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Que juzguen tus ojos.

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Plasma y LCD (entre otros) tienen el mismo objetivo: visualizar de la mejor manera posible las imágenes de vídeo en sus pantallas. Pero hay diferencias muy evidentes entre una y otra tecnología, que, hasta hace relativamente poco, decantaban la balanza a favor del plasma. Sin embargo, la rápida y constante evolución del LCD está permitiendo que las diferencias cada vez sean menores.

Texto: Ramon Sendra

Eterno dilema: ¿plasma o LCD?

Está claro que la mayoría de usuarios, hoy en día, se deciden por un televisor “plano” (un adjetivo, por cierto, bastante malogrado...). La decisión está tomada y las primeras visitas a tiendas (especializadas o no) suelen encontrarse con el primer dilema: ¿LCD o plasma? O quizá no, porque ya sabemos que la mayoría de fabricantes han optado por promociar indiscriminadamente el LCD, copando gran parte de los escaparates de las tiendas de todo nuestro país. Pero si uno lee un poco, se da cuenta deque son muchas las críticas en contra del LCD y a favor, justamente, del plasma. Peor aún es cuando convertimos este dilema en una conversación: habrá tantas opiniones a favor y en contra como ponentes en ella. ¿Qué hacer? Alguna que otra vez hemos publicado en estas páginas razones técnicas que favorecen o no a una y otra tecnología, pero el reto de este artículo es otro muy distinto: en vez de “convencer” intentaremos darles las bases para que sean ustedes y sus propias necesidades las que decidan la adquisición de un televisor LCD o de plasma. La verdad es que la decisión no es tan fácil ni clara como parece. Sabemos que hay fabricantes cuya elección pasa única y exclusivamente por el LCD: Sharp, Sony, Humax o Toshiba son claros ejemplos. Otras ofrecen tanto una como otra: Panasonic, Philips, JVC, Loewe, LG o Samsung. Sólo Pioneer sigue (de momento) ofreciendo única y exclusivamente plasmas. Algunos fabricantes de LCD afirman que para ellos esta tecnología ofrece todo lo que se requiere para conseguir la mejor imagen y a unas prestaciones envidiables. Otras, como Pioneer o Hitachi, reconocen que, por encima de las 37”, sólo el plasma ofrece la mejor tecnología.

MANDA EL PRECIO

Somos pocos los que tenemos una fuente de ingresos que nos permita elegir sin tener en cuenta el factor precio. Por lo tanto, quizá uno de los factores a tener en cuenta debe ser y es el precio, convirtiéndose de facto en un elemento de decisión muy importante. Estamos de enhorabuena puesto que, desde hace unos meses, somos espectadores directos de unas rebajas muy notables. Lo que antes valía casi 5.000 euros hoy apenas supera los 1.000. Tanto en LCD como en plasma. La verdad es que responsable de ello es la cada vez mayor venta de televisores de estas características que, pronto, conseguirán desplazar totalmente los viejos televisores de tubo.

Pero si nos centramos en tecnología está claro que el LCD ofrece una mejor gama de modelos (según su diagonal), gracias a que, por el momento, están disponibles desde 15” hacia arriba. El plasma, en cambio, lo hace a partir de las 37” (amén de un modelo de 32” anunciado recientemente por LG), aunque la mayoría de modelos empieza a ser importante a partir de las 42”. Además, como en el caso deL LCD hay más fabricantes que ofrecen modelos de esta tecnología, el precio es menor, debido a la correspondiente competencia. Pero cuando nos centramos en temas de calidad de imagen las sentencias no son tan claras. Sobre el papel, ambas ofrecen más o menos los mismos niveles de resolución (ahora están de moda los televisores 1.080p) o definición. La mayoría de modelos son “HD Ready”, es decir, ofrecen más de 576 líneas de resolución (o 480 en el caso de los modelos del sector NTSC) pero no alcanzan los 1.080p: son los 720p (o 768p en caso de los LCD). Son modelos muy asequibles y para usos puramente televisivos son más que suficientes. Las emisiones nativas en alta definición en nuestro país son ridículas, por lo que el ahorro económico puede ser considerable.

Pero si hay un dato que realmente levanta discusión es la relación de contraste. Visto que no todo es resolución (sí, hay lectores Blu-ray y HD DVD pero ¿cuántas películas?), vale la pena recordar la relación de contraste. Lo que muchos sólo definen como la relación entre el blanco más blanco y el negro más negro significa realmente mucho más. En verdad sí define la mejor (o peor) escala de grises, pero pocos recuerdan que ésta es, además, responsable de una mejor (o peor) reproducción de los colores. La conjunción entre la relación de contraste y la reproducción de los colores consigue no sólo una paleta de colores más extensa, sino más real, consistente y, por tanto, creíble. Actualmente los televisores ofrecen relaciones desde 500:1 hasta 15.000:1 o más. En el campo del LCD apenas llegan a los 7.000:1, olvidándonos ahora de las relaciones dinámicas (generadas “artificialmente” mediante el encendido o apagado controlado de la luz posterior). La llegada de nuevos modelos con luz LED posterior promete aumentar significativamente esta relación de contraste. En el caso del plasma la relación suele empezar a los 1.000:1 y terminar fácilmente a los 15.000:1 o más. Pioneer es, en este caso, uno de los reyes indiscutibles en la consecución de una relación de contraste magnífica. Pero al no existir un estándar de medición muchas veces las relaciones de contraste suelen ser más informativas que reales. Un ejemplo de ello son las relaciones de contraste dinámicas o las que utilizan como nivel de negro el propio televisor apagado. Evidentemente, no todo el mundo tiene a su alcance la maquinaria necesaria para poder descubrir la relación de contraste real de cada televisor ni, tan siquiera, vemos lógico hacer lo propio en una tienda. ¿Cómo podemos “medirla”? Con nuestros ojos. Lo que nos importa de un televisor es la reproducción del color (antes lo comentábamos), que es la que realmente marca las diferencias entre un televisor y otro. Cuantos más colores más natural y rica es la imagen. Un televisor de plasma crea los colores combinando una mezcla de puntos rojos, verdes y azules, mientras que el LCD ofrece los colores eliminando componentes de color al blanco. Los dos sistemas funcionan bien, pero el proceso de adición de la tecnología de plasma suele ofrecer muchos mejores resultados en comparación al sistema sustractivo del LCD. Como resultado, una pantalla LCD puede reproducir hasta el 75% de los colores del espectro visible, en comparación al 90% del plasma.

El brillo o salida de luz es otro de los aspectos críticos de ambas tecnologías. En este caso el LCD gana al plasma. Esto significa que el LCD es la decisión más acertada en espacios donde haya mucha luz ambiente, mientras que el plasma suele ofrecer sus mejores resultados en ambientes con muy poca iluminación, casi a oscuras... Seguramente por ello en las tiendas, donde la luz suele ser muy alta, el LCD se ve mejor que el plasma. Algunos programas de televisión suelen ofrecer imágenes con mucho movimiento (entre ellos la estrella de los programas: los partidos de fútbol). Si el visualizador no responde lo suficientemente rápido a los cambios de movimiento aparece el “arrastre” de movimiento o judder. Los primeros televisores LCD eran muy lentos, un defecto que han arrastrado durante mucho tiempo, casi injustamente. Decimos injustamente porque lo que vimos hace apenas 5 años hoy en día está superado, aunque también es verdad que todavía queda algo para mejorar. El plasma, en este sentido, suele ofrecer mejores resultados y, por tanto, menos errores. Muchos fabricantes de LCD han ido perfeccionando, sobre todo, técnicas de procesado para evitar este problema, como la archiconocida tecnología Clear LCD de Philips.

OLVIDÉMONOS DE...

Olvidémonos ya de algunos prejuicios que, hoy en día, ya son historia. Es verdad que, hasta hace poco, el ángulo de visión daba como vencedor indiscutible al plasma, y todavía hoy esto es cierto, pero los recientes televisores LCD que hemos tenido oportunidad de analizar ofrecen un ángulo de visión práctico más que suficiente. Es verdad que quizá a 140º la imagen pierde muchos enteros, pero ¿quién se coloca a 140º para ver algo? Si esto lo agradecen los fabricantes de LCD, harán lo mismo los de plasma al reconocer que, ya por fin, los quemados son historia (y de esto no hace tanto). Un defecto totalmente inherente al LCD que en el caso del plasma han solucionado con un amplio abanico de soluciones tecnológicas. Los logos no se quedarán indefinidamente en pantalla y se podrá jugar tranquilamente sin temor a quemados. Olvidémonos de la vida útil. Ya no existe una diferencia de horas de vida útil que dé como vencedora a una tecnología u otra. Al contrario... durarán más “vivos” que en nuestro salón. Incluso podríamos afirmar que los televisores de plasma y LCD de hoy en día viven muchísimo más que esos televisores de TRC que tenemos tan idolatrados. Hay televisores que alcanzan las 60.000 h de vida. Un uso continuo 24 h al día, 365 días al año, significa 3 años de vida. Y la vida útil define el momento en que los valores de brillo se reducen a la mitad. Un uso “normal” de 4 h diarias supone nada más y nada menos que 41 años. Antes habrá cambiado de televisión unas cuantas veces más. Olvidémonos del consumo. El plasma conume menos que el LCD, es verdad, pero no hay estudios que demuestren que en usos normales la diferencia de consumo sea abismal. En cualquier caso, son diferencias asumibles y casi insignificantes.

QUIERES UN LCD SI... PROS Y CONTRAS.

La tecnología LCD ofrece un amplio abanico de modelos de televisión, desde las 15” hasta superar las 60”. Hay muchos más modelos disponibles en el mercado, con disco duro integrado, colores, prestaciones, conexiones, etc. Tiene una pantalla muy brillante, ideal para situaciones con luz de día y artificial altas. No padece ningún efecto de retención, pero en cambio sí suele presentar problemas ante imágenes con mucho movimiento. Gracias a su tipología, puede funcionar muy bien como monitor informático.