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CONFIGURACIÓN ESTÉREO CON MONITORES DOMÉSTICOS

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Muchas veces tendemos a pensar que las cajas tipo monitor, especialmente las de reducido tamaño, son muy sencillas de ubicar y que no son demasiado exigentes con el entorno acústico. En realidad, como todos los altavoces, tienen su situación idónea para entregar todo lo que llevan dentro. En este artículo te mostramos cómo hacerlo.

Texto: Redacción

En ocasiones, la adquisición de unas cajas va íntimamente unida a la decoración de nuestra sala o incluso está mediatizada por los objetos que tenemos en ella. Por eso, hay aficionados que se decantan por un bafle tipo monitor (ojo, no confundir con los monitores de estudio), llamada erróneamente de estantería. Dicho apelativo ha provocado auténticos desastres en términos acústicos ya que, como nuestros lectores bien saben, un mueble no es el lugar más adecuado para ningún altavoz. Además, las de este tipo tienen un prejuicio añadido, y es el hecho de dar por sentado que tienen menos presencia de graves que las de mayores dimensiones. Admitiendo que el tamaño del transductor del woofer tiene su importancia y dando por hecho que un mayor recinto facilita dicha inserción, hay multitud de cajas pequeñas que tienen una contundencia y pegada capaces de dejar en evidencia a otras mucho más grandes. En este caso, como sucede siempre, lo que predomina es la calidad sobre el tamaño.

Pensemos, además, que todos los grandes constructores ofrecen soportes para esta clase de productos, lo que ya nos hace ver cuál es la situación idónea para este tipo de conjuntos. No en vano, hay importantes marcas que nos venden conjuntos de altavoces con su correspondiente pie.

La mayor parte de las veces, estamos hablando de un altavoz de dos vías en recinto cerrado y con bass-reflex, normalmente trasero. Ante eso, hay que aplicar el mismo principio que utilizamos para unas cajas de suelo, es decir, darle la distancia respecto a la pared que cada fabricante requiera. En el momento en que encajonamos un altavoz, rodeada de libros o cualquier otra cosa, estamos limitando su potencial. De esa manera, cerramos la escena sonora y además podemos llenar la estancia de ondas sonoras no deseadas por el contacto de la base con otra superficie. Pensemos que una sala doméstica normal suele presentar resonancia o reverberación en las bajas frecuencias (20 Hz – 200 Hz). El efecto es una coloración del timbre o, lo que es igual, un cambio espectral del sonido original y por tanto en una distorsión de la señal.

Por lo tanto, la instalación adecuada en términos de acústica sería con dos altavoces apoyados sobre pies (idealmente, del mismo fabricante), con una distancia mínima respecto a la pared de unos 30 cm y con una ligera orientación hacia el punto de escucha. Ese ángulo nos lo determinará la propia caja. El objetivo es ampliar hasta el máximo la escena sonora, lo que naturalmente depende en buena medida de la construcción. En lo que se refiere a la altura, ésta debe ser la misma de los oídos; afinando más, éstos deben estar al nivel del transductor de agudos. Hay pies regulables, y los que no lo son, suelen tener aproximadamente esa medida. En el caso de resultar imposible esa configuración, habría que orientar las cajas hacia el oyente, pero no hay que pensar en ello como una alternativa, sino como la solución a un problema. Además, es importante estudiar el efecto de las primeras reflexiones sobre la señal original, si al reproducir el CD, DVD-Audio, SACD o cualquier otra fuente musical llegan antes las reflexiones de nuestra sala que las grabadas, lo que oímos es la acústica de nuestra sala y no la original. Por tanto, es importante crear en el mayor espacio posible de la estancia y en el tiempo una zona libre de primeras reflexiones. En la práctica, significa lograr en el espacio de audición que el primer sonido reflejo de la sala llegue después de la primera reflexión significativa grabada. Así, el oyente escuchará la diferencia de tiempos entre el sonido directo y la primera reflexión significativa del espacio original, es decir, el parámetro conocido como initial-time-delay gap, que suele ser de valor inferior a 20 milisegundos.

El efecto de precedencia (localización de la fuente sonora virtual en base al sonido directo que llega a los oídos del oyente) es eficaz siempre que los espectros del sonido directo e indirecto sean similares. Aun así, dependiendo del nivel y retardo de las reflexiones se pueden producir deslocalizaciones de las imágenes.

También debemos tener en cuenta que cualquier objeto existente entre las cajas y la posición del oyente va a mediatizar la escucha. En ese sentido, resulta bastante frecuente encontrar una mesa o algún otro elemento entre los bafles y el mencionado lugar. Aunque pensemos que no tiene importancia, sólo hay que hacer el experimento en nuestra propia casa, y veremos los matices que podemos descubrir. Para crear además imágenes estéreo o escenas virtuales sonoras sólidas en una zona es necesario que el oyente esté equidistante de ambas cajas, formando un triángulo equilátero, teniendo en cuenta que, a mayor distancia, la orquesta ocupará cada vez menos espacio, hasta el extremo de verse como un punto (algo parecido al sonido monoaural). Por el contrario, situándonos a distancias cada vez más cercanas llega un momento en que la orquesta se divide en dos dejando la zona central vacía.

Aunque el campo sonoro característico de una estancia doméstica típica (básicamente en forma de varias primeras reflexiones, puntualmente de nivel fuerte, y de otras tardías débiles) es muy diferente del propio de una gran sala y, por tanto, parámetros como el tiempo de reverberación dejan de ser relevantes, hay que pensar también en aquellas salas con volúmenes mayores y, por tanto, más adecuadas para la audición musical. En estos casos, el tiempo medio de reverberación correspondiente a las bandas de octava centradas a las frecuencias de 500 y 1000 Hz conviene que se sitúe en un margen apropiado (0,6 - 0,8 s).

Otros dos parámetros a considerar en una sala son la calidez acústica y el brillo. El primero está relacionado con la menor o mayor riqueza de graves y que se traduce por ende en un menor o mayor grado de suavidad de la música. El segundo da una indicación de si el sonido en la estancia es claro y rico en armónicos. Así, los tiempos de reverberación deberían ser algo mayores a bajas frecuencias (bandas de octava centradas a las frecuencias de 125 y 250 Hz) que los asociados a las frecuencias medias (bandas de octava centradas a las frecuencias de 500 y 1000 Hz), mientras los correspondientes a las altas frecuencias (bandas de octava centradas a las frecuencias de 2000 y 4000 Hz) deben ser lo más parecidos posible a los de frecuencias medias. Estas cualidades acústicas propias de un auditorio deberían, por tanto, ser preservadas, siempre dentro de nuestras posibilidades, en nuestra sala doméstica.

Llegados a este punto, la pregunta es inmediata: si compro unas cajas tipo monitor, y las tengo que poner sobre pies, ¿qué ventaja me ofrecen respecto al mismo modelo de suelo? Aparte del precio, resulta más sencillo negociar los tonos más graves del espectro sonoro en unas de estantería que suelen tenerlo menos amplio, que en unas de suelo. Básicamente, es una cuestión de responder a las necesidades que uno tenga. Si dispone de una sala de dimensiones muy reducidas, por ejemplo 10 m2, lo más probable es que unos monitores se adapten mucho mejor a ese espacio que unas de suelo, donde seguramente retumben reflexiones graves y reverberaciones no deseadas.

Como conclusión, recordar que lo fundamental en cualquier instalación es la coherencia. Lo cual, según la Real Academia Española, significa, y cito textualmente: “Actitud lógica y consecuente con una posición anterior”. Aplicado a términos acústicos, esto implica que nos ajustemos a las necesidades que tiene nuestra sala, y el uso que le vamos a dar. A todo el mundo le gusta disponer de unas magníficas cajas de gran tamaño, pero lo razonable no es pensar en cuáles son las mejores, sino en cuales van a sonar mejor en nuestras circunstancias.