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Respuesta temporal

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Una de las configuraciones más importantes en nuestros equipos se refiere al retardo temporal.

Texto: Redacción

La recreación del sonido real mediante altavoces supone ajustar y configurar una amplia serie de aspectos. Entre ellos la respuesta temporal, un valor al que muy pocas veces le hemos prestado la importancia que se merece.

A veces, diferencias muy pequeñas de tiempo suponen notables diferencias para el correcto disfrute de nuestras más preciadas músicas y bandas sonoras cinematográficas.

Todos sabemos que cuando escuchamos dos sonidos idénticos con la misma presión sonora desde dos fuentes separadas, nuestro cerebro las interpreta para indicarnos un único punto “fantasma” de escucha. Si las únicas diferencias son las de volumen, controlaremos la situación de esa fuente “fantasma” hacia la fuente de mayor presión sonora. Los ingenieros de sonido utilizamos los controles de PAN o panoramización para conseguir este efecto, logrando situar en un espacio concreto diferentes fuentes sonoras (la situación de una orquesta sinfónica, por ejemplo). En el mundo real lo que define la situación exacta de una fuente son las reflexiones: “copias” del sonido original que llegan a nuestros oídos ligeramente retrasados en comparación con el momento en que llega la fuente de sonido principal (la distancia más corta entre fuente y oyente). Estas reflexiones son causadas por el espacio ambiente: las paredes de una habitación, edificios, muebles, etc.

Nuestro complejo sistema auditivo, además, consigue de estos sonidos reflejados muchísima más información adicional: conocer el ambiente y la propia fuente. Digamos que supera con creces las funciones de un sónar (que sólo informa de dónde está un objeto). Cuando escuchamos un sonido nuestro primer impulso es conocer su situación y, si no la encontramos, nos la “inventamos”. Por eso, muchas veces la música suena mejor “a ciegas”, ya que no existe ninguna batalla con el sentido de la vista (y, también por esto, los tests de audio son 'a ciegas’, para evitar cualquier sugestión visual).

No es lo mismo un sonido reflejado que un eco. No somos capaces, por ejemplo, de discernir entre un sonido y su reflejado si la diferencia temporal es de 20 ms, aunque utilizaremos esta diferencia, aparentemente no audible, para descubrir que hay una pared a un par de metros de nosotros. Y digo pared y no ventana puesto que, además del retardo temporal, existirá una modificación perceptiva de la respuesta en frecuencia. Esto se debe a los diferentes índices de absorción, tanto de presión sonora como del espectro sonoro, entre otros datos no menos relevantes. La información que podemos obtener entre el sonido directo y su primera reflexión en particular es sumamente importante. Aunque no es la primera vez que hablamos de ello en estas páginas, lo que también nos resulta imprescindible son nuestra propia cabeza y orejas. La combinación de ambas nos permite que tan sólo con el sonido directo y su primera reflexión podamos reconocer casi al instante dónde está la fuente: delante o detrás nuestro, en qué lado y si está por encima o por debajo de un eje determinado (normalmente, la vista).

Entonces, esto nos ayuda a entender que aun no siendo capaces de percibir un retardo entre el sonido real y su primera reflexión, la variación física, aunque muy leve, de dos cajas acústicas en una configuración estéreo ayudarán o empeorarán la consecución de la “imagen estéreo”, sobre todo ante la ausencia de una ayuda visual. ¿Es tan importante esto?

Sin duda, los aficionados exigentes en el campo estereofónico sabrán de sobra que sólo existe una manera de disfrutar plenamente de sus discos: una instalación precisa. ¿Pasa lo mismo en el cine en casa? Sí, y más aún.

La interacción de varias fuentes en una configuración multicanal demanda una configuración todavía más precisa. Pueden probar el indeseado efecto que produce, por ejemplo, modificar el tiempo de retardo del canal central, sobre todo en secuencias donde el trabajo de las tres cajas frontales es generoso. No sólo perdemos focalidad, sino que incluso llegamos a perder partes esenciales de la respuesta en frecuencia (para que nos entendamos, se “ecualiza”). ¡Y sólo hemos modificado el retraso de una sola caja!

La parte posterior de nuestro equipo, la que corresponde a la escena posterior, también tiene su intríngulis. Estos altavoces suelen estar más cerca de nosotros, por lo que ya de por sí necesitan un retardo para compensar la imprevista llegada de lo que en realidad tendría que ser una representación artifical de un sonido reflejado (el sonido principal se supone que proviene de la escena frontal). He aquí el conflicto: si recibimos primero lo que tendría que ser un sonido reflejado, nuestro “cerebro auditivo” nos indicará que la fuente principal debería estar situada detrás nuestro; incluso si el sonido directo tiene una presión sonora superior.

La mayoría de receptores de A/V actuales incluye un ajuste para este aspecto. Para facilitar las cosas al usuario recurren a la distancia, puesto que, en condiciones normales, conocemos la velocidad del sonido (340 m/s en el aire a 20 ºC). Pero la mayoría de ellos suelen presentar una limitación importante: la configuración se realiza en pasos poco precisos. Lo conveniente es poder aplicar retardos de 1 ms, pero lo habitual es encontrarnos con pasos equivalentes a 20 ms. La única manera de precisar la distancia exacta es, lógicamente, desplazar físicamente la caja acústica. El mismo problema que tenemos cuando instalamos nuestras cajas en el salón, lo tienen los fabricantes a la hora de colocar los diferentes transductores que forman una caja acústica. Pero debemos entender que este ejercicio ya ha sido realizado y que, en la inmensa mayoría de los casos, no existe un problema temporal entre ellos.

Así las cosas, vale la pena no sólo verificar que el nivel de presión sonora para cada caja acústica sea el mismo para un sonido único; sino también verificar concienzudamente que los retrasos al punto de escucha ideal sean aplicados con toda fiabilidad. Y si todavía apreciamos que existe un “algo” que no nos convence, sobre todo en lo que respecta a la imagen sonora, valdría la pena repasar esta configuración o, si no es el caso, precisar la colocación física de los recintos acústicos.