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¿Es hora para la alta definición?

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El nefasto despegue del Blu-ray y el HD DVD. La HD no será algo tan usual sin antes pasar unos cuantos años. ¿A qué nos enfrentamos?

Texto: Ramon Sendra

Quien suscribe estas palabras siempre ha esperado ese momento en que fuese posible comprar en cualquier gran superficie una película en alta definición. Ahora, en FNAC o en El Corte Inglés, por poner sólo dos ejemplos, ya es posible hacerlo. Han llegado los discos en Blu-ray y HD DVD, pero ¿en qué medida? La relación entre discos DVD-Video y HD DVD o Blu-ray es ridícula (a favor, evidentemente, del primero). Incluso las novedades todavía salen en DVD-Video, cuando un buen empuje para la popularización de los formatos en alta definición sería, justamente, la edición en HD de los lanzamientos más importantes (Casino Royale a parte, ¿recuerdan alguno más?), incluso antes que en DVD-Video. A todo esto debemos sumarle esta tediosa er innecesaria batalla virtual entre dos formatos, como si no hubiéramos aprendido del Beta y el VHS, del DAT y el Minidisc, del PDP y el LCD, del SA-CD y el DVD-Audio... En cualquier caso, tanto Panasonic como Toshiba, Microsoft o Samsung, los que hoy en día tienen disponibles en nuestro mercado sendos reproductores, confirman que las ventas de reproductores HD son mínimas, casi simbólicas. ¿Qué pasa?

Para entender en parte el desastre comercial de los formatos en alta definición deberíamos repasar algunos artículos que hemos ido publicando en esta revista a lo largo de nuestros casi cuatro años de vida. También necesitaríamos repasar la “historia comercial” de un formato que sí ha revolucionado el mercado: el DVD-Video.

Cuando éste llegó, hace apenas un puñado de años, lo hizo a unos precios astronómicos para muchos. Los magnetoscopios de VHS ya tenían unos precios realmente atractivos, y era raro encontrar una casa sin un aparato de éstos. Los primeros lectores de DVD-Video, básicos y mastodónticos en diseño, llegaban a superar, tranquilamente, las 300.000 pesetas pero no tuvieron que pasar demasiados años para que encima del magnestoscopio de VHS apareciese, en la mayoría de hogares, un lector de DVD-Video. Éstos bajaron de precio rápidamente, incluso hoy es posible encontrar alguno, salida HDMI incluida, por menos de 100 euros. Los actuales lectores de HD DVD y Blu-ray (pocos) superan los 1.000 euros.

La teledifusión española tampoco ayuda en este caso. ¿Qué tiene que ver, por ejemplo, TVE con el Blu-ray y el HD DVD? Mucho. Uno de los pasos necesarios para que los nuevos formatos en alta definición tengan éxito es que el usuario demande una imagen de mayor calidad. Esto se consigue por comparación y demanda: tenemos un producto adquirido en cualquier tienda del que no podemos aprovechar todo su potencial, y no es culpa nuestra. Los que han saltado del viejo TRC de 29” en 4:3 a cualquier otro panorámico superior a las 36” sí se darán cuenta de que lo que pueden ver día a día (lo que se teledifunde) no es capaz de ofrecerles un atractivo visual en la pantalla. Ni cuando se emite en analógico ni en digital. El que ha cambiado de televisión seguramente lo habrá hecho para disfrutar más de sus películas en DVD-Video, consiguiendo mejorar repentinamente la calidad de imagen. Lo sabe porque lo ve, sin necesidad de ser experto ni tan siquiera aficionado. Pero, ¿qué es necesario para apreciar el salto cualitativo que ofrecen los formatos en alta definición? Como vimos recientemente, sólo cuando las diagonales de nuestras pantallas son “enormes” podremos apreciar lo que realmente aporta la alta definición. Por ejemplo, un televisor (de cualquier tecnología) cuya diagonal sea superior a las 50”, o cualquiera de los proyectores de vídeo que se han ido comercializando en los últimos años. El caso es que, para la gran mayoría de usuarios, esta demanda no existe. A nadie se le ocurriría querer disfrutar de una película registrada en un VHS de enésima generación en su proyector de vídeo 720p que trabaje contra una pantalla de menos de 2 m de base (una gran mayoría dentro de la gran minoría de usuarios con proyector); pero sí con un buen lector de DVD-Video que disfrute de algún excelente escalador, cuyos precios, como hemos ido viendo, pocas veces alcanzan los 1.000 euros.

Nosotros decimos que sí, que si comparamos una imagen en alta definición proyectada con un sistema compatible en una pantalla de, por ejemplo, 2 m de base, apreciaremos numerosas diferencias si utilizamos un Blu-ray o un HD DVD en vez de un DVD-Video escalado a la perfección (hay periodistas especializados que lo niegan rotundamente). Pero también es verdad que el desembolso necesario favorece la segunda opción, sin olvidarnos de que son casi infinitas las películas editadas en DVD-Video y anecdóticas las que están en Blu-ray o HD DVD. La relación entre películas disponibles y coste del reproductor es, a fecha de hoy, un desastre para la alta definición.

El aficionado de a pie, el que no lee esta revista (ni las otras), sino que simplemente aspira a disfrutar de las películas en su casa sin problemas ni complicaciones, encuentra con el DVD-Video un aliado perfecto. La inversión es muy baja y el resultado espectacular. Es un usuario que ni tan siquiera se

preocupa por la calidad del visualizador (no comprenderá, quizá, la extrema necesidad de conseguir un negro profundo, por lo que, por ejemplo, habrá aceptado sin problemas cualquier TV LCD del mercado). Si se interesa hoy por hoy por la alta definición tendrá que lidiar con decenas de nuevos tecnicismos a cual más complicado: 720p, 1.080i, 1.080p, Blu-ray, HD DVD, HDMI, HDCP, vídeo por componentes, compatibilidad a 24 fps, ajustes más precisos, calibraciones más profesionales, etc. El lector le costarás más de 10 veces lo que un lector de DVD-Video y, en función de qué sistema de visualización disfrute, el resultado más evidente para él será un sobrecoste injustificado.

¿Qué nos pasa a los aficionados “avanzados”? Que no queremos que nos tomen el pelo. En pocos años hemos visto que esos lectores de vídeo que compramos a finales de los 90 a precios altos hoy incluso son superados por lectores hasta de marca conocida pero a precio de derribo. Éstos incluyen procesados de vídeo que años atrás sólo encontrábamos en aparatos de muy alta gama, como el Faroudja o el Realta. Nosotros, CEC, todavía no hemos probado ninguno de los lectores HD DVD de Toshiba, gracias en parte a la mala gestión de su departamento de relaciones públicas. Sony España todavía no tiene muestras del lector que ya puede verse en según qué grandes superficies. Ambas marcas, que han puesto sus propuestas a la venta a un precio inicial superior a los 1.000 euros, ya han anunciado novedades en otros países (a España, como siempre, todo llega tarde) muy por debajo de los 1.000 euros, llegando rumores de un lector HD DVD por menos de 500 € y otro Blu-ray que rozará los 600, sin contar con las constantes bajadas de precio que sufrimos semana tras semana. A la espera de poderlos probar, pero entendiendo que éstos llegarán a lo largo de este 2007, ¿qué necesidad nos impulsaría a invertir el doble en un aparato que pronto valdrá menos de la mitad?

Hay una respuesta que, desgraciadamente, tampoco es posible: los contenidos. Las productoras cinematográficas también se han visto envueltas en esta tediosa guerra de formatos, lo que al final complica la decisión a quien menos culpa tiene: el usuario. El aficionado al cine que busca calidad bien seguro habrá ponderado la adquisición de un lector en alta definición, pero no creo que quiera comprar dos: deberá decidir entre uno compatible HD DVD u otro Blu-ray. Bueno, LG presentó en el CES de Las Vegas un reproductor híbrido que, personalmente, creo que será la opción definitiva (como lo fueron los lectores universales que atajaron definitivamente la decisión entre SA-CD o DVD-Audio). Esta actual necesidad de tener que elegir supone, además, renunciar a según qué producciones cinematográficas. Sony, por ejemplo, jugó bien sus cartas hace algunos años adquiriendo algunas productoras cinematográficas de renombre. Esto ha hecho que la propia japonesa no facilite la edición de según qué títulos (por no decir todos) en HD DVD. ¡Sólo faltaría! Sony es uno de los impulsores y desarrolladores del Blu-ray. ¿Compramos Blu-ray? Lo mismo ocurre con el HD DVD: hay quien sólo editará, de momento, en este formato.

Tampoco podemos olvidar lo que ya hemos comentado líneas más arriba: no hay títulos. El pez que se muerde la cola: los reproductores son caros, por lo que no hay demanda de discos; y como no hay discos, los usuarios no compran reproductores.

Internet está facilitando la difusión de según qué noticias a velocidad de vértigo. Sharp acaba de presentar en Japón un grabador en alta definición, compatible Blu-ray, con lector independiente de DVD-Video y disco duro integrado. Sobre el papel, un maquinón. En MACAM de Barcelona lo tienen un expuesto en su escaparate y resulta divertido ver sus menús serigrafiados en japonés, incomprensible para un occidental. Este lector quizá llegará a Europa, pero no sabemos cuándo. Pero es un aparato atractivo, aunque inútil visto el nulo interés en difundir contenidos en alta definición a través de las ondas hertzianas, que es el sistema de recepción más extendido en nuestro país.

Que vivamos en España también tiene sus inconvenientes. Desde un punto de vista tecnológico aportamos muy poco a esta afición (no hay centros de I+D destacables en este país, desgraciadamente), pero tampoco existe un interés notable por promover la alta definición. El salto de la televisión analógica a la digital hubiera sido un paso decisivo: emisiones en panorámico y posibilidad de emitir, como mínimo, en 720p. Pero no, se ha preferido cantidad a calidad, por lo que deberemos esperar a ver qué pasa cuando se produzca el “apagón analógico”. De vez en cuando aparece el rumor de que alguna plataforma por cable o Internet tiene preparadas algunas demostraciones en alta definición, algo que cae en el olvido al poco tiempo visto que no ocurre (o no de manera pública). Si no hay oferta no hay demanda, ¿o debería ser al revés?

Todavía hay más: la complicación tecnológica. Pongamos por ejemplo el reproductor Blu-Ray de Panasonic, el DMP-BD10 que analizamos hace algunos números. De los dos analizados es el que mejores resultados ofrece, tanto para discos Blu-ray como para la mejora visual de los discos DVD-Video.

Este reproductor, de más de 1.200 euros, dispone ya de una cuarta actualización. La última, según el fabricante, mejora la calidad de imagen vía HDMI, ofrece una reproducción más estable, mejora uno de los puntos críticos que anunciamos en el banco de pruebas (la lentitud en el salto de capítulos) y da soporte al formato AVCHD que la marca utiliza en sus cámaras de vídeo digitales de alta definición. Para instalar esta actualización el usuario, primero, debe saber que existe, algo que no es fácil si uno no se maneja bien en Internet. Luego debe descargar un archivo, descomprimirlo, grabarlo en un disco óptico compatible y realizar la actualización en el propio reproductor. Un proceso no muy complicado pero que se lo parecerá al usuario novato. Sí, podrá ir a un SAT y que sea éste quien lo actualice, pero todos sabemos que no todos los SAT son eficaces, ni rápidos. Demasiada “ingeniería” para un usuario que se ha gastado casi 200.000 pesetas, o 1.200 euros, como les resulte más espectacular.

Para finalizar, quisiera volver a los contenidos. Una de las primeras películas que compré en Blu-ray, para así poder realizar la batería de pruebas correspondiente, me decepcionó muchísimo. Me refiero a El beso del dragón, justamente por que es una edición que debería desaparecer de cualquier estantería. Un desastre de edición.

Todavía son anecdóticos los discos de doble capa, lo que limita la capacidad a unos “míseros” 25 Gb en el caso del Blu-ray. En realidad no son míseros, pero debemos tener en cuenta el precio de venta de dichos discos: alrededor de los 25-30 euros, sin extras. Es que no caben. En DVD-Video podemos encontrar, a ese precio, ediciones de lujo con cantidad infinita de extras que, para el usuario aficionado al cine, supone una inversión justificada. O bajan los precios de las ediciones “sencillas” en alta definición o seguiremos pagando lo mismo en DVD-Video a cambio de tener muchísimos menos contenidos. También tendríamos que reconocer que la inclusión de las zonas restrictivas en el caso del Blu-ray impide a estos aficionados al cine poder ampliar su videoteca con la mayor (pero no enorme) cantidad de producciones disponibles en Estados Unidos. Lástima.

 

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