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ACONDICIONAMIENTO DE UNA SALA DE ESCUCHA

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Cuando hacemos un fuerte desembolso en un equipo de gran nivel, pensamos en las cajas, la electrónica o en el cableado. Pero hay un aspecto trascendental que muchas veces olvidamos: el espacio en el que vamos a situar el equipo. En este artículo te mostramos unas pautas muy útiles que pueden convertir una sencilla habitación en una buena sala de audición.

Texto: Redacción

Cuando disponemos de una sala para dedicarla únicamente a la audición estéreo, son muchos los factores que debemos tener en cuenta de cara a obtener una acústica óptima. Hacemos un repaso por todos ellos, para conseguir unos buenos resultados con algunas modificaciones muy sencillas.

LA SALA

El primer paso es calcular las dimensiones. Lo ideal es hacerlo antes de comprar las cajas, pero hay circunstancias como cambios de casa y similares en las que ya nos “traeremos” el equipo. La sala ideal no debería tener medidas que fuesen múltiplos (por ejemplo, 2,5 m de alto por 2,5 m de ancho y 5 m de largo); también es importante que el tamaño de sus tres ejes (alto, ancho y fondo) difieran lo más posible, que las paredes no sean paralelas, y evitar ventanas (elementos que rompen la buena acústica). Puesto que raras veces disponemos de las condiciones idóneas, hay que intentar evitar estos problemas por otros medios. No menos importante que el tamaño de la sala es la forma de ésta. Lo más habitual es una estancia cuadrada o rectangular, pero hay otro tipo de espacios, con distribución irregular (formas hexagonales, curvas, techos abuhardillados) que son mucho más adecuados para instalar un equipo de alta fidelidad. En este sentido, las paredes con superficies irregulares (gotelé, picado, etc.) ayudan al acondicionamiento acústico, al prevenir la aparición de ondas estacionarias y reflexiones indeseadas. Una habitación que tenga la forma de una caja de zapatos (y es, en esencia y salvando las distancias, una pequeña réplica de auditorios de referencia como el Concertgebouw, el Symphony Hall o la Gewandhaus) será mejor que una parecida a una “L” o una cuadrada de grandes dimensiones, ya que éstas últimas tienen la desventaja de que no disponen de las suficientes primeras reflexiones con las que crear un sonido equilibrado.

Generalmente, los recintos amplios y los que tienen diseños irregulares son más apropiados para grandes sistemas de altavoces con cajas, que han sido calculados para dar soporte a la transición que existe entre los distintos bafles sin necesitar de la ayuda de las paredes traseras. Este tipo requiere del apoyo de estas paredes para darle peso al sonido.

En cualquier caso, vamos a ceñirnos a tamaños al alcance de nuestros lectores; con una habitación de al menos 20 m2 será suficiente. Las ventanas siempre deben cubrirse con cortinas, cuanto más gruesas mejor, para amortiguar reflejos y reverberaciones extremas, lo que repercutirá en un mejor rendimiento del rango medio-alto del espectro auditivo.

El diseño de una caja en relación con el tamaño de una sala de audición es de gran importancia. Por lo general, las de dos vías de pequeñas dimensiones, si están bien construidas, proporcionan la mejor escena sonora en espacios reducidos. El motivo es la utilización de toda la banda posible en un altavoz de esa naturaleza (siempre que el filtro no introduzca cambios en la fase).

La acústica debe tratarse como un concepto importante del equipo de alta fidelidad, incluso decisivo en el sonido final. Hay quien afirma que en un equipo de nivel los cables (alimentación, interconexión y cajas), junto con la acústica del recinto, representan el 50% de la calidad del sonido ofrecido por el conjunto, por lo que nunca han de descuidarse. Quizá ese porcentaje sea algo exagerado, pero no cabe duda de la importancia de dichos aspectos. El resultado será mucho mejor en un sistema bien cableado e instalado en una sala con una acústica cuidada, que otro de nivel superior, con cables de serie y en un espacio sin acondicionar.

Lo ideal es poder compaginar bien nuestro conjunto con el entorno y los complementos de la estancia. La mejor opción para ubicar el sistema son los muebles diseñados específicamente para alta fidelidad (racks), aunque pueden llegar a alcanzar precios algo elevados. Si no tenemos espacio, no combina bien con el resto de los elementos, o simplemente no disponemos de presupuesto, podemos situarlo en el propio mobiliario de la habitación (librería, aparador, etc.), observando siempre algunas recomendaciones importantes: debe estar bien ventilado, sobre todo el amplificador o etapa de potencia, aislado de fuentes de calor y campos magnéticos, asentado sobre una plataforma firme y aislada de vibraciones. Podemos comprar sólo las planchas individuales e incluso fabricarlas (contrachapado duro de 6 mm y neopreno de 3 mm pegados formando un sandwich, sobre tres conos en la base, o una placa de granito, hasta hoy el material más estable, sobre tres tacos de goma o conos en la parte inferior) para situarlas sobre el mueble, y a su vez el equipo sobre éstas. El objetivo es reducir la superficie de contacto entre el aparato y el estante o suelo, para aislarlo de cualquier vibración. Por supuesto, si pretendemos eliminar estos defectos, nunca deberemos colocar los monitores (si son de estantería) en el mismo mueble que el resto del equipo. Aunque resulte una obviedad, hay que dejar libre el espacio entre las cajas y el punto de escucha para que el sonido llegue directo. En el caso de optar por un soporte específico para alta fidelidad, debemos tener en cuenta algunos factores de interés, como que sea lo más estable posible (estructuras de hierro soldadas, fibras compuestas), que descanse sobre puntas de desacoplo (reducen la superficie de contacto con el suelo), que esté bien ventilado, que disponga de sistemas antivibración, etc.

El resto de la instalación no necesita extraordinarios cambios de lo que habitualmente tendremos en cualquier casa. No debemos recargar mucho la estancia, pues la dejaríamos sorda (damos una palmada seca y el sonido se pierde bruscamente, no hay resonancia ninguna) ni dejarla demasiado vacía (dando la misma palmada oímos reverberaciones en exceso, la habitación suena a hueca). En los dos casos se produce un sonido poco natural. También se debe evitar el exceso de superficies demasiado reflectantes como pulidos, espejos o cristales. Basta con tener unas cortinas en las ventanas, algunos cuadros, y una alfombra (muy recomendado, evita reflejos indeseados del suelo) entre los altavoces y el punto de escucha. Esto, junto con el resto de mobiliario típico (mueble, sofás, mesas, etc.) es un primer paso para crear un ambiente con la justa absorción y reflexión de ondas sonoras. En el caso de que sigamos teniendo problemas de esa naturaleza, una buena solución es colgar aleatoriamente pequeños trozos de tela separados, lejos del tabique para aumentar la absorción de sonido. Otro recurso es colocar en las paredes objetos de adorno con formas convexas para dispersar las reflexiones perjudiciales.

No olvidemos nunca que cualquier cambio o alteración en la sala siempre va a afectar de alguna manera a la acústica de la misma. Hablamos de aspectos aparentemente menores como poner algún cuadro nuevo, cambiar una silla de posición, o una planta de interior. Por pequeños que sean, alterarán la imagen estéreo y el flujo correcto del sonido.

En instalaciones con más presupuesto, y si disponemos de una habitación libre exclusivamente para nuestra afición, lo ideal es instalar en lugares estratégicos paneles absorbentes y difusores (que se pueden encontrar en tiendas especializadas). En el caso de los primeros, son superficies que concentran por igual todo el rango de frecuencias, eliminando reflejos indeseados. Se pueden colocar tras los altavoces y en las esquinas. En lo que se refiere a los segundos, son planchas con relieves irregulares (los más comunes, formados por pequeños cubos de distintas alturas dispuestos en forma cuadrada), para dispersar las ondas sonoras. Se sitúan en la pared entre ambas cajas y en los laterales del punto de escucha.

También se puede habilitar una línea de potencia exclusiva para el equipo de sonido, desde el cuadro eléctrico principal, evitando picos y caídas que ocasionalmente producen otros aparatos eléctricos de la casa. En este caso, es mejor contactar con un comercio especializado que nos ayudará a acondicionar correctamente el recinto, ya que es un proceso algo más complejo.

LAS CAJAS

Para obtener la mejor imagen tridimensional, una sala de audición debe tener buena simetría sobre el plano que está entre las dos cajas.

Esto quiere decir que si uno de ellos está en una esquina, el otro debe estar en el otro extremo. Si la simetría no es correcta, la primera reflexión de la pared de detrás de un altavoz será diferente de la del otro y las zonas críticas de la señal estereofónica serán alteradas.

Además, ningún objeto debe colocarse entre las dos cajas. Tienen que estar situadas de manera que los tweeters estén a la altura del oído. La distancia entre los altavoces no debe ser mayor que la de cada uno de ellos al oyente, el tan manido triángulo equilátero. También es muy importante que haya el suficiente espacio entre nuestro sofá y la pared que está detrás de nosotros.

Finalmente, los transductores de agudos deben ser dirigidos al punto de escucha. Una habitación normal de forma rectangular con las paredes sin revestir tendrá “golpes de eco” que reducirán la inteligibilidad. Un excelente punto de partida para la colocación de los altavoces es medir las diagonales de la sala de audición. Dividimos esa medida entre tres y colocamos cada caja a esa distancia de la esquina dentro de esas líneas.

Situamos la posición de escucha en el centro de los dos altavoces y aproximadamente a mitad de camino entre las cajas y la pared.

Entretanto, podemos ir moviendo los distintos objetos unos 30 cm cada vez (buscando una distancia significativa que no haga los cambios inapreciables), para comprobar si se puede mejorar el sonido. Aunque existen aparatos muy precisos para medir la acústica, nuestros oídos pueden ofrecer una excelente orientación. Para tener una pista de lo que estamos haciendo, podemos tomar notas. Con el objetivo de acordarnos exactamente de dónde hemos colocado el altavoz, un truco práctico es marcar el suelo con una aguja e hilo o cinta aislante. Algunas cajas deben dirigirse directamente hacia el oyente, mientras que otras funcionan mejor orientándolos en posición frontal. No dudemos en experimentar.

Si recortamos la distancia que hay entre los altavoces, debemos conectar el patrón sonoro de ambos canales, tiene que estar unido. De esa manera, podremos obtener un sonido panorámico con una gran amplitud en la imagen estereofónica. Es especialmente efectivo con las frecuencias medias. También hay que procurar siempre que la posición sea lo más simétrica posible. Si uno de los altavoces está colocado con unos centímetros de diferencia con respecto al otro, la escena sonora se desequilibra, dando más presencia a ese canal.

AJUSTANDO LOS GRAVES

Para una respuesta de tonos bajos moderada, los woofers deben estar lo más separados posibles de las tres paredes (frontal, trasera y lateral respecto a cada caja) de la sala. En algunos casos, la línea que divide la habitación en las mitades derecha e izquierda debe ser considerada como un contorno del recinto. Además, el oyente tiene que alejarse lo máximo que pueda de los tabiques límite de la estancia.

Todo esto es esencial porque un muro cerca de un altavoz refuerza los graves de éste en determinadas frecuencias. Si una caja está a la misma distancia de las tres paredes, algunas frecuencias serán enfatizadas mucho más que otras. Si queremos más grave, necesitaremos el apoyo de los tabiques laterales y la trasera, acercando las cajas a las mismas. Según vayamos probando, podemos ajustarlo a nuestro propio gusto.

Existen otras soluciones en el mercado como “trampas tubulares” y “difusores RPG”, pero, en estos casos, necesitaremos contar con la ayuda de profesionales, que realizarán un estudio acústico de la estancia para situar dichos elementos.

Como regla general, en una buena habitación, los altavoces y el oyente pueden estar cerca del contorno de la sala con los mínimos efectos negativos. En una mala estancia, una buena estrategia es colocar ambas cajas y al usuario tan lejos del contorno de la habitación como sea posible.

EL CABLEADO

Un principio físico fundamental es que cuanto más lejos viaja una señal, más se degrada ésta. Esto quiere decir que cuanto más corto sea el cable, mejor. Teniendo esto en cuenta, la idea de llevar cable de altavoces por toda la casa no es tan atractiva como en principio parece. En cualquier caso, para grandes distancias, siempre cable XLR balanceado. En distancias cortas, un RCA de calidad podría ser suficiente.

Sabiendo que el tema del cableado es particularmente controvertido en el sector, nosotros preferimos aludir a la coherencia. Siempre que se disponga de un equipo de mucho nivel, los cables, tanto de interconexión como de altavoces, deben ir acorde con el conjunto. Por un aspecto estrictamente de comodidad, es mucho más sencillo hacer cambios de cajas con bananas o spades que con cable pelado. Además, éste se degrada con mayor facilidad.

Como conclusión, hay que decir que el acondicionamiento de una sala no es sólo una cuestión de necesidad para mejorar las prestaciones de cualquier equipo, sino que además es una fuente de experimentación constante para todos los aficionados, que podrán sacar interesantes conclusiones, muy útiles de cara a la configuración de futuros equipos.