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Configurando un multicanal

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Cómo instalar un 6.1 o 7.1 en nuestro salón.

Texto: Redacción

Si el cine en casa tiene un atractivo especial para nosotros, los aficionados, es su capacidad de explotar eficientemente tanto la imagen como el sonido. Hoy vamos a centrarnos en este último, puesto que es responsable directo de dotar de tridimensionalidad a la imagen. El sonido es capaz de convertir en espectáculo cualquier escena, pero para ello es necesario instalar y ajustar bien nuestro equipo.

El primer sistema multicanal puramente dicho fue el estéreo. Revolucionó el mundo de la música al permitir a los ingenieros de sonido abrir la escena sonora, y a los músicos dotarse de amplias herramientas artísticas y técnicas que les ofrecían nuevas posibilidades de creación. Tras un par de años de caóticos y arriesgados experimentos, el estéreo quedó como el estándar musical durante décadas. Es más, el salto al multicanal ha seducido más al cine que a la música, que ha visto relegados a la anécdota los sistemas que aportaron el DVD-Audio y el SA-CD.

Para el usuario, el único requisito fue, además de adquirir un reproductor compatible -por aquel entonces un giradiscos estéreo, más tarde un reproductor de cinta casete estéreo-, prestar mayor atención a la colocación de las cajas y a su propia situación en la sala. Sin embargo, en el caso del cine y, sobre todo, con la llegada del DVDVideo, el salto cualitativo se produjo con la estandarización de los sistemas multicanales en 5.1. Durante una década, el 5.1 fue el estándar a seguir, hasta el punto de que, todavía hoy, sigue siendo más apetecible instalarse un equipo 5.1 que un 6.1/7.1, debido a los problemas de fase, espacio y complejidad técnica.

Sin embargo, un sistema multicanal, gracias a su capacidad de tridimensionalizar la imagen, consigue que algo “bidimensional” se convierta en todo un espectáculo. Pero el usuario no debe adquirir únicamente un equipo compatible -hoy en día tremendamente asequible-, sino instalarlo y configurarlo siguiendo unos patrones muy exactos e imperativos para conseguir ese sorprendente efecto.

EL SUBWOOFER

Todos ustedes deben ya saber cómo funciona la nomenclatura de los sistemas multicanales, como “5.1”, “6.1”, etc. El primer número define la cantidad de canales de ancho de banda total, mientras que el segundo (el precedido por un punto), define los canales de banda ancha reducida. Este último canal corresponde siempre al subwoofer, que sólo necesita sonidos cuya frecuencia apenas alcance los 150 Hz. El canal del subwoofer es totalmente necesario para dotar de efectismo a las bandas sonoras cinematográficas.

La mayoría de cajas acústicas convencionales -por no decir absolutamente todas- son incapaces de reproducir la totalidad de frecuencias audibles, excepto las subgraves que, en comparación con el resto, necesitan de una entrega de energía brutal. Como, además, nuestros oídos son incapaces de reconocer el origen de estas bajas frecuencias (¿verdad que es difícil saber de dónde vienen los truenos?), basta con un único altavoz que se dedique a las frecuencias más profundas. Este altavoz es el más especial de cualquier sistema de cajas acústicas multicanal. De hecho, es el único que suele incorporar su propio amplificador. Sin embargo, no hay demasiados receptores de A/V que incorporen un canal de amplificación dedicado para el subwoofer. El motivo es que cada diseño de este tipo de altavoz demanda su propia amplificación, así que lo más habitual y fácil es incorporarla en el propio recinto acústico.

La colocación de dicho recinto en nuestra sala es tan crítica como sencilla. Como hemos comentado con anterioridad, los humanos tenemos cierta dificultad para describir la fuente de la que provienen las bajas frecuencias. Esto permite, sobre el papel, colocar el subwoofer donde nos plazca, puesto que, en cualquier caso, siempre escucharemos el “grave”, aun sin saber de dónde proviene, pero hay factores acústicos que sí debemos tener en cuenta y que supondrían un artículo entero (que, por cierto, ya publicamos en el número 28 de CEC, en noviembre de 2005).

¿POR QUÉ 5 CAJAS?

El estéreo demanda, como sabemos, dos únicas cajas acústicas. El cine en casa más “básico” pide cinco. ¿Por qué?

A raíz del efecto Hass, los cines comerciales demandaron una solución que evitase el problema que suponía que los espectadores sentados en los laterales de la sala percibían los diálogos lejos de la fuente visual, efecto que se produce cuando un diálogo es reproducido por igual por las dos cajas acústicas principales (pensemos ahora en una sencilla configuración estéreo). Cuando alguien que habla está a la derecha de la pantalla y nosotros estamos sentados en la izquierda, percibimos primero el sonido del diálogo en la caja izquierda y, al estar lejos de la caja derecha, percibimos el sonido de ésta como si de un eco se tratara. Así, nuestro cerebro interpreta que la voz sale de la derecha de la pantalla, lo que no coincide con nuestra vista, que nos dice que la voz debería salir de la derecha. Una primera solución reside en panoramizar los diálogos en función de su situación en pantalla, pero también supone un claro inconveniente, puesto que es fácil que un diálogo esté compuesto por muchos planos, lo que, al final, no haría sino marearnos.

La solución más fácil consiste en colocar un tercer canal a la pareja estéreo: el central. Por esta caja acústica sólo y exclusivamente se reproducirán los diálogos.

La situación virtual de los personajes se conseguirá mediante la vista, que “recolocará” los sonidos allí donde nuestros ojos vean los personajes. Así pues, tenemos ya tres canales: los frontales derecho e izquierdo y el central.

Cuando se quiso ampliar la escena sonora con los sonidos envolventes se pensó, primero, en el uso de un séquito de altavoces colocados detrás de los espectadores, en una configu ración monoaural. De hecho, los primeros sistemas de sonido multicanal eran monoaurales en la parte posterior, pero a las primeras de cambio se propuso un sistema estéreo, lo que implica utilizar dos canales más, completando los cinco que configuran la mayoría de bandas sonoras para uso doméstico.

Con el aumento de las audiencias en el cine comercial, dos canales en la parte posterior resultaron pocos, provocando el salto a los tres en versión estandarizada, o hasta los 64 o más en formatos menos populares, como el SDDS de Sony. Recientemente, se ha puesto de moda aumentar hasta 6 y 7 canales los sistemas domésticos, pero... ¿realmente nos hacen falta?

LOS NUEVOS FORMATOS

Fue George Lucas quien ayudó a Dolby Laboratories a popularizar un nuevo formato, con la proyección cinematográfica de “Star Wars, Episodio 1: La amenaza fantasma” en Dolby Digital Surround EX. Este formato profesional de audio multicanal digital de 6.1 canales añadía un tercer canal en la parte envolvente. Para su edición en DVD-Video, se desarrolló la versión “doméstica”: el Dolby Digital EX. La principal ventaja de este formato es su total compatibilidad con los sistemas de descodificación Dolby Digital de 5.1 canales. Esto significa que todo sonido 6.1 puede reproducirse en 5.1, y que además no hay pérdida alguna de información sonora.

El secreto es que la información del canal adicional está codificada matricialmente. En realidad, en vez de “multiplexar” seis canales independientes (además del canal de efectos para subgraves), el nuevo canal se enmascara en los dos canales envolventes. Si se utiliza un descodificador de 5.1 canales, la información del supuesto sexto canal aparece por igual en los dos canales laterales, mientras que si se utiliza un sistema extendido, esta información sólo se reproduce por el canal correspondiente.

Dado que Dolby Digital evolucionó su formato, era de esperar que su competidor también lo hiciera. Así, DTS reaccionó con su DTS-ES, muy similar en concepto pero con dos versiones diferentes, también compatibles con sistemas de descodificación DTS 5.1: Matrix y Discrete. La diferencia radica en cómo codifican la señal del sexto canal. La opción Matrix es similar a la que adopta Dolby -enmascara la información en los canales posteriores-, mientras que la Discrete independiza la información del sexto canal en una codificación discreta.

REQUISITOS

Por suerte para el aficionado, el paso del Dolby Digital o DTS al Dolby Digital EX o DTS-ES es totalmente compatible con cualquier lector de DVD-Video que sea capaz de leer Dolby Digital o DTS -un alto porcentaje, por no decir todos-. Esto hace que el único componente audiovisual específico para una compatibilidad con estos nuevos formatos sea exclusivamente un receptor de A/V, o la inclusión de un previo/procesador compatible -algo más caro, eso sí-.

La conexión entre el reproductor de DVD-Video y el receptor de A/V de 6.1 o 7.1 canales se realizará como siempre: conexión de audio digital mediante enlace EIAJ-TosLink o S/PDIF. El reproductor de DVDVideo lee por igual una cadena de datos binarios en 5.1 que en 6.1. De la misma manera que los lee, los transporta digitalmente al receptor. Éste debe equipar los descodificadores correspondientes, que en el caso de un 5.1 convencional será el Dolby Digital o DTS, y en el caso de 6.1/7.1, el Dolby Digital EX y/o DTS-ES. No hay receptores de A/V con descodificadores extendidos con sólo cinco canales de amplificación, ya que, como hemos visto con anterioridad, las cadenas Dolby Digital EX y DTS-ES son totalmente compatibles con los descodificadores 5.1.

En cuanto a la elección de las cajas acústicas, en el caso de una instalación nueva el único requisito es adquirir un conjunto de ca jas acordes eléctrica y tonalmente; por ejemplo, una combinación de cualquier serie concreta de un fabricante. Pero, ¿qué sucede cuando ya tenemos un conjunto de cajas acústicas en 5.1? Para conseguir que el movimiento de los sonidos sea suave y fluido es esencial que todas las cajas acústicas que utilicemos tengan la misma tonalidad y prestaciones. Un receptor de A/V es, entre otras cosas, un amplificador multicanal -es decir, un conjunto de amplificadores monoaurales- cuyos niveles controlamos utilizando un único mando, normalmente el potenciómetro de volumen. Girándolo indicamos un mismo valor de potencia para todo el conjunto de amplificadores integrados.

Pero la potencia de un amplificador no tiene por qué corresponderse con la presión sonora de una caja acústica. La sinergia entre el amplificador y la misma -donde entran valores variables como impedancia o sensibilidad- hará que una caja consiga una mayor presión sonora que otra utilizando el mismo amplificador y nivel de volumen.

Incluso ante dos cajas de fabricantes diferentes -o de un mismo fabricante pero diferente serie- cuyos valores de sensibilidad e impedancia sean idénticos, no tenemos asegurado que, dada una misma entrega de corriente y un mismo sonido, suenen iguales a nuestra percepción. Habrá diferencias.

Todo este anterior discurso nos sirve para justificar la imperante necesidad de que quien actualice su instalación 5.1 a 6.1/7.1 deberá prestar especial atención a la elección de las cajas acústicas. Lo más correcto es, sin duda, elegir un mismo modelo y serie para los canales de efectos, consiguiendo que la tonalidad global en la parte posterior sea homogénea y correcta. A veces será imposible encontrar en el mercado una caja acústica idéntica a la que ya tenemos, por lo que o bien adquirimos nuevas cajas acústicas para todo el conjunto, o buscamos una caja acústica lo más parecida posible a las existentes. Tarea ardua y subjetiva.

REQUISITOS FÍSICOS

A raíz de la publicación de los nuevos estándares de audio multicanal, Dolby especificó mejor el nombre de los “canales laterales”, que hasta la fecha definíamos como “canales de efectos” o “canales posteriores”. Esta nueva definición es algo más justa, dado que Dolby aconseja colocarlas en los laterales del espectador, justo a 90º. Pero nosotros seguimos apostando por los 110º para los canales de efectos en instalaciones de 5.1 canales, pues permiten una mejor difusión del sonido en la parte posterior. Coincidimos con Dolby en la colocación de los canales laterales respecto al eje vertical: ligeramente por encima de la cabeza del espectador. Si utilizamos un sistema 6.1/7.1, lo primero es recolocar los canales de efectos en los laterales, a 90º del espectador.

El sexto canal deberá colocarse justo detrás del espectador (180º) y a una distancia similar entre espectador y laterales. En el caso de utilizar dos cajas para el sexto canal, seguiremos manteniendo la misma verticalidad, recolocaremos los anteriores canales de efectos a 90º y las dos nuevas cajas acústicas estarán paralelas y detrás de nosotros a 180º, separadas equitativamente a una distancia mínima de 1,22 metros (4 pies).

En ambos casos, resulta evidente que quien tenga el sofá pegado a la pared, difícilmente encontrará atractivo un sistema de 6.1/7.1 canales: la dificultad es poder retrasar el sexto canal más de un metro. Recordemos que el sonido del sexto canal en una configuración 5.1 no se pierde, sino que se restituye de manera igual en los dos canales laterales.

COLOCACIÓN DE LAS CAJAS

En azul, colocación de las cajas de efectos en una instalación 5.1 convencional. En rojo, situación ideal de las cajas acústicas para una configuración 7.1. Si se utiliza sólo una caja acústica para el sexto canal, se recomienda colocarla justo detrás de la posición del espectador ideal (“E”).