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El iris dinámico

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¿Cuál es el cometido del iris dinámico? ¿Realmente es una importante mejora?

Texto: Ramon Sendra

En la proyección de vídeo la relación de contraste suele ser un parámetro de decisión de compra. Gracias a ello, el iris dinámico ha empezado a hacer fortuna. ¿Cuál es su cometido? Y lo que es más importante: ¿realmente es una mejora indiscutible?

El iris dinámico aparece en el mundo de la proyección de vídeo con el objetivo de mejorar la relación de contraste. El iris, colocado normalmente entre la lámpara y los paneles, se cierra para reducir la salida de luz. La versión manual permitía a los usuarios realizar ajustes muy precisos en el brillo para conseguir el mejor nivel de negros posible. Al utilizar el iris manual realizamos un ajuste lineal: mejoramos los negros (haciéndolos más profundos) pero paralelamente reducimos el blanco pico. Aun así, la nueva relación de contraste conseguida nos parece mucho más atractiva (sobre todo con material cinematográfico). El iris dinámico aparece cuando alguien se pregunta qué pasaría si pudiéramos controlar la apertura del iris en función del contenido que se va a visualizar: que se cierre durante escenas oscuras y que se abra en las más brillantes. Ahora mismo parece que se ha resuelto uno de los problemas de los primeros iris dinámicos: la velocidad. El usuario obtendrá una relación de contraste perceptual realmente mejorada y, gracias a la muy superior velocidad de respuesta de los actuales iris dinámicos, no percibirá ningún cambio en el brillo de su proyector. Genial. Bueno, eso parece en principio. La verdad es que nos hemos olvidado de un asunto.

Como sabemos, la señal de vídeo la dividimos en 100 partes diferentes en función de su nivel de brillo: el IRE. Cero IRE representa el negro más negro; 100 IRE es el blanco punto. Mediante la curva gamma descubrimos que podemos reproducir el color de manera muy precisa si nos ajustamos a unos estándares. En vídeo el valor estandarizado es la gamma 2,2. Cualquier gamma inferior a 2,2 significa obtener imágenes “lavadas”, planas. Por encima conseguimos dinamismo, brillo e incluso una imagen muy agresiva. Modificar la curva de gamma significa modificar toda la escala IRE a excepción de los puntos 0 y 100. Éstos son los únicos valores intocables. Pero, además, el resto no procura una respuesta lineal, más bien algorítmica y dinámica. Si modificamos a voluntad la gamma entre 1 y 50 IRE, también modificaremos, queriendo o no, los valores entre 51 y 99 IRE. Normalmente, lo que aumentamos decrece en el valor contrario, o viceversa. Lo mismo ocurre cuando sólo queremos modificar una zona muy concreta del espectro: si lo hacemos entre 40 y 70 IRE, modificamos igualmente entre 1 y 39 IRE y 71 y 99 IRE. A todo ello debemos sumarle la necesidad de mantener el blanco en D65 (la suma de los tres colores debe dar un blanco determinado).



A POR EL NEGRO



Durante el ajuste de un visualizador muchas veces intentamos que su actual negro sea todavía más negro. Esta última frase es bien curiosa, puesto que hablamos de un negro inicial que queremos configurar en otro negro: ¿no es el negro la ausencia total de luz? Sí, lo es; pero solemos hablar del negro como algo relativo. Ya vimos en el artículo sobre la relación de contraste que aceptamos como blanco o negro valores referenciales que no son por ello estándares. El 0 IRE es, sin duda, el único negro posible, pero aceptaremos como negro en una pantalla un gris en comparación con el general de la imagen. Si controlamos el negro relativo en función del global de la imagen de manera dinámica podemos engañarnos a nosotros mismos y percibir un rango dinámico muy superior. He aquí el motivo del iris dinámico.

Visto esto uno empieza a entender el verdadero punto flaco del iris dinámico. Cuando el iris se cierra obtenemos una muy buena gamma entre 0 y 50 IRE, aunque a costa de reducir la gamma entre 50 y 100 IRE. Los negros serán “muy negros”, consiguiendo mejorar la resolución dinámica de los grises a costa de distorsionar la representación del blanco. Si se reproduce un píxel a 100 IRE lo veremos como “verdadero” blanco, aunque, en realidad, en la pantalla estaremos viendo un gris más bien claro. Lo mismo ocurre cuando el iris se abre. Es tal la cantidad de luz que llega a la pantalla que conseguimos una muy correcta gamma en los altos valores IRE, mermando la reproducción en los primeros grises y en el propio negro.



CORRECTO A MEDIAS



Pongamos como ejemplo el Panasonic PT-AE1000 que analizamos en estas mismas páginas. Con el iris dinámico apagado la relación de contraste que se puede obtener es de, aproximadamente, 192 (a 100 IRE el valor de medición es 367 fL). Con el iris dinámico encendido la relación de contraste asciende a 360 (715 fL a 100 IRE). Si quieren saber por qué el fabricante habla de una relación de 11.000:1 deberían recordar que suelen hacer dicha medición con el método full on/off.

Con estos primeros resultados se extrae que, evidentemente, el uso del iris dinámico supone una notable ventaja. En el mundo real esa relación de contraste de 360:1 representa una valor muy bueno. De hecho, algo pasa puesto que el iris lo único que hace es entregar más o menos luz, nunca mejorar la relación de contraste del propio dispositivo. Las cosas vuelven a dejar de ser interesantes cuando realizamos una medición de la curva de gamma, siempre buscando el 2,2 como objetivo (puesto que es el estándar). Para ello basta con realizar mediciones cada 10 IRE.

Sin querer entrar en detalles, y en el caso concreto del Panasonic PT-AE1000, el valor de gamma medido es más crítico con el iris dinámico en funcionamiento que sin él. En el primero de los casos la gamma media asciende a 2,48, mientras que prescindiendo del iris la media es de 2,29 (un valor mucho más cercano al ideal 2,20, pero lejos del rendimiento que hemos conseguido medir con otros proyectores más ambiciosos).

Evidentemente, este experimento tiene como objetivo demostrar que el iris dinámico no es una herramienta que realmente uno desee encontrar en según qué proyectores. Le está sirviendo a la tecnología LCD para resolver su problema con los negros y, aún más, mejorar la percepción del rango dinámico con una relación de contraste creciente. Pero el uso de un iris dinámico comporta, irremediablemente, estar modificando constantemente la curva de gamma en favor de la relación de contraste. Esto, sin duda, es un inconveniente para aquéllos que buscan la mejor proyección (la “alta fidelidad” en vídeo), y a que no deberían contemplar estos resultados como correctos.

El iris dinámico, entonces, es una buena herramienta puente ante la mejora indiscutible y necesiaria de ciertas tecnologías de visualización.