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HDMI 1.3: verdades y mentiras de un nuevo estándar

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La nueva versión, 1.3, de la interfaz HDMI propone nuevas e interesantes prestaciones preparadas para la HD.

Texto: Ramon Sendra

En el CES de Las Vegas de este año (enero) se presentó el HDMI 1.2b, la versión que hace brillar a esta interfaz multimedia digital que tantos beneficios nos aporta. Considerado como el SCART digital, con el HDMI se nos convenció de que tenía que ser la única y final alternativa a cualquier tipo de conexión. Llegó para hacer desaparecer el DVI, una interfaz pensada más bien para el mercado informático, destacando, básicamente, por la capacidad de poder transportar audio y vídeo, de manera incluso bidireccional y apto para el futuro, pues estaba diseñado para poder transportar cualquiera de los futuros formatos en alta definición, tanto de audio como de vídeo. Hasta aquí nadie se sorprende.

Cuando estábamos cerrando el número de julio, nos llegó el anuncio de la versión HDMI 1.3. En la nota de prensa correspondiente se afirmaba que una de las ventajas principales era la capacidad de poder soportar señales de vídeo de 1.080p a 60 Hz con una profundidad de color RGB de 36 bit (o 1.080p a 90 Hz). La versión 1.2b aceptaba RGB de 24 bit. Aunque dudo que, incluso a largo plazo, tengamos señales de vídeo “reales” a dicha profundidad, sí toma todo el sentido cuando el material es generado de manera artificial, por ejemplo, la consola de nueva generación de Sony, la PlayStation 3, que esperaba con ansias esta interfaz para ofrecer al usuario lo máximo en representación infográfica. Pero lo curioso era otra cosa: con el HDMI 1.3 por fin se tenía una interfaz capaz de transportar los formatos de audio digital sin pérdidas Dolby Digital TrueHD y DTS-HD. Entonces ¿qué sentido tiene comprar hoy un lector HD sin HDMI 1.3?

Es peor aún. Me acabo de comprar un televisor de última generación (o un receptor de A/V con compatibilidad HDMI, por ejemplo) y me pregunto si podré actualizar a HDMI 1.3. La respuesta es sí, pero no será tan fácil como actualizar el software, pues interviene una modificación de hardware. Por tanto, todo depende del fabricante. Si éste apuesta por desarrollar una placa electrónica que permita actualizar la conexión HDMI a la más reciente versión, quizá sea posible. Cambien ahora el televisor de plasma o LCD por un proyector de vídeo de 10 ó 12.000 euros.

Quizá ahora tome sentido que Sony haya retrasado una y otra vez la salida al mercado de su PS3, o que Microsoft optase por no incluir el HD DVD en su Xbox 360. Hay fabricantes que sí han comercializado en Estados Unidos y Japón lectores de Blu-Ray o HD DVD que, aunque con salidas HDMI, no permitirán transportar las señales de audio Dolby Digital TrueHD o DTS-HD a ningún receptor. Claro está, que todavía no hay receptores de A/V que sean capaces de descodificar dichas señales. Evidentemente, estos lectores sí disponen de los descodificadores necesarios para disfrutar de ese sonido multicanal sin pérdidas, por lo que uno obtiene un producto de última generación dando un tremendo paso hacia atrás en lo que a conectividad se refiere: vuelta a utilizar las salidas de audio multicanal analógicas de la fuente para alimentar el previo, receptor o etapas.



UN HDMI NO TAN BENEFICIOSO



Una de las críticas que más ha recibido el SCART es, justamente, el tipo de conexión que utiliza. No es un conector seguro, es frágil y muchas veces ese problema de imagen es, por ejemplo, que alguna patilla está rota, o no hay contacto real en otras. El DVI, sin ir más lejos, ofrece una fiabilidad de conexión extrema al utilizar un par de tornillos que aseguran el contacto. El HDMI, en cambio, recurrió a la presión (aunque parece ser que pronto sacarán un conector que hará “click”), y ya son muchos los que abogan por un método mejor. Peor aún, con la entrada del HDMI 1.3 se acepta un nuevo conector HDMI más pequeño que el actual, un desarrollo de Sony. Navegando un poco por la red encontramos decenas de usuarios que explican sus aventuras con este conector: una comunicación bidireccional que despista a la fuente, falta de retrocompatibilidad, desaparición de la imagen y/o el sonido entre dos dispositivos aparentemente compatibles con el estándar, etc. ¡Suerte que esta interfaz debía complicarnos menos nuestra afición!

Hace algo más de medio año leí una entrevista a Roger Dessler, director de estrategia en Dolby Laboratories. Entonces el estándar HDMI era la versión 1.1 y Dressler se sentía orgulloso de poder afirmar que ya había una interfaz que permitiese enviar, por un único cable, audio y vídeo en alta definición. La verdad es que poco después se lamentaba de que el nuevo formato Dolby TrueHD que su compañía había desarrollado o bien esperaba a la aparición del HDMI 1.3 o impulsaba a los usuarios a volver a la conectividad analógica.

Todas las versiones que se han ido generando a partir de la 1.0 son compatibles con carácter retroactivo. Esto significa que incluso utilizando la versión más reciente, las máximas prestaciones posibles serán aquellas que se ofrezcan con la menor de las versiones utilizadas en la cadena. Así, si nos agenciamos un lector con salida HDMI 1.3 pero lo conectamos a un televisor con entrada HDMI 1.2 no tendremos “acceso” a esa nueva profundidad de color. Éste es quizá el único punto bueno del asunto, aunque ya hay quien augura posibles problemas de compatibilidad retroactiva (son las versiones más pesimistas).

Démosle la vuelta al artículo. Los creadores de los nuevos formatos de alta definición (de origen real o, sobre todo, informático) han conseguido llevar a un límite superior el procesado, almacenamiento, distribución y visualización de las imágenes. La última que llegará será la PlayStation 3, seguramente en las fechas en que ustedes leen este artículo, y es probable que su demanda venga dada por la “necesidad” de poder visualizar lo que su aparentemente potente procesador de vídeo informático puede llegar a dar. En un mundo donde pedimos más y más, está bien que alguien lo ofrezca.

Asimismo, uno de los horizontes de la alta definición (en vídeo) es el 1.080p, eso que algunos llaman “Full HD”, aunque a saber cómo llamarán a largo plazo el formato de vídeo que supere esa cota. En cualquier caso, paralela a la comercialización actual de proyectores compatibles, de manera innata, con dicha resolución (por ejemplo, el

VPL-V100 de Sony que analizó recientemente Javier Guerra en estas mismas páginas), se encuentra la demanda de una interfaz que permita transportar, con toda fidelidad posible, esas imágenes en alta definición.

Por lo tanto, aquellos visualizadores de 720 líneas o los que no han sido diseñados ni para 1.080p ni para soportar tales profundidades de color RGB, sinceramente, no necesitan de ningún estándar de conexión (digital o analógico) nuevo. Les basta el que ya llevan (seguramente la versión 1.1 ó 1.2/b).

Otro tema distinto es el audio. Tal y como reflejó Luis Llana en el artículo de “En Vanguardia” del número pasado, Dolby Laboratories y DTS ya han anunciado sus nuevas propuestas, aunque no será con esta versión HDMI 1.3 con la que existirá la posibilidad de transportar de un lado para otro estas señales dentro del dominio digital.

Pero ambos nuevos formatos sí permiten obtener una señal 5.1 convencional que puede enviarse a través de la salida S/PDIF, la misma señal que virtualmente todo receptor de A/V y previo-procesador puede descodificar sin problemas.

Por lo tanto, el HDMI 1.3 encuentra su lógica cuando le son favorables aspectos como la alta resolución de la imagen, la necesidad de una profundidad de color superior o la de permitir transportar, cuando exista, el audio multicanal codificado con los más recientes codecs de Dolby Laboratories y DTS, entre otros. Aquellos dispositivos que no puedan manejar estas señales (tanto de audio como de vídeo) no demandarán específicamente las altas y nuevas prestaciones del HDMI 1.3. ¿Para qué quiero un lector de DVD-Video con HDMI 1.3 si este formato de vídeo no me ofrecerá nunca una señal nativa en 1.080p?

HDMI 1.3

La nueva versión dobla el ancho de banda que soporta cualquiera de los actuales formatos HDTV que es lo que, básicamente, permite aumentar la capacidad de enviar imágenes con mayor profundidad de color. Asimismo, se adelanta a cualquier nueva mejora en los estándares de vídeo en lo que a ancho de banda se refiere. La profundidad de color podrá llegar a los 48 bit, muy por encima de lo que nuestro ojo es capaz de percibir y, como ya hemos comentado con anterioridad en este mismo artículo, seguramente sólo será aprovechado por elementos gráficos generados informáticamente. Sí es posible que, de manera perceptible, notemos una sensible mejora del detalle.

Otro de los retos a los que aspira esta nueva versión es mejorar la convergencia multimedia, es decir, facilitar la unión entre dispositivos audiovisuales domésticos e informáticos. Así, la nueva versión será compatible con UDI (Unified Display Interface), una interfaz de reciente creación para visualizadores informáticos anunciada por un importante grupo de fabricantes de PC.

Los productos audiovisuales domésticos podrán aprovecharse de la sincronización labial, algo que será posible gracias a un complejo procesado digital de la señal que aspira a mejorar el detalle y claridad de los contenidos A/V. A diferencia de los sistemas de ajuste manual que necesitan de un importante esfuerzo por parte del usuario, con esta solución será posible conseguir un ajuste perfecto de manera automática.

Además, se incluye un nuevo “mini conector” desarrollado por Sony que estará disponible, básicamente, en aparatos portátiles como cámaras de vídeo, consolas de juegos o incluso cámaras de fotografía digital.

Como toda nueva versión HDMI, se incorporan todas las prestaciones de la versión anterior (en este caso, la 2b) junto a nuevas. La 1.3 soportará la transmisión de audio digital sin comprimir de alta resolución, así como todos los formatos actualmente disponibles de audio comprimido (DTS, Dolby Digital, etc.). En la anterior lista se incluyen, por fin, el Dolby True HD y DTS-HD.

Esta versión abre las puertas definitivamente a la comercialización de los lectores de alta definición Blu-Ray y HD DVD al ofrecer una solución de conectividad íntegra y, supuestamente, decisiva. Asimismo, se espera que los dispositivos de visualización 1.080p nativos adopten de manera vertiginosa este nuevo estándar, a la vez que llegarán al mercado mejor adaptados a las nuevas necesidades.

El uso de conexiones analógicas como alternativa sigue siendo discutida al utilizar inequívocamente diferentes convertidores D/A y A/D, cuya calidad y eficiencia son responsables directos de la calidad final de la imagen. Ahora que existe la posibilidad de poder alcanzar una unión entre dispositivos lo más fiel posible, el uso de la alternativa analógica es simplemente una solución temporal y que rebaja la relación calidad/precio del conjunto.

La 1.3 también permitirá diseñar y comercializar todo un séquito de previos y receptores de A/V compatibles con los nuevos formatos de audio multicanal sin comprimir, como son el Dolby TrueHD y DTS-HD.