean para filtrar la luz y medir el color. El proceso de calibración de un visualizador es una tarea que requiere de bastante tiempo. Rara vez se emplean menos de dos horas, por lo que añadir un mínimo de 30-40 minutos para que la sonda alcance una temperatura estable se hace aun más tedioso. En el caso de algunos paneles, especialmente de plasma, se precisa de ese tiempo para que se estabilicen térmicamente. La única excepción a esta norma es la X-Rite C5, que dispone de compensación automática de temperatura y además añade una mayor precisión de medidas. El segundo inconveniente tiene su origen en los filtros empleados por este tipo de sondas que son de material orgánico, lo que les hace ser sensibles a la temperatura y humedad. Dependiendo de las condiciones climáticas y de cómo se almacenen, su precisión puede mantenerse durante varios años o por el contrario perderse en un plazo relativamente breve. Como las medicinas, los colorímetros deben guardarse secos y frescos para alargar su vida eficaz.

Entre las pegas propias de los “espectros” (y de la DTP-94), con independencia de su categoría, quizás la más incómoda es la necesidad de realizar una calibración interna cada 10 ó 15 minutos si se quiere mantener la precisión. Para ello es necesario colocar frente a su ojo de lectura un elemento de referencia que viene incluido con la sonda y realizar una lectura de blanco. Si estamos calibrando un proyector, no es complicado instalar dicho elemento y tomar la medida. Pero si lo que estamos calibrando es un televisor será necesario desmontar la sonda, colocarla sobre la plataforma, tomar la medida y de nuevo situarla en su lugar sobre la pantalla. Es evidente que en una calibración, ya de por sí larga, este inconveniente se hace especialmente molesto al incrementar aproximadamente en 30% su duración (motivo adicional para realizar el antes mencionado perfilado). También hay que poner esto en perspectiva: para un profesional que cobre por su trabajo el problema es serio, pero para un amateur no es tan grave, pues no se calibra todos los días, es más, en un televisor “rodado” no debería ser necesario realizarlo más que una o dos veces al año.

Para concluir, me gustaría recomendarles que cuando vayan a hacerse con un visualizador consideren seriamente la adquisición del material necesario para su correcta calibración. Por supuesto, ajustando el nivel de éste al del panel o proyector, ya que no tendría sentido invertir 700 o más euros para ajustar un televisor de 900 €, o si por el contrario, se adquiriese un proyector de 6.000 o más, quedarse en un colorímetro básico junto a HCFR no nos permitiría sacar todo el rendimiento posible a nuestra inversión.